
Jóvenes de Schoenstatt cruzan a pie la cordillera de los Andes
Caminarán 400 kilómetros en homenaje a la Virgen María
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MENDOZA.- La devoción por la Virgen María les hizo olvidar el intenso calor, el esfuerzo de las pendientes y las comodidades del hogar que debieron resignar. Los 120 jóvenes argentinos, chilenos, paraguayos y españoles del Movimiento de Schoenstatt que ayer iniciaron el cruce de la Cordillera a pie están decididos a ofrendar el esfuerzo físico y las privaciones como testimonio de fe.
Los participantes de la tercera edición de la Cruzada por María se proponen caminar con alegría de cristianos los 400 kilómetros que separan el santuario de Schoenstatt de Mendoza, de donde partieron, del de Bella Vista, en Santiago, Chile.
Lo harán durante dos semanas a razón de 27 kilómetros diarios con paradas en variados lugares. Pasarán la noche debajo de un puente, como sucedió anoche en el paraje arroyo Las Avispas de Luján de Cuyo, en guarniciones militares, campings y refugios que encuentren a su paso.
Todos saben que serán quince días extenuantes, pero también una oportunidad de oración, silencio y encuentro con Dios. Tienen, además, una ocasión de intercambio de vivencias con jóvenes de otros países.
"Tarde o temprano cada uno de los chicos tendrá que preguntarse ¿por qué estoy aquí? y es ahí cuando viene un proceso profundo que lo lleva a plantearse: si estoy dispuesto a hacer esto por mi fe, ¿cuánto más puedo hacer en el día a día?" La afirmación es del padre Claudio Martínez, del templo de Schoenstatt de Viña del Mar, que dijo a LA NACION: "Estamos aquí por María y esto no es sólo un deporte, sino también un retiro espiritual itinerante".
Levantarse a las 4
El plan de marcha entre las montañas es para los peregrinos un rotundo cambio de la rutina en sus hogares. Se acuestan muy temprano y se levantan a las 4 de la mañana para iniciar la marcha a las 5. Caminan 7 horas diarias y descansan a partir de la siesta para evitar el agotamiento excesivo que causan las elevadas temperaturas del verano mendocino. Todos los días celebrarán misa de campaña.
El menú representa una exigencia desconocida para muchos. Ayer almorzaron un huevo duro, un tomate, un bollo de pan y una naranja.
El seminarista español Lorenzo Lutjens dijo: "Nos preguntamos por qué seguimos caminando; es similar a lo que nos sucede en la vida de fe".
Esteban Cabrera, de 25 años, integra la Juventud de Schoenstatt de La Plata y vino con sus amigos Nicolás y Facundo. Dijo que para sumarse a la travesía "necesitamos un poco de espíritu de aventura y en los momentos más difíciles ofrecemos a la Virgen el no doy más; también ponemos este esfuerzo por las intenciones personales y familiares".
Con sus 17 años, el paraguayo Federico Cosp es uno de los más jóvenes del grupo. Se ilusiona con el gran momento de llegar al Cristo Redentor para rezar por su familia, por su país y por el mundo. Reconoce que "la marcha es realmente matadora, pero vale la pena dejar las comodidades para ofrecer el esfuerzo a la Virgen".
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