
La fascinación de la incoherencia
La estrategia narrativa de la exitosa serie se replica en otras producciones. ¿Vale todo para atrapar al espectador?
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A muy pocos episodios de su final, está claro que Lost ha creado escuela. Nuevos estrenos imitan su narrativa endiablada. Otros copian su estética claustrofóbica. Sus guionistas dicen que el hecho de comenzar un guión sin saber cómo va a terminar es algo innovador. Algunos críticos creen que sólo llevó elementos de otras series al horario de máxima audiencia, permitiéndose demasiadas licencias narrativas. Lo cierto es que alcanzó la categoría de serie de culto, fenómeno en Internet y polo de influencia.
En la isla de Lost hay tantos misterios atrapantes al final de cada episodio que enumerarlos todos es imposible. La isla se mueve. Sus habitantes viajan en el tiempo. Un monstruo de humo los ataca. Una piscina cura a los moribundos. Osos polares recorren la jungla. El tiempo queda alterado para siempre. Los paralíticos recobran la movilidad. Guste o no, ha cambiado las reglas del relato televisivo. La pregunta es si este nuevo lenguaje audiovisual, que busca la sorpresa permanente, es compatible con la coherencia narrativa.
Cuando acabe, Lost se despedirá como una serie que ha dejado huella. Uno de sus creadores, J. J. Abrams, ya ha puesto en marcha Fringe , en la que una agente intenta descubrir si una serie de sucesos paranormales sigue un patrón. Esa serie sigue la estela de Lost , en una audaz combinación con Los expedientes secretos X . Algunos fans comparan Lost con FlashForward , una serie del canal AXN en la que el FBI investiga por qué la humanidad ha perdido el conocimiento durante 137 segundos, en los que cada uno ha tenido distintas visiones sobre su futuro.
Incluso hay quien advierte cierta influencia de esta serie en La isla siniestra , el último film de Martin Scorsese. Reminiscencias no faltan: personajes atrapados en una isla, flashbacks reveladores, muertos que regresan de la tumba y un protagonista con un pasado conflictivo. Para A. O. Scott, crítico cinematográfico de The New York Times , esta obra de Scorsese es "un engaño narrativo, plagado de DharmaGuffins". El término, "MacGuffin" lo acuñó Alfred Hitchcock para referirse a un "objeto o un dispositivo en un largometraje o una novela que sólo sirve para hacer avanzar la trama", según el Diccionario de Oxford. El "MacGuffin" lo es todo y no es nada. Es el cáliz de Indiana Jones, el anillo de la novela de J. R. R. Tolkien, la palabra "rosebud" en el trineo del ciudadano Kane.
Hoy en día, gracias a Lost , la arquitectura entera del relato audiovisual puede sustentarse sobre una larga sucesión de MacGuffins. Temporada tras temporada, los giros narrativos en la serie han llegado a los límites de la fantasía. La idea ya la adelantó el crítico literario Samuel Taylor Coleridge en 1817, cuando escribió: "Centraría mi obra en personas y personajes sobrenaturales, o al menos de ficción, transfiriendo sin embargo a estas sombras el suficiente interés humano y semejanza con la verdad como para lograr por un momento la voluntaria suspensión de la incredulidad que constituye la fe poética". Es decir: los lectores y espectadores creen lo que quieren creer. Por ejemplo, que existen alienígenas destructores que se crían en estómagos o que un anillo puede dominarnos a todos.
En el caso de Lost , sus fans de todo el mundo han demostrado ser muy amplios de criterio. A sus protagonistas les suceden cosas que no tienen explicación plausible ni siquiera en el universo de la serie, como que algunos personajes no envejezcan o que haya saltos al pasado. ¿Detrás de las sorpresas hay una filosofía subyacente o los guionistas sólo querían atrapar a la audiencia? En su historia de seis años, muchos telespectadores han preferido tirar la toalla a responder a esa pregunta. Según la productora ABC, de los 15 millones de telespectadores que vieron las primeras temporadas, a mediados de 2009 sólo quedaban 11 millones.
Los guionistas ya han dicho que la imagen final de Lost la tienen clara desde el principio, y se supone que ahora han puesto el GPS para llegar allí de la forma más directa posible. Mientras tanto, la confusión e incredulidad une a público e intérpretes. El más abierto a hablar de ello ha sido el actor Josh Holloway, Sawyer en la serie. En los primeros episodios, su personaje era tan insufrible para sus compañeros de desventuras que el propio actor se veía muerto muy pronto. Pero nada de eso importa en Lost . Aquí, los muertos no mueren. La realidad no es real y la ficción lo puede todo. En ese sentido, Lost comparte muchos elementos con otra serie erigida sobre un gran MacGuffin. En Twin Peaks , de David Lynch, también hay un reparto coral, un misterio por resolver, y una agobiante presencia de elementos sobrenaturales. " Twin Peaks introdujo un nuevo estándar televisivo en los años 90, de ambigüedad y complejidad narrativas", explica la profesora de estudios culturales y audiovisuales Michele Hilmes, de la Universidad de Wisconsin-Madison. En ambas series, todo comienza con algo mundano y truculento. En Lost se estrella un avión. En Twin Peaks asesinan a Laura Palmer. Lynch resuelve el problema con un giro de guión tan inesperado como fácil: un fantasma.
Según escribió el crítico de The Chicago Tribune , Eric Zorn, Twin Peaks y Lost quizá compartan un final para olvidar. Los guionistas dieron una pista sobre el posible gran final en el episodio más reciente. En él, Jacob revela que la isla es como un tapón de corcho, que impide que el infierno invada la Tierra. Para una serie con tantas pretensiones de innovación, un final así es algo demasiado fácil. "Detrás de todos esos giros y trucos de guión, de esa narrativa enrevesada, no hay nada especialmente vanguardista", opina Gary Edgerton, jefe del Departamento de Comunicación y Arte Dramático de Old Dominion University (Virginia).
En 2004, cuando la serie se estrenó, sus propios creadores habían firmado un contrato para una sola temporada. Según recordó el guionista Carlton Cuse: "No teníamos ni idea de cómo iba a ser este viaje, ni que iba a durar seis años y 120 episodios. La belleza de la serie era, pensábamos, que sólo íbamos a hacer 12 episodios y ahí acababa todo. Así que decidimos que si íbamos a caer en llamas, lo mejor sería caer en llamas espectaculares. Rompimos muchas de las normas esenciales de la narrativa de televisión, y eso es lo que triunfó entre la audiencia".
A finales de mayo, tras una larga prórroga, esas llamas se extinguirán. En esos últimos minutos no habrá fuegos artificiales que valgan. Por si acaso, los fieles seguidores de Lost deberían hacer caso a las palabras de uno de los personajes, John Locke, quien en el quinto episodio de la tercera temporada llegó a decir que "no se debería confundir el destino con la coincidencia".
© El País / GDA
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