
La crisis del estilo modernista
Hace medio siglo la pintura mostraba su rechazo al formalismo y su hostilidad hacia los límites
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Moderno, modernidad y modernismo son términos que se utilizan de manera reiterada en contextos diversos. En la crítica de los Salones de París y en otros escritos de Charles Baudelaire, hacia mediados del siglo XIX, el arte, la actualidad y la modernidad ya se entremezclaban de continuo. Luego, durante décadas, el gesto moderno principal fue la ruptura innovadora. Al promediar el siglo XX, en Estados Unidos, comenzó a hablarse del modernismo formalista, como teoría y práctica de las artes plásticas.
El concepto adquirió una repercusión muy particular con los textos de Clement Greenberg, el crítico más influyente durante décadas. Su famoso ensayo Modernist Painting asignaba al arte un papel autocrítico y reflexivo por el que cada género (en este caso la pintura) debía alcanzar la autonomía a través de la exploración de sus propios límites: el carácter plano del soporte, el triunfo absoluto de la forma y la negación a atribuirle otra significación que no fuera estética.
El mayor acierto de la pintura, desde el siglo XIX, consistía en haber convertido sus limitaciones formales en rasgos positivos. Edouard Manet fue quien inició la saga progresiva del modernismo con su famosa tela Le déjeuner sur l herbe, en 1863. Sus obras, dice el crítico, "se pueden considerar por su ´planitud , obras modernas".
Desde Giotto hasta Gustave Courbet (del siglo XIV al XIX), escribió Greenberg, la tarea de la pintura había sido producir una ilusión de espacio tridimensional en una superficie plana. Era como mirar a través del proscenio de un escenario. El modernismo del siglo XX disminuyó tanto la profundidad que el telón de fondo es "único soporte sobre el que hoy puede trabajar el pintor". En esta vía, iniciada por el Cubismo sintético y por Henri Matisse, se alinean, desde la década de los cincuenta, Jackson Pollock, Helen Frankenthaler y otros. Por su parte, Morris Louis y Kenneth Noland, siguiendo los consejos de Greenberg, continuaron de manera sistemática la progresiva "orientación a la planitud".
Pero otro sector de la vanguardia norteamericana, hacia la misma época, proponía, contra la pureza y coherencia modernista, la "corrupción de los medios". Rosalind Krauss, una discípula de Greenberg que renunció a la idea del estilo modernista de su maestro, hablaba de un arte prefigurado por la "libertad personal [y por] las múltiples opciones abiertas a la elección del gusto de cada individuo. Una noción antes cercenada por la idea restrictiva del estilo histórico".
El principal representante de esta "libertad personal" es, sin dudas, Robert Raushenberg, quien creó, entre 1953 y 1962, sus combine paintings (pinturas combinadas). En estas obras, alejadas de cualquier pureza estilística o material, se mezclan fondos pictóricos expresionistas con toda clase de deshechos de la sociedad contemporánea: sillas, ruedas, ventiladores, partes de automóviles. El primero de los combine, y el más famoso, es Cama (1955), compuesto por una cama de verdad, con sábanas, almohada y manta de patchwork, manchada con grandes pinceladas de irónico estilo expresionista.
En 1953, Rauschenberg realizó una obra desligada de cualquier concepto próximo al llamado "modernismo," a la que tituló Dibujo borrado de De Kooning . Para este trabajo tomó un dibujo de su colega Willem De Kooning, hecho con lápiz y tinta, y lo borró. Necesitó cuarenta gomas y todo un mes para finalizar la operación, que expuso como una obra propia (una no-imagen monocroma). De esta manera provocaba al espectador, obligándolo a renunciar a la tradicional experiencia estética perceptiva, para inducirlo a aceptar la negación del arte. Era notorio el influjo de la poética de Marcel Duchamp y de las teorías del compositor experimental John Cage, su mentor en el Black Mountain College de North Carolina
Con la obra de Rauschenberg comienza el proceso de deconstrucción del estilo modernista defendido por Greenberg. Ya no existía un estilo compartido como el pop art, el minimalismo y el arte conceptual. Según Arthur Danto, se había iniciado una época de "profundo pluralismo" y de marcada hostilidad hacia los límites. La implosión que se produjo estaba respaldada por las teorías de Roland Barthes, Jacques Derrida, Michel Foucault y Jean Baudrillard, partícipes del movimiento posestructuralista francés.
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