
Insólito robo en la Biblioteca Nacional
Fue detenido un supuesto investigador que arrancaba hojas de textos guardados en la Sala del Tesoro
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El director de la Biblioteca Nacional, Horacio Salas, dispuso cerrar al público la llamada Sala del Tesoro, donde se guardan los libros más antiguos y valiosos, al descubrirse un flagrante robo de mapas, arrancados sin piedad de los textos.
También ordenó cerrar la mapoteca, donde un primer arqueo realizado reveló la ausencia de 120 mapas de libros de los siglos XVII y XVIII.
El hecho que destapó la cuestión ocurrió el miércoles último, a media mañana. Una investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) trabajaba en una mesa de la Sala del Tesoro cuando escuchó el ruido de hojas cortadas. Advirtió que, en la misma mesa, un señor, que se declaró "investigador privado", cortaba un mapa plegado y se quedaba con él en la mano.
La investigadora dio aviso inmediato a funcionarios de la Biblioteca.
Al acercarse una encargada de la Sala del Tesoro, el susodicho alegó que las hojas estaban sueltas y que procedía a ponerlas al final del libro. Pero era claramente visible que ello no era así, porque los ejemplares que tenía en su poder estaban en excelente estado de conservación a pesar de su antigüedad.
Se trataba de dos volúmenes de "Il gazzettiere americano" y "Theatrum orbis terrarum", obras que el señor Luis Alberto Videla -tal el nombre del "investigador privado"- había solicitado a las 9.30 de ese día.
Cuando se le pidió que mostrara el contenido de una carpeta, se encontraron tres mapas cortados de los mismos libros. De la Biblioteca se llamó a la policía que, en presencia de testigos, secuestró los mapas hallados y otros cuatro que el visitante tenía ocultos debajo de su suéter.
Allanamiento
Videla fue detenido y llevado a la comisaría 19a., pero al día siguiente salió en libertad. En la causa abierta entiende el juez federal Jorge Ballestero. En el allanamiento realizado en la casa del detenido se encontraron 18 grabados, que corresponde verificar si pertenecían o no a la Biblioteca Nacional.
Videla concurría diariamente a la Sala del Tesoro. Rastreando en los libros que había pedido para consultar se encontraron otros faltantes de hojas arrancadas. Este redactor de LA NACION pudo advertir en el "Nuevo Atlas del Reyno de Inglaterra", editado en Amsterdam en 1648, la ausencia de determinadas hojas, prolijamente cortadas. Por ejemplo, de la página 134 se salta a la 137 y el corte es notorio.
La punta del iceberg
"Esta es la punta del iceberg. Atrás debe de haber una mafia y un mercado", comentó el escritor Santiago Sylvester, asesor de la dirección de la Biblioteca.
"Esto es mucho más que el robo de un señor aislado. Es un saqueo sistemático del patrimonio. Es un problema de carencia de seguridad", afirmó Salas, que no lleva todavía dos semanas al frente del organismo. Especificó que para la seguridad de un edificio de 40.000 m2 no se cuenta más que con 14 personas, divididas en tres turnos.
En otros países cada libro tiene una alarma que suena si se lo quiere sacar del edificio. Aun así, se dan casos de depredación. Aquí faltan alarmas, cámaras de televisión, sistemas de vigilancia.
Salas se hizo eco del pedido de auxilio formulado por su predecesor, Silvio Maresca, ante la carencia de un catálogo general hecho por personal especializado, ante la dramática falta de recursos.
Salas señaló que cuando dirigía la Biblioteca José María Castiñeira de Dios y se contaba con un presupuesto anual de 12 millones de pesos, se le prometió aumentar un 15% los fondos cada año. Por el contrario, ahora el presupuesto no llega a la mitad de aquella cifra.
"Todo forma parte de un desdén por la cultura. Cada vez que hay que hacer un recorte al presupuesto, se empieza por Cultura. En España, el Instituto del Libro es tan importante como para tener jerarquía de ministerio".
"Estamos angustiados", dijo Jorge Lecour, bibliotecario de carrera y documentalista, con estudios de historia y de letras, que hace diez años trabaja en la Biblioteca y que tuvo muchas satisfacciones al abrir pistas a las búsquedas que realizan investigadores del extranjero. En la coqueta Sala del Tesoro, con elegantes mesas y escritorios de madera, antiguos directores de la Biblioteca, como Paul Groussac, Gustavo Martínez Zuviría y Jorge Luis Borges, desde sus retratos, parecían compartir la preocupación.
Entre los libros despojados de mapas figuran "Le Petit Atlas Maritime", impreso en 1764; el "Atlas Universel", editado en Venecia, en 1784, y el "Atlas du Voyage de la Pérouse", publicado en París en 1797.
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