
Juan Pablo II presidió el Vía Crucis en el Coliseo
La ceremonia se realizó en medio de un fuerte operativo de seguridad por el temor a posibles ataques terroristas; en la celebración de la pasión se condenó la violencia que azota el mundo
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ROMA.- El Papa Juan Pablo II presidió el tradicional Via Crucis nocturno del Viernes Santo alrededor del Coliseo de Roma marcado por las excepcionales medidas de seguridad decididas ante el temor de atentados.
El anciano papa, que cumplirá 84 años en mayo y que desde hace un año se mueve sobre una suerte de trono con ruedas por la enfermedad de Parkinson, llegó en automóvil hacia las 21 (hora local) al Coliseo, el célebre monumento romano, patrullado en forma discreta por agentes italianos.
Excepcionales medidas de seguridad fueron dispuestas por las autoridades italianas ante el temor de que Roma sea blanco de acciones terroristas y la mayoría de los asistentes fueron controlados con detectores de metales.
Las medidas de seguridad fueron reforzadas durante toda la Semana Santa, debido a que los ritos religiosos atraen a miles de turistas de todo el mundo a la capital italiana para participar en las celebraciones litúrgicas oficiadas por el Papa Juan Pablo II.
Según cifras del viceministro del Interior italiano, Alfredo Mantovano, 19.000 agentes y 4000 militares garantizarán la seguridad de toda la península durante los próximos tres días.
Condena a la violencia
Horas antes, Juan Pablo II había presidido en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Pasión del Señor, durante la cual el predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, dijo que hay que romper el frenesí de muertes y cadena de venganzas que tienen al mundo sin respiración.
El franciscano Cantalamessa condenó con firmeza la violencia que azota el mundo y abogó para que los hombres luchen por la justicia sin echar mano a la violencia.
El predicador de la Casa Pontificia reiteró que no se puede justificar la violencia en nombre del progreso y tampoco la violencia en nombre de Dios.
Agregó que es necesario convertir esos corazones "endurecidos" y mostró su pesar por el hecho de que la violencia no sólo angustia al hombre con las guerras, sino que ha invadido campos que tenían que ser "remedios" contra la violencia, como el deporte y la vida familiar.
Durante la celebración de los Oficios del Viernes Santo también se pidió por la "verdadera" paz y libertad en el mundo, por la salud de Juan Pablo II y para que los emigrantes y desterrados puedan regresar a sus hogares.
A la celebración de la Pasión del Señor asistieron varios miles de personas, que tuvieron que pasar en una tarde lluviosa y desapacible por detectores de metales para poder acceder a la plaza de San Pedro y a la basílica vaticana.
La Pasión del Señor fue presidida por Juan Pablo II, que desafió su delicado estado de salud y se mantuvo arrodillado en oración durante varios momentos de la solemne ceremonia.
El anciano Pontífice que se ve obligado a desplazarse en un sillón especial de ruedas no dudó en arrodillarse al principio de la celebración y durante el momento de la adoración de la Cruz.
El cardenal Joseph Ratzinger celebró la ceremonia, ayudado por el cardenal español Julián Herranz y el italiano Mario Francesco Pompedda.
La Liturgia del Viernes Santo es la única del año en la que no hay consagración, pero sí comunión. Durante la celebración se leyeron todos los pasos del Evangelio, que van desde el arresto de Jesús hasta su muerte crucificado y su entierro en el Sepulcro.
Juan Pablo II, que presentaba buen aspecto, se sentó frente al altar mayor del templo. No pronunció homilía y, como los varios miles de personas que llenaron la basílica vaticana, pidió por la paz en el mundo y escuchó con gran atención la narración que hizo de la pasión el predicador de la Casa Pontificia.
Las plegarias se hicieron en diez idiomas, entre ellos español, portugués y árabe.
Fuente: AFP y EFE
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