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La relación de Valentina Liff con la guitarra comenzó luego de una pérdida fundamental para la existencia de cualquier ser humano. Algo se iba y una cosa nueva aparecía de pronto como si fueran elementos complementarios dentro de un nuevo recorrido que comenzaba. En 2004, Gabriela Liffschitz, la madre de Valentina, falleció de cáncer. Y si bien su muerte era anunciada, hablaron de eso muchas veces y Valentina estaba, de alguna forma, preparada para lo que iba a pasar, cuando finalmente sucedió, no entendió nada. Su vida cambió por completo. Ahora mismo lo cuenta: "Yo tenía 11 años y tuve que crecer muy rápido, había perdido mi mayor sostén. Quedé a cargo de mi viejo, Guillermo, quien a los pocos meses me regaló mi primera guitarra. No sé si me hubiese sentado alguna vez a componer si no hubiera tenido esa guitarra. En cuanto la agarré, empecé a usarla". Así, en una suerte de reencarnación, surgió la compositora.

Empezó a escribir letras y a ponerles melodías: "Buscaba notas que las acompañaran porque nunca fui muy buena con el instrumento. Pero escribir me servía para canalizar lo que me pasaba. Desde la angustia hasta algo que recordaba. Al ser hija de escritores y habiendo tenido una infancia repleta de libros, la literatura la tenía muy asimilada", recuerda. Llenaba un cuaderno atrás de otro, que mantuvo en secreto durante mucho tiempo porque estaban repletos de emociones que necesitaba sacar por algún lado.
"Si digo lo que pienso te voy a lastimar", canta Valentina en "Mal humor" y en esa canción nos tira ciertos anzuelos para descubrir su universo: experiencia emotiva, pero con una fibra totalmente guerrera. Se trata de un magma ardiente, por más que las toque en formato acústico, latiendo en sus canciones. Ella lo explica así: "Me gusta intimidar. Llegar a ese lugar en el que no necesariamente quieren que llegue y tocar ese nervio que despierta algo. Mi arte no está diseñado para gustar".
Admiradora de Amy Winehouse, la voz de Valentina Liff suena experimentada y cargada de sentido a pesar de su juventud. Eso demuestra la intensidad con la que vive las cosas que le suceden: "Me inspira la experiencia y de eso tratan mis canciones. En todas estoy relatando algo que me pasó. No tengo canciones que hablen del amor, del miedo, de la angustia, sino canciones que fueron inspiradas por experiencias en las que sentí esas emociones". Tras una gira por Uruguay, la artista está embarcada en un nuevo proyecto: Valentina Liff y El Experimento. Se la escucha entusiasmada. "La forma en que se armó la banda fue muy orgánica. Esa unión espontánea y magnética que nos llevó al mismo lado es la que nos impulsa a expandirnos y querer llegar a los oídos de todas las personas". Mientras toca casi todos los fines de semana y graba su primer disco proyecta su destino: "Quiero dedicarme a la música el resto de mi vida".
MINIBIO
Valentina Liffschitz nació en 1992, en Buenos Aires. Vive en Boedo. Tiene tres gatas; comería palta todos los días de su vida. Compone desde los 16 años. Colaboró con Javi Boggio en el EP Cigarrillos después de comer. Su proyecto actual se llama Valentina Liff y El Experimento y lo integra con Mati Martyn y Johnny Cofone. Toca casi todos los fines de semana en bares y reductos under de la Capital Federal.

Artistas
Amy Winehouse
Adrianne Lenker
Aurora
LP
Canciones
"Barro tal vez", de Luis Alberto Spinetta
"Feeling Good", de Nina Simone
"Ocean", de John Butler
"La ley innata", Extremoduro
Escenarios
Código Montesco
The Brothers
La Dama de Bollini
Vuela el Pez
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