
José Antonio Berni: “A mi padre lo obsesionaba la miseria”
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Se llama igual que su padre, José Antonio Berni, y a sus 62 años es uno de sus más fanáticos seguidores. Lo recuerda como un hombre inquieto y preocupado por las cuestiones sociales y como un trabajador incansable. Está admirado y agradecido por la labor de los curadores de la muestra sobre Juanito y Ramona en el Malba, Marcelo Pacheco y Mari Carmen Ramírez. Dos días antes de su inauguración dialogó con LA NACION.
–Su padre fue un artista prolífico.
–Sí, pintar era para él una especie de pulsión. A diferencia de los que se encuentran frente al drama de la tela en blanco, para él el drama era no tener dónde pintar. Todos los días hacía algo.
–¿Percibe que los Juanitos y Ramonas pintados por su padre son personajes actuales?
–Noto una ruptura entre el Juanito que él ve y del que dijo que era "un chico pobre, pero no un pobre chico" y los Juanitos que hoy son pobres chicos porque están encerrados en el desempleo, la droga y la violencia. Mi padre fue a un mundo marginal donde todavía quedaba lugar para el sueño; un chico mirando a los astronautas, por ejemplo. Y eso no es la degradación que ocurrió después. Y Ramona, a pesar de todos sus avatares de la prostitución y demás, es dueña de su destino. No sé si hoy las mujeres que están en la trata de blancas pueden ser dueñas de su destino. En cambio, Ramona podía elegir.
–¿La denuncia del empobrecimiento de la población argentina fue premonitoria en su obra?
–Él estaba extremadamente preocupado por todo lo que fuera miseria, injusticia. Aunque tenía una postura socialista, no hizo política. Lo movía una especie de obsesión por la miseria.
–¿Por qué le preocupaba tanto?
–Habría que habérselo preguntado a él y hubiese dado una respuesta social. A pesar de ello hay una parte de su obra que es puramente placentera y que atraviesa esa descripción de las dificultades de la vida y las situaciones de pobreza y opresión. Hay un placer de vivir que aparece aún en medio de la miseria. El encuentro entre esas dos cosas hace que su obra sea particular. No sólo lo terrible y lamentable, sino también otros espacios de belleza, que son los que permiten recuperarse, ponerse de pie, a los hombres que están en medio de esas situaciones dramáticas.
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