
La novela y la sociedad
EL NOVELISTA PERPLEJO Por Rafael Chirbes-(Anagrama)-200 páginas-($ 41)
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No muy conocido entre nosotros, Rafael Chirbes es un español de 54 años que ha publicado siete novelas -la última, Los viejos amigos , editada también por Anagrama- y que goza de amplio reconocimiento en su país, donde se lo considera un destacado representante de la narrativa actual.
Al margen de su calidad como novelista, la que exhibe en este libro de ensayos define a un autor singularmente talentoso, con una cultura y una lucidez reflexiva que, unidas a su brillante estilo, hacen de él un ensayista capaz de atraer al lector con sus ideas estimulantes y enriquecedoras.
En El novelista perplejo parece invitar a un debate sobre el sentido de la literatura y su dimensión pública, la novela ante la cultura audiovisual y su influencia en la formación de la sensibilidad de la época, los difíciles vínculos entre literatura y política, la utilidad o inutilidad del arte, la belleza como necesidad humana, la novela producto de la manipulación editorial, el aparente regreso de la narración objetivista y la deconstrucción posmoderna, los mecanismos y, sobre todo, las íntimas y complejas razones de la escritura.
Esos, entre otros, son temas que interesarán no sólo a quienes se dedican al oficio literario sino al lector culto en general, ya que Chirbes relaciona la obra literaria -más específicamente, la novela- con la representación y la indagación de la existencia. En ese sentido, reinvindica a los novelistas que al crear o recrear nuevos mundos y personajes, transmiten el pulso del tiempo y el temblor de la vida, frente a los que prefieren el ejercicio de la transgresión en el marco literario de la sintaxis y el vocabulario.
Munido de un sólido aparato teórico, formado en la lectura de autores como Barthes, Foucault, Bloom y Bordieu, el autor acude a prestigiosos ejemplos novelescos que van de Proust a Dostoievski, de Balzac a Galdós y a Boris Pilniak (novelista este último muerto en un campo de concentración soviético). A menudo busca también referentes de narradores españoles modernos, entre los cuales muestra su decidida preferencia por Juan Marsé, a quien admira hasta el ditirambo ("Marsé devoró a todos sus predecesores"), y por Max Aub, uno de los maestros de la literatura española en el siglo XX, cuya saga novelística El laberinto mágico , en varios tomos, juzga una de las obras capitales de la literatura de posguerra.
En algún capítulo, como "La resurrección de la carne", Chirbes se sale del orbe estrictamente literario para incursionar en la pintura contemporánea. Examina así el cuadro Retrato de George Dyer , realizado por Francis Bacon en 1968 (su reproducción ilustra la tapa del libro), y con ejemplar claridad y agudeza crítica nos enseña a mirar y comprender los valores de esta original obra pictórica. Un interesante capítulo es el que titula "Psicofonías", donde recuerda un juicio de Flaubert acerca del agotamiento de las formas artísticas. Otro capítulo, verdaderamente conmovedor, recoge una charla que dio ante alumnos de un instituto educativo de Badajoz, a quienes habló del significado trascendente de la palabra y del enriquecimiento espiritual que proporciona la literatura.
El novelista perplejo es una reflexión iluminadora sobre la función de la novela y su gravitación en la conciencia del cuerpo social, ya que como dice su autor: "Escribir es un arte ambiguo, raro, y a veces lo es hasta de un modo irritante, porque exige la soledad -se escribe en silencio, a solas-, pero no alcanza su fin si no es con los otros, con los lectores".
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