
Juan XXIII fue trasladado a la basílica de San Pedro
El cuerpo incorrupto podrá ser contemplado en una urna de cristal
1 minuto de lectura'
ROMA.- Ayer, por primera vez en años, el anciano papa polaco no fue el gran protagonista de la Plaza de San Pedro. El que se llevó toda la atención fue uno de sus predecesores más admirados y queridos: Juan XXIII, el "papa bueno".
A 38 años de su muerte -el 3 de junio de 1963-, el cuerpo incorrupto de Angelo Giuseppe Roncalli, el papa que convocó al revolucionario Concilio Vaticano II, vio otra vez el sol, y en una suerte de fiesta volvió a estar entre su gente, que llenó la Plaza de San Pedro para asistir al traslado de sus despojos. Desde siempre enterrado en las grutas vaticanas, cerca de la tumba de San Pedro, Juan XXIII fue "mudado" a la basílica vaticana, para que pueda ser más fácilmente homenajeado por los fieles, bajo el altar de San Jerónimo. Este sitio, donde desde hoy podrá verse claramente en una urna de cristal, está ubicado al final de la nave central, cerca de la estatua de San Pedro, una de las áreas más visitadas de la basílica.
Al convertirlo en el tercer pontífice después de Pío X e Inocencio XI que puede ser visto en la imponente iglesia -donde también se celebró el Concilio Vaticano II-, Juan Pablo II quiso honrar especialmente a su predecesor, a quien ya había proclamado beato en septiembre último y que por su bondad y carisma siempre atrajo a miles de peregrinos al Vaticano.
Colocado en una urna de cristal transparente antibala que pesa 450 kilos, los 40.000 fieles que asistieron a la inusual ceremonia pudieron ver claramente a un Juan XXIII intacto, vestido con la habitual sotana blanca de los pontífices, y un rostro un tanto impresionante e innatural, ya que está recubierto por una máscara de protección de cera. La buena -e impactante- conservación del cadáver del "papa bueno", cuyo rostro sigue intacto pese a no haber sido jamás embalsamado, se debe a la habilidad de un médico, Gennaro Goglia, que le inyectó diez litros de un líquido por él inventado.
La celebración comenzó en una mañana fresca y soleada, cuando la urna de cristal, colocada sobre un carrito con ruedas empujado por 16 personas, hizo su entrada triunfal en la Plaza de San Pedro. El silencio de la multitud fue roto por aplausos.
La procesión culminó en el altar mayor, donde el Papa celebró la misa de Pentecostés. En su homilía, el Santo Padre agradeció a Juan XXIII haber convocado al Concilio Vaticano II: "Esa brisa ligera se transformó en un viento gallardo y el evento conciliar tomó la forma de una renovada Pentecostés", dijo, al destacar la "continuidad" de ese concilio con el Jubileo del Año 2000. Subrayó que "el don más precioso dejado al pueblo de Dios" por el beato "es él mismo, es decir, su testimonio de santidad".
"Era único, un verdadero santo", coincidían los presentes, en su mayoría gente anciana, pero también adultos, familias con hijos, jóvenes. "Yo me curé gracias al papa bueno", contó a La Nación Marcella, una señora de 63 años que viajó desde Como, cerca de Milán. "Tenía una enfermedad muy grave, le recé y él me escuchó", agregó, al detallar que hace 38 años también estuvo entre la multitud en los masivos funerales en el Vaticano. "Era el papa de los humildes, de los simples; nunca me voy a olvidar cuando por radio invitó a los adultos a darles una caricia a los niños, para transmitirles la caricia del papa", señaló Antonio, un romano de 46 años. Entre los asistentes "famosos" estaba la hermana Caterina Capitani, la monja "miracolata", curada inexplicablemente de una gravísima enfermedad gracias a la intercesión de Juan XXIII, y que no ocultó su emoción.
1
2Los padres terribles: historias reales sobre vínculos rotos
3A 75 años de “La Colmena”: censurado por inmoral y pornográfico, se filtró “gota a gota” y consagró al polémico Nobel Camilo José Cela
- 4
Tras una década de silencio, una maratón global y otros eventos celebran a Umberto Eco, “un intelectual que hacía opinión”


