
La Argentina, con ojos extranjeros
Intelectuales y escritores dicen qué evoca para ellos la mención de nuestro país, y arman un retrato que nos cuestiona
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"Argentina. Pienso en el psicoanálisis. Pienso en taxistas que son también poetas. Pienso en las desdichas políticas. Pienso en periodistas que han leído a Lacan. Pienso en flores fragantes y carne excelente, y un maravilloso pequeño teatro donde los actores también tienen otros trabajos, y en las acuarelas de Xul Solar que hechizan desde el Malba."
Unos años atrás, Paul Auster y su mujer, la escritora Siri Hustvedt, visitaron la Argentina. ¿Qué es lo que inmediatamente les viene a la mente cuando hoy alguien les menciona nuestro país? Ella lo resume con el párrafo anterior.
Por el contrario, para el filósofo español Fernando Savater ("como buen burrero", aclaró), "la palabra Argentina es ante todo Palermo, San Isidro, Carlos Pellegrini, Leguizamo... y Por una cabeza ".
No está solo. "Me gustó ir al hipódromo en Buenos Aires y ver a toda esa gente rica que tuvo niñeras inglesas. ¿Se puede creer? Tengo amigos allí y me gustaría volver", dijo a LA NACION Doris Lessing, ganadora en 2007 del Nobel de Literatura. Y agregó que también recuerda, ante la palabra Argentina, las noches de cielo estrellado en las provincias del Norte, que la hacían volver a las de su infancia en Zimbabwe.
¿Cuáles son los esterotipos o impresiones inmediatas que intelectuales reconocidos de distintas partes del mundo asocian con nuestro país? LA NACION consultó a algunos que conocen bien a la Argentina, y a otros que jamás la han pisado. La conclusión es que, para ellos, no todo se reduce a Borges, aunque sea de rigor en cada entrevista nombrarlo y aunque, sorprendentemente, tenga también sus críticos, y que las visitas a nuestro suelo suelen cambiar la perspectiva que se tiene antes de conocerlo.
Reacción espontánea
A menudo, ni siquiera hace falta preguntar qué es lo que un académico o escritor piensa sobre la Argentina. Al presentarse esta cronista antes de hacer cada entrevista, luego de decir dónde saldrá publicada la nota, suele haber una reacción espontánea ante la mención de nuestro país, muchas veces vinculado con las propias historias de vida o intereses de los intelectuales consultados.
Así, para Don DeLillo, por ejemplo, la reacción siempre son preguntas sobre la inmigración italiana en la Argentina. Para Philip Roth, sobre los judíos en la Argentina, en particular los que llegaron a las colonias agrarias antes del siglo XX.
No todas las imágenes son positivas, claro. Hay quienes mencionan nuestro placer por lograr el triunfo haciendo lo indebido, o se preguntan por las causas de nuestras recurrentes crisis políticas durante el siglo XX. Pero la primera reacción, sobre todo entre las eminencias octogenarias, ante la palabra Argentina, suele ser: "Un país que me encantaría visitar, si no estuviera tan lejos y yo, tan viejo ".
En cambio, de entre los intelectuales que sí llegaron a viajar al país, más allá de su edad o país de origen, una sorpresa compartida fue la cantidad de veces que se les preguntó cómo nos veían de afuera. El politicólogo y escritor francés Guy Sorman explicó de manera muy simple esta obsesión de los argentinos por lo que opinan los demás de nosotros (¡y de la cual quizás esta misma nota sea evidencia!): "Todo el mundo quiere ser amado; pero los argentinos, un poquito más que lo usual, incluso, que los franceses".
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