
La Primicia de Samalea
Mientras graba con Cerati y Charly, presenta su nuevo álbum, donde el bandoneón es la voz líder, con arte de Renata Schussheim
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Por Daniel Amiano
Toca con muchos, pero no con cualquiera, y está claro que no es un baterista ortodoxo. Tanto es así, que sus discos solistas se involucran en la herencia tanguera más que en la estructura del rock. Fernando Samalea es la conjunción de sus actividades. Participa en la grabación de los próximos discos de Charly García y Gustavo Cerati (con quien además realizó la gira de Ahí vamos ), se suma a otros proyectos menos estridentes en cuanto a repercusiones y, mientras tanto, hace su música.
Y su música es Primicia , el décimo álbum en diez años de aventura solista, armado entre Buenos Aires y distintas partes del mundo, acompañado por músicos con los que comparte la alegría de componer, todo dentro de un arte concebido por Renata Schussheim.
–¿Cuándo se gestó Primicia ? ¿Cómo se grabó?
Lo imaginé a mediados de 2007. Es ese famoso instante de fantasía pura en el cual te sorprende la idea. Apareció con halo mitológico, entre sentimental y roquero.
Cuaderno y bocetos mediante (y con gran ayuda de Matías Mango) grabé teclados para ir delineando estructuras y melodías. Después, baterías acústicas y otras sonoridades no tan al alcance como campanas tubulares, timbales sinfónicos o melotrón. Y hasta un centenario órgano de tubos que nos permitieron utilizar en la Iglesia de los Misioneros Pasionistas.
El siguiente paso lo dimos con Alejandro Terán (maquillando arreglos con viola, clarinete, saxo tenor y demás) tras lo cual Tallarita sumó su trasnochada trompeta. Gustavo y Kabusacki ofrecieron elegantes guitarras, Tony Levin metió bajos vía correo desde Kingston y Paul Dourge completó otro par. A esa altura ya me sentí en las estrellas.
O sea, empecé y terminé en Buenos Aires, con un verano europeo inolvidable en medio (grabando bandoneones en Milano y otros elementos en Paris con Pájaro Canzani) que incluyó todo estímulo posible: frenetismo ciudadano, vida campestre, medievo al por mayor, bicicleteadas o cabalgatas, salidas a clubes y museos, buenos vinos, amistad entrañable, amor e incluso una inesperada visita a los Mondial Sound de Milano donde el gran Astor Piazzolla registró "Libertango" y otras maravillas durante los 70.
-Tus discos solistas tienen un hilo conductor conceptual. ¿Cuál es éste?
La primicia en sí, pero desde el sentido abstracto e inmaterial de la palabra, como "el principio de las cosas".
-Más allá de los grandes sucesos, como la última gira con Cerati, en general formás parte de proyectos más pequeños del rock y del pop. ¿Qué te lleva a estar en, digamos, los dos extremos?
La inquietud o curiosidad, más allá de lo estrictamente musical. Me gusta tanto lo consagrado y bien hecho como lo experimental e idealista off circuito…viajar durmiendo en el piso como disfrutar del jacuzzi y room service de un buen hotel. Gurdjieff decía que dentro de nosotros no habita uno sino ocho. Se ve que algo de eso hay.
Aparte, nunca fui de querer hacer solo lo mío. Lo diverso nutre, se sabe. Prefiero enriquecerme tocando con Cerati y con músicos con los que tenga afinidad. Disfruté del haber vuelto a compartir música con Charly y acompañarlo en su tratamiento en la quinta que generosamente le brindan los Ortega.
Hace unos días, musicalizamos "Metrópolis" (film de Fritz Lang) en Costanera Sur junto a Kabusacki, Fito Páez, Mono Fontana y Matías Mango y fue lo más para mi. Con Kabu compartimos mucha performance "under", eso de cargarnos los instrumentos e inventárnosla de la nada. Es fundamental, mantiene la ilusión y hasta cierta inocencia, tan necesarias…¿Cómo podría perderme de vivir todo eso?
-Tu camino solista, en cambio, está marcado por el bandoneón. ¿Cómo nació tu relación con el instrumento? ¿es una manera de encontrar mayor intimidad? ¿experimentar un nuevo lenguaje?
Adopté el instrumento en 1989 tras leer en la pluma magistral de Horacio Ferrer sobre la "belle époque" de Buenos Aires y toda la bohemia de jóvenes tangueros. A él lo conocí por entonces y supo ser una gran influencia tanto en lo literario como en charlas que compartimos, ayudándome a redescubrir mi ciudad y desenpolvar el soundtrack piazzolliano que mis padres hicieron sonar insistentemente en el Winco durante mi niñez. En el sonido del bandoneón encontré, incluso con mis limitaciones, la voz más veraz para las melodías que grabo.
-Imagino que los músicos que participan tienen afinidad estética con lo que querés expresar, pero ¿también porque te une una relación de amistad?
Claro, lo humano es esencial. Encima, me gusta mucho mezclar tribus y hacer que la gente se conozca entre si, no sé, fomentar la comunicación entre todos. Los músicos amigos embellecen muchísimo los temas a la hora de participar. Pobres, a veces les hago tocar unos melodramones tremendos, mucho bemol y disminuído por ahí…
- Primicia también marca tu debut como vibrafonista. ¿Cómo te resultó la experiencia?
No soy vibrafonista en el sentido explícito, obviamente. Más de uno se agarraría la cabeza en el Conservatorio. Pero, aún con más entusiasmo que técnica, lo utilizo melódicamente, de la manera que suelo hacer con glockenspiel o marimba.
-Todos tus discos incluyen un concepto visual, y esta vez está a cargo de Renata Schussheim. ¿Cómo se desarrolló la idea?
Ella me sorprendió sin dudar -como no podía ser de otra manera tratándose de una artista de su magnitud- dándome en un abrir y cerrar de ojos la imagen de tapa y mística general .
Renata es única, fantasía viviente, magia explícita.
Yo venía muy "grecorromano", leyendo mitología y para colmo recién aterrizado de Italia y Francia. Es que Roma fue un sacudón emocional: sus ruinas del foro y piazzas, la atmósfera sibarita, los templos y palacios, el Tiber, etc, todo dejó su marca. Para la cubierta imaginaba un casco romano de perfil, o algo así. Pero bastó que la Schussheim mute en una especie de medium y eleve el asunto con generosidad infinita.
<b><i> Primicia, </i> tema por tema </b>
<b> NEUROCOSMICO </b>
<b> PRIMA DONNA </b>
<b> GRECORROMANO </b>
<b> ADONIS </b>
<b> MAGICOMICO </b>
<b> FRIZZANTE </b>
<b> VESTALES </b>
<b> PSICOMONARQUICO </b>
Los Músicos
- Toni Levin : contrabajo eléctrico
- Matías Mango : piano, teclados
- Alejandro Terán : viola, clarinete
- Fernando Kabusacki : guitarras
- Miguel Angel Tallarita : trompeta
- Gustavo Cerati : guitarra eléctrica
- Pájaro Canzani : percusión
- Paul Dourge : bajo
- Fernando Samalea : bandoneón, vibráfono, timbales, batería, glockenspiel, campanas tubulares
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