La Academia Argentina de Letras cumple 70 años
Por María Esther Vázquez
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"Tenía el convencimiento, y sigo teniéndolo, de que el escritor argentino es un paria entre nosotros", escribió Manuel Gálvez en el tercer tomo de sus Recuerdos de la vida literaria donde señala que en el invierno de 1931 se propuso al entonces ministro de Instrucción Pública la fundación de la Academia Argentina de Letras "no para fomentar la pedantería sino para dignificar al escritor". En el proyecto se expresaba que cada género literario, desde la poesía a la oratoria, estaría representado por un académico y que la Academia "prepararía un diccionario del español que se habla en la Argentina e intervendría en cuanto se relacionase con el idioma". El ministro preguntó: "¿No me costará demasiado caro?" Pero las cuentas debieron de salirle bien porque el 13 de agosto de 1931 se firmó el acta de constitución. La Academia Argentina de Letras, cuya primera sesión se realizó en la Biblioteca Nacional, cumple setenta años y por primera vez, la preside una mujer, la doctora Ofelia Kovacci, lingüista por elección y música por vocación. Ella, cuando le pregunto en qué ha cambiado la Academia a lo largo de ese tiempo, contesta: -Siempre ha trabajado mucho en su materia; es una de las que más trabaja, pese a no ser la más antigua en América. Desde el comienzo su labor se centró en el habla de los argentinos junto con la Real Academia Española para incorporar a sus diccionarios nuestras peculiaridades. En los últimos años se incrementó ese trabajo conjunto al imponerse el concepto de panhispanismo, el cual reconoce que la mayor parte de los hablantes está en América, no en España.
- A la Academia Española la protege mucho el rey.
-Y el gobierno civil y fundaciones y bancos. Acá sólo tenemos un subsidio del Estado que, en épocas malas, disminuye. Con ese presupuesto no se pueden hacer milagros.
- Sin embargo, la Real Academia Española reconoce los méritos de la Argentina porque ha incorporado a sus miembros como correspondientes.
-Sí, antes sólo era asociada. Hoy, la Real Academia, además de su diccionario clásico, tiene uno de americanismos y otro de dudas idiomáticas en marcha, y en junio pasado nos hemos reunido, en Buenos Aires, con el director de la Real Academia y otros académicos americanos para estudiar una serie de artículos. Por otra parte, el diccionario de dudas tuvo su origen en un fascículo nuestro, "Dudas idiomáticas frecuentes", que regalamos en la Feria del libro y en las escuelas. Este fascículo lo utiliza la Real Academia en su página de internet para contestar al público. Dudas que, acá, contestamos a diario por teléfono.
- ¿Cuántos llamados tienen por año?
-Más de diez mil.
- ¿Qué tipo de personas quieren aclarar sus dudas?
-De todo tipo, maestros, estudiantes, periodistas y público.
- ¿Y cómo se llama el idioma que usamos los argentinos?
-Castellano o español. En otras épocas, en algunos de nuestros países se denominó idioma nacional, pero eso ya se acabó. Volviendo a las dudas; a veces, suele haber preguntas que requieren una pequeña investigación. La mayoría se refiere a nombres de personas. Hasta hace unos años el Registro Civil tenía un listado y no admitía ninguno que no figurara allí; entonces los interesados se dirigían a la Academia para que aclarara si el nombre existía en algún idioma.
- Estamos hablando del idioma, pero la Academia también es de Letras.
-Sí, claro. Periódicamente, los académicos ofrecen comunicaciones que se publican en el boletín y los actos públicos se dedican a escritores. Tuvimos, semanas atrás, el homenaje a Leonidas de Vedia, donde habló Jorge Cruz, y pronto habrá otro dedicado a Miguel Cané. También los académicos pueden publicar ensayos; hace poco aparecieron una biografía de Ricardo Rojas, por Horacio Castillo, y unos estudios sobre Sarmiento de Oscar Tacca.
- ¿Ustedes se reúnen dos veces por mes?
-Para las sesiones ordinarias, sí, luego están las públicas, dedicadas a un solo tema: los homenajes o los discursos de recepción de los académicos. También cumplimos una labor federalista porque, invitados por los gobiernos de las provincias, vamos al interior donde ofrecemos una sesión ordinaria pero pública; se hace en un teatro y se invita a un escritor del lugar a hablar de un tema o de un autor de esa provincia. Se termina la sesión trabajando sobre las palabras que se van a incorporar al registro de vocablos argentinos. Esta parte la prepara el Departamento de Investigaciones Filológicas con comentarios de los académicos.
- Creo que existe la intención de sacar un diccionario de argentinismos.
-Sí. Ya tenemos varias ediciones del llamado Registro del habla de los argentinos , que abarca el léxico de todas las regiones del país dentro de las posibilidades de acceso. Tratamos de aumentar y de mejorar la presentación de datos y el año próximo saldrá, por Emecé, el Diccionario del habla de los argentinos .
- El proyecto de hacer una historia de la literatura argentina, ¿en qué quedó?
-Ese proyecto, del académico Horacio Armani, tuvo excelente acogida; se armó muy bien, se pensaron los especialistas que iban a participar y se interesó a una importante y poderosa editorial, que pareció muy entusiasta. Eso fue a mediados del 2000, pero al poco tiempo la editorial nos comunicó que no estaba en condiciones económicas de editar la obra.
- ¿La biblioteca es de acceso restringido?
-Se prefiere recibir a investigadores, profesores, estudiantes avanzados, pero también se abre a quienes necesitan hacer una consulta especializada. Hay colecciones realmente valiosas y libros importantes; algunos van a estar en la exposición de la Biblioteca Nacional a partir de mañana, junto con otros documentos y fotografías. Esta exposición es parte de los actos que celebrarán los setenta años. Mañana a las 13 horas se oficiará una misa en Nuestra Señora de la Merced por los académicos fallecidos; a la tarde se inaugurará esa exposición y luego habrá un acto público al que se invitó a todas las Academias Nacionales y hablará el presidente de la Academia de Derecho. Hemos invitado al presidente de la Nación.
- ¿Con cuánto personal cuenta la Academia?
-Veinticinco personas. Cuatro o cinco atienden la biblioteca, totalmente informatizada; en el Departamento de Investigaciones Filológicas hay dos, constantemente pegadas al teléfono, el resto se ocupa de buscar los antecedentes de las palabras e incorporarlas al diccionario; una tarea de hormiga.
- Tienen una secretaria de lujo.
-Ah, la señora Leonor Etchepare es una maravilla. Pero, hasta el último empleado siente a la institución como su casa y eso da fuerzas para seguir adelante en épocas de adversidad económica.




