La pasión por la literatura
El viernes 20 del actual murió Eduardo Gudiño Kieffer, uno de los escritores argentinos más destacados. La fascinación que la vida, la historia y los mitos, con sus contradicciones, ejercían sobre él quedó registrada en sus narraciones sobre Buenos Aires y en la novela El príncipe de los lirios , donde recreó la civilización minoica
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Eduardo Gudiño Kieffer, muerto la semana última después de luchar durante cinco años contra el cáncer, de haber soportado con estoicismo varias cirugías y la periódica agresión de las radiaciones, era un hombre enamorado de la vida, un dionisiaco adorador de los "alimentos terrestres" -según la expresión gideana- y de los alimentos espirituales del arte. Buscó la belleza y nos la entregó, diestramente elaborada, en algunos relatos memorables. Nunca publicó versos pero sabía degustarlos. Sostenía que un poeta no tiene por qué ser narrador pero el narrador tiene que ser un poco poeta. Juicio que, de alguna forma, coincidía con una apreciación de Mallarmé que le oí a Borges en un reportaje y un día le transmití a Gudiño: "El único género es el verso. Desde el momento que el escritor cuida el ritmo de la frase, ya está versificando, y es indiferente que lo haga en páginas de versos aislados o de maciza prosa".
Su prosa, aun la más realista y coloquial, se caracteriza, en efecto, por el cuidado y la plasticidad de su elaboración. Un lenguaje literariamente eficaz y, al mismo tiempo, revelador de una fértil inventiva y amenidad. Gudiño Kieffer no creía, como muchos jóvenes, que lo más importante en literatura es transgredir y experimentar. Aspiraba a continuar la mejor tradición de la narrativa argentina que para él incluía nombres insoslayables como los de Arturo Cancela, Manuel Mujica Lainez, Marco Denevi y Manuel Puig, así como los de sus grandes amigas Beatriz Guido y María Angélica Bosco.
Lo conocí en la década del sesenta, poco después de haber publicado Para comerte mejor . Era un muchacho alto, delgado, buen mozo, de pelo ondulado y oscuro y un hoyuelo profundo en el mentón, el mismo hoyuelo de Tyrone Power y Kirk Douglas. Me impresionó por su talento y la gracia fresca, irónica, de su conversación. Podía ser profundo y frívolo, tierno y sarcástico, contundente y ambiguo, pero siempre brillante. Venía de su Santa Fe natal -había nacido en 1935 en Esperanza, la ciudad cantada por José Pedroni- dejando atrás a su familia y su título de abogado. Estaba entonces deslumbrado por Buenos Aires, por sus calles, sus librerías, sus cafés y su gente. Sobre todo por su gente.
Ese coup de foudre (la expresión es deliberada: Gudiño se dedicaba a traducir libros del francés) encontraría cauce literario no sólo en Para comerte mejor , una de las mejores novelas porteñas escritas entre nosotros, sino también en otros volúmenes de ficción como Guía de pecadores -donde trazó un animado y elocuente retrato de la picaresca urbana-, Será por eso que la quiero tanto , Carta abierta a Buenos Aires violento , Fantasmas en Buenos Aires y hasta en uno de sus libros de cuentos para niños titulado No son tan buenos tus aires . Por eso se sintió tan feliz cuando el Gobierno Autónomo de la Ciudad le confirió el año pasado el título de "Ciudadano ilustre". Jamás dejó de mencionar su origen santafecino pero, fiel y encariñado hijo adoptivo de Buenos Aires, no habría aceptado vivir en otra ciudad que no fuese ésta.
Sin embargo, dueño de una curiosidad intelectual y humana que abarcaba otros escenarios y distintas culturas, también supo imaginar historias desarrolladas en geografías lejanas. Grecia tuvo para él, en ese sentido, una poderosa atracción. En el decenio del ochenta Losada editó Kérkira, Kérkira , un relato que antes de publicarse, yo, como jurado de un concurso del Instituto Griego de Cultura había contribuido a premiar sin saber quién era el autor, ya que la obra estaba firmada con seudónimo. Kérkira es el nombre antiguo de la isla de Corfú, que Eduardo describía con minuciosidad sin haber estado nunca en el Egeo. El premio consistió, precisamente, en un viaje a Grecia, luego del cual escribió su novela acaso más ambiciosa, El príncipe de los lirios , penúltimo libro publicado (1995) y galardonado con el premio anual del Club de los XIII. El último que escribió, en plena enfermedad, aparecido hace dos años, sería Fantasmas en Buenos Aires .
Eduardo Gudiño Kieffer era un lector y escritor obsesivo. Para redactar las 590 páginas de El príncipe de los lirios debió emprender una previa tarea de investigación que le llevó largos meses. La obra se desarrolla en Creta, quince siglos antes de Cristo, y podría caracterizarse como histórico-mitológica. Gudiño se sumergió en la civilización minoica, anterior a Homero y a la cristalización de la cultura griega del Peloponeso. Lo mítico le interesaba no sólo por su sesgo fantástico sino por sus relaciones con lo psicológico y lo social. En esa magnífica recreación aparece, por otra parte, la obsesión del doble, tema de un famoso relato de Dostoievski que Gudiño trató, además, en otra novela que no fue debidamente justipreciada y es una de mis preferidas: Medias negras, peluca rubia , de 1979.
En su vasta obra, que comprende más de veinte novelas, libros de cuentos y ensayos, traducidos algunos a varios idiomas, recreó también mitos y leyendas de su terruño en un guión cinematográfico que debió filmar Rodolfo Kuhn y que luego se transformó en libro: La hora de María y el pájaro de oro .
Escritor porteño, provinciano y cosmopolita, para quien la imaginación, la observación y el rigor literario constituían los requisitos principales de su actividad, no dejó de preocuparse por la cuestión social. Fue así como, decidido a participar en el debate ciudadano, se postuló en las elecciones de 1989 como candidato a diputado por el partido Demócrata Progresista, de hondo arraigo en su provincia.
Al mismo tiempo escribía, traducía, redactaba comentarios bibliográficos para LA NACION y dictaba talleres literarios, ocupaciones que lo mantuvieron activo aún durante su enfermedad. El subsidio otorgado por haber obtenido el Primer Premio Municipal representó una ayuda inestimable, como para tantos otros valiosos escritores y artistas nuestros cuya obra raramente encuentra una compensación económica. Pero la necesidad material no era la única razón de su intensa labor. La última vez que lo visité me dijo: "Es preferible ser un neurótico activo que un neurótico pasivo. Todos estos trabajos me hacen ahorrar en psicoanalista".
Recuerdo que en aquella oportunidad me habló de sus tres hijos varones con conmovedor orgullo. Recuerdo además que me contó que en ese momento reunía datos para una novela sobre San Antonio. Estaba entonces muy enfermo pero la literatura lo ayudaba a sobrevivir. Quiero creer que la literatura también rescatará su nombre de la muerte y el olvido.
Perfil
Trayectoria: Eduardo Gudiño Kieffer nació en 1935, en Esperanza, Santa Fe. En los años 60, su novela Para comerte mejor se convirtió en best seller e hizo de él un autor celebrado en las influyentes páginas de la revista Primera Plana . Mientras sus obras se agotaban en las librerías, el autor, como figura pública, frecuentó hasta comienzos de la década del 90 los cóctels, la radio y la televisión. En los últimos doce años, hizo una vida retirada y consagrada por completo a leer, escribir y estudiar.
Obras: Guía de pecadores , Será por eso que la quiero tanto , Carta abierta a Buenos Aires violento , Medias negras, peluca rubia , Fantasmas en Buenos Aires.
Grecia: el descubrimiento de Grecia lo llevó a crear su novela más ambiciosa, El príncipe de los lirios .
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