
La historia detrás de la historia
Laurence Guéguen habla del proceso de escritura de la última novela de su esposo, Juan José Saer. Las anotaciones previas parecen remontarse a 1999. La redacción ocupó tres años y fue una lucha silenciosa contra la enfermedad
1 minuto de lectura'
Es una mujer de una belleza vital y digna. Habla con serenidad, levemente teñida de tristeza, del tiempo que pasó junto a su esposo, Juan José Saer. Laurence Guéguen y el escritor argentino se conocieron en Francia, en 1973: "Fueron treinta y dos añ os. Pasaron rápido", dice. Ella es estenógrafa en el Senado de Francia y después redacta las notas que toma. Desde el principio, los dos se propusieron ocuparse de sus respectivos asuntos y vivir vidas independientes. Ella admiraba, además de las obras de su esposo, el sentido del humor, tan peculiar del argentino. Laurence siguió de cerca el trabajo de Saer, pero no se inmiscuyó en él. Compartían los amigos, los autores que amaban, una hija y, por cierto los comentarios sobre los personajes imaginarios del novelista con los que ambos, en cierto modo, convivían. Sentada a una mesa de café, recuerda el proceso de creación de La grande
-¿Cuándo empezó Saer a escribir su última novela?
-Hace tres años. "Juani" se ponía a escribir cuando tenía todo decidido acerca de la novela. El acto de escribir era entonces casi una formalidad: poner sobre el papel (no usaba computadora en la primera versión) lo que había elaborado hasta ese momento. Tomaba muchas anotaciones antes de lanzarse al proceso de escritura. Sabía, al empezar, cuál era la primera frase de una novela y también cuál era la última. Tenía todo bien claro. La grande significó un trabajo muy intenso porque es una novela larga, casi quinientas páginas. Nunca lo vi tan comprometido con un libro. Lo tomó, desde el principio, como una pelea. Cuando se diagnosticó su enfermedad, en agosto de 2004, ya había completado la mitad de la narración. Los veranos, los dedicaba a pasar y a corregir todo lo que había producido durante el año. Y el verano de 2004 iba a hacer eso, cuando se le declaró el cáncer. En esta especie de carrera contra el mal, decidió que iba a dictar el texto para ganar tiempo. Contrató a una estudiante que le recomendó Julio Premat, el coordinador del libro que la edición Archivos le va a consagrar a Saer. Ella vino a casa todos los días durante tres meses y cuando tenía un problema para entender los manuscritos, él se lo aclaraba. Durante ese proceso, él no intervino para nada, salvo, como dije, para dictar o para descifrar lo que él mismo había escrito. "Juani" y Alberto Díaz, de Planeta, uno de sus amigos más íntimos, se habían puesto de acuerdo en una fecha para la publicación del libro y eso angustiaba a Juani. Temía no cumplir con los plazos. La ayuda de esa chica le permitió adelantar mucho el trabajo. Como sabe, el libro tiene varias jornadas, siete días en total. Debía terminar un lunes. Juani llegó a releer y a revisar hasta la jornada del sábado. El domingo pudo terminarlo, pero no corregirlo definitivamente. La narración quedó inconclusa porque Juani no llegó a escribir la jornada final. Quizá en otro momento se llegue a reconstruir algo de lo que él había planeado. Porque dejó muchos cuadernos con anotaciones que se remontan a 1999, quizá más aún.
-¿El le dio a leer el libro mientras lo escribía?
-No. Sabía de qué se trataba, él me hacía comentarios continuamente, pero no me lo dio a leer hasta que no estuvo casi terminado.
-Hay en La grande pasajes claramente autobiográficos, sobre todo acerca de la infancia.
-En esta novela se expone mucho más. El personaje principal lleva el apellido de la madre. Las otras novelas no tienen referencias a la familia tan evidentes.
-Hay un personaje siniestro y, a la vez gracioso, Mario Brando. Supongo que debe de tener varios modelos.
-Para cada personaje, para cada acontecimiento, hay varios modelos. Se habla en la novela de un movimiento de Santa Fe, el precisionismo, tomado de la vida literaria de la ciudad. Tengo la libreta de direcciones de Juani. Allí hay muchas claves. Entender lo que hay en esas páginas es complicado. Los nombres no están ordenados alfabéticamente o el nombre está en una página y el teléfono correspondiente en otra. Esa libreta puede ser muy interesante, como fuente de referencias, porque la usaba cuando viajaba a la Argentina. En las primeras páginas, hay anotaciones relacionadas con usos lingüísticos, con nuevas expresiones que le había escuchado a un taxista, por ejemplo. Además, trabajaba mucho con viejas fotos de grupo, en blanco y negro, y con recortes de diario.
-¿En la vida cotidiana, también se sentía esa presencia de Santa Fe, una constante de la obra de Saer?
-Su nostalgia era sobre todo literaria. Si tenía nostalgia en la vida cotidiana, no la manifestaba. Eso sí, siempre decía que le agradaban los paisajes de llanura, chatos como los de su niñez. Le gustaba mucho observar el campo, los pájaros y, por supuesto, la gente. Se podía pasar horas mirando la naturaleza a través de una ventana o a dos chicos que jugaban a la pelota. De esa contemplación, nacían quizá las descripciones tan exhaustivas de sus libros. A veces, anotaba lo que ocurría ante sus ojos. En la novela, Gutiérrez, uno de los personajes, acompañado por Tomatis, ve jugar a dos chicos a la pelota y esa imagen le recuerda algo del pasado. Eso, por supuesto, era algo típico de Juani. Veía algo, le traía recuerdos, y me comentaba: "Lo voy a usar en la novela".
-Un escritor, como él, tan minuciosamente descriptivo, ¿encontraba en la pintura una fuente de inspiración o de estímulo?
-Varios eran los pintores que le interesaban. Pero no uno en particular. Le impresionaban ciertos aspectos de la obra de un artista y no el conjunto de su producción. Por ejemplo, le encantaban los cielos de Tintoretto. Además, le gustaba mucho la pintura abstracta.
-En esta novela, uno tiene la impresión de que Saer se "esconde" o se "reparte" entre varios personajes a los que presta sus opiniones o su pasado.
-El jugó un poco con este tema de las identidades. La gente siempre dijo que él era Tomatis. Pero, en este libro, hay mucho de Juani en el personaje de Gutiérrez. Por ejemplo, en esa escena de los chicos que juegan a la pelota, que antes mencioné. Pero también en el hecho de que Gutiérrez vuelve a su lugar de nacimiento con una vida hecha, bien vivida, en el exterior. A él, "Juani" le prestó muchas experiencias vitales. Gutiérrez es un hombre de mucho dinero, al que le gusta tomar buenos vinos, pero que se va a una fonda a tomar un mal vino, porque esa fonda y sus propietarios tienen que ver con su vida pasada. Gutiérrez dice, en cierto momento, que le tomó toda la vida hacer de vuelta el recorrido que lo lleva a la esquina de su casa. Juani nunca perdió la esperanza, aun en el peor momento de su enfermedad, de volver una vez más a la Argentina, de hacer este viaje, que ahora yo estoy haciendo. El día anterior a su muerte, me dijo que, cuando debiera viajar al país para presentar su novela, iba a estar dispuesto y bien. La perspectiva de ese viaje lo ayudó mucho a trabajar y a sobrellevar la enfermedad. Tuvo una voluntad enorme de trabajo. Apenas se sentía un poco mejor, se ponía a escribir. Aprovechaba las treguas del dolor para trabajar. Hacia el final, quizá se imaginó que no tenía ya tiempo para proceder como siempre y se puso a escribir directamente en la computadora, algo que no había hecho jamás. Me decía, acaso para tranquilizarme, que lo hacía porque la computadora, de base rígida, podía apoyarla sobre las rodillas y eso le permitía escribir con más comodidad. Pero yo sabía que no era así. También hubiera podido hacerlo a mano con un tablero para apoyarse.
-¿El pensaba que La grande era la apuesta literaria más importante de su vida?
-En cierto sentido sí, pero no la había terminado y ya tenia otro proyecto. Quería escribir una serie de relatos, de textos cortos de ficción, relacionados con La grande. Este título, por otra parte, no fue el primero que se le ocurrió. Cambió de título durante la redacción de esta obra. Pero se decidió por La grande porque tenía muchos significados. Por un lado es su novela más extensa; por otro, hay una alusión a la Gran fuga de Beethoven, una de las composiciones preferidas de "Juani". Tenía una grabación en casa y la escuchaba a menudo. Por otra parte, muchas veces se habló del carácter polifónico de su escritura, de sus largos párrafos llenos de frases incidentales. Escuchaba música por la mañana, pero nunca mientras escribía. Tampoco leía cuando redactaba una obra porque temía que alguna influencia se filtrara en su libro. Leía a los otros durante el trabajo previo a la redacción, en el tiempo libre, mientras hacía anotaciones o preparaba una clase; apenas empezaba a escribir, dejaba de leer. Aunque no se prohibía las novelas policiales, porque no podían afectar su estilo.
-¿No veía mucha gente mientras trabajaba?
-No era un hombre mundano. Veía siempre a los mismos amigos. Incorporaba nuevas relaciones, pero se tomaba tiempo y discusiones sobre temas que le resultaban de interés y que no eran banales para "aprobar" a alguien.
-En La grande, hay un pasaje en que Gutiérrez viaja en un ómnibus de larga distancia y sigue la conversación de dos muchachos fanáticos del fútbol, vecinos de asiento. El lector advierte que Gutiérrez se siente a gusto así, a distancia. Teme, por otra parte, que los chicos vean sus reacciones frente al paisaje, o las sonrisas que les suscita lo que oye o ciertos recuerdos que lo asaltan durante el trayecto. Es un tipo de solitario amable. Seguramente quienes lo conocieron deben de ver en ese fragmento un retrato de Saer en situaciones parecidas.
-Juani contó una experiencia suya en ese pasaje. Dice en esos párrafos que esos chicos serán, con el correr de los años, médicos, cirujanos y que quizá si a él le toca terminar en un quirófano atendido por ellos, se encontrará en manos de asesinos o de ignorantes. Algo parecido le pasó una vez. Se cortó una mano y tuvieron que operarlo. El día de la operación, Argentina e Inglaterra jugaban un partido de fútbol y el cirujano al que le gustaba el fútbol le preguntó. "¿Quién va a ganar?" Juani se sintió muy intranquilo ante la idea de que, durante la operación, el médico iba a estar más interesado en el match que en la mano de su paciente.
-Hay también un evidente placer en la evocación de ciertas situaciones.
-Sí. Las escenas de verano con Nula, por ejemplo, tienen mucho del período de su niñez en que iba a pasar las vacaciones a casa de su hermana mayor, ya casada, que le llevaba más de diez años. Tenía muy buenos recuerdos de aquellos días y le encantaba evocarlos.
-¿Quedaron textos inéditos?
-Hay muchos cuadernos, pero no se sabe si esas páginas cubiertas de escritura son obras que había desechado, ejercicios, material que no quería divulgar o algo nuevo. Habrá que descifrar todo eso. Es el trabajo que queda por hacer.
1
2A 75 años de “La Colmena”: censurado por inmoral y pornográfico, se filtró “gota a gota” y consagró al polémico Nobel Camilo José Cela
3Helado Piedra Movediza: se inaugura una exposición sobre el exclusivo gusto tandilense y cucharitas gigantes
- 4
La mayor antología en español de Ray Bradbury: cohetes rutilantes, marcianos melancólicos y relatos estremecedores

