
Las bacterias de Stalin
El historiador Arkadij Vaksberg sostiene que Máximo Gorki, el autor de La madre , no murió de pulmonía, como afirma la versión oficial, sino envenenado por esbirros del dictador ruso
1 minuto de lectura'
El veneno provenía del Departamento Especial número 12 de la Lubjanka, la sigla detrás de la cual se escondía el laboratorio secreto creado por el ex farmacéutico y jefe de la policía secreta Genrich Jagoda, donde, a partir de 1934, se preparaban sustancias mortales, tóxicas, con las que se eliminaba a los "enemigos del pueblo" en Rusia y en el extranjero. Venenos capaces de provocar una muerte instantánea o bien de llevar gradualmente a la tumba a las víctimas designadas sin dejar rastros en el organismo. Uno de esos sueros sumistrados con la comida habría matado a Máximo Gorki, el autor más celebrado de las letras soviéticas, bandera de los escritores proletarios y amigo de Lenin. Lo había ordenado Stalin. El ejecutor fue el "amigo" Jagoda al que Gorki -lo revelan las cartas publicadas en estos últimos años- se dirigía con frecuencia calurosamente.
Cuanto más documentos y cartas examinaba, cuanto más hurgaba en los archivos, que habían llegado a ser impenetrables después de un breve paréntesis, más convencido estaba Arkadj Vaksberg de la versión del asesinato, divulgada en un libro persuasivo y muy discutido que acaba de aparecer en Moscú y de ser traducido al francés con el título Le mystère Gorki . "Toda la vida intelectual de Gorki es un enigma -explica el estudioso-, llena de misterios, de zonas de sombra, de contradicciones. Pero hay un punto sobre el que quedan pocas dudas: Stalin no podía permitirse dejar con vida a Gorki, amigo de Bucharin y de Kamenev. Muerto, se convertía en un aliado y en un santo. Vivo, era un peligro. Historiador y politicólogo, Vaksberg dedicó la mayor parte de su investigación a las zonas más turbias de la historia soviética.
En vísperas de los "Grandes Procesos", Gorki se había convertido en un personaje incómodo, embarazoso para el dictador. "En vida le había servido para glorificar el stalinismo. Terminada esa misión, Stalin necesitaba el cadáver del escritor para construir un mito. Gorki muerto representaba la gloria de Stalin", dice Vaksberg. Por cierto, la reconstrucción de Vaksberg se basa esencialmente en una gran cantidad de indicios, así como las versiones de los otros estudiosos empeñados en resolver uno de los misterios más intrincados de la historia soviética. Ylos indicios más delatores, para Vaksberg, surgen sobre todo de las circunstancias históricas.
Cantor del odio de clases, de la policía secreta y del arbitrio stalinista, glorificador del trabajo forzado, pronto a "aniquilar al enemigo que no se rinde", hacia el final de su existencia, Gorki, encerrado en una jaula privilegiada, buscaba reconciliar a Stalin con la oposición bolchevique y se batía por una política de moderación en el campo literario, a través de la recién nacida Unión de los Escritores. En 1935 le impidieron participar en París en el Congreso Internacional de los Escritores en defensa de la cultura. Gorki, que nunca escribiría la biografía de Stalin, había caído en desgracia. "Stalin no temía que Gorki tomara públicamente posición en contra de él o desaprobase las condenas de los opositores -observa Vaksberg- pero, repito, el culto de un hombre muerto es menos difícil que el culto de una persona viva de la que uno se ve obligado a desconfiar permanentemente".
Del Kremlin parte, por lo tanto, la orden de callar para siempre al viejo tuberculoso. Descartadas las otras dos versiones más comunes sobre la muerte de Gorki -deceso natural por pulmonía, según el boletín médico, y asesinato organizado por el bloque antisoviético trotskista de derecha que terminará poco después en el banquillo de los acusados-, Vaksberg da crédito a la hipótesis del veneno preparado en el laboratorio secreto del Nkvd, dirigido por los generales Eitingon y Sudoplatov.
Gorki murió en Moscú el 18 de junio de 1936 en la misma casa en la que Lenin había vivido, paralizado, los últimos años de su vida. Dos semanas antes, siete miembros del personal habían contraído una enfermedad que presentaba los mismos síntomas de la de Gorki, fallecido oficialmente como "consecuencia de una gripe que se había convertido en pulmonía catarral".
"La servidumbre no tenía ningún contacto con el escritor -cuenta Vaksberg-. Por lo tanto, es de suponer que el origen del malestar se encontraba en los alimentos preparados para Gorki por la policía secreta y que el escritor prácticamente no tocaba. En la Lubjanka ignoraban que las sobras eran consumidas por el servicio doméstico. Un error banal. Los síntomas de la servidumbre habrían podido ser provocados por un suero modificado a base de un cultivo de estafilococos y pneumococos. Toda la documentación médica, desde el certificado de defuncion hasta los dossiers que se presentaron en el proceso de 1938, incluida la investigación realizada en 1990 por una comisión de expertos, no aclara las causas de la muerte de Gorki. Porque, esta es la hipótesis más plausible, el veneno no había dejado huellas."
Hipótesis, indicios, conjeturas, pero, ¿las pruebas? Vaksberg se exalta: "Todos esperan las pruebas. He ejercido como abogado y me doy cuenta de que se necesitan pruebas concretas para condenar a un imputado, pero cualquier juez sabe valorar el peso de las pruebas indirectas, los indicios, especialmente cuando son numerosos. ¿Qué pruebas se buscan? ¿Una orden escrita por Stalin? ¿La confesión de Jagoda? Nunca se encontrarán. La verdad se esconde en los archivos de la Kgb, donde existen las pruebas de la actividad criminal de un laboratorio en el que los microbiólogos Talmud y Muromtsev y el presidente de la Academia de medicina Blokhin experimentaban combinaciones de agentes patógenos capaces de agredir con eficacia a un organismo debilitado como el de Gorki."
Otro especialista en Gorki, Vadim Baranov, sospecha que Marija Ignatevna Budberg, llamada Mura, el último amor de Gorki, mujer y amante de grandes escritores y hombres poderosos -que en otras ocasiones había recibido dinero de la Lubjanka, del Inteligence Service y quién sabe de cuántos otros servicios secreto- fue quien envenenó a Gorki por orden de Stalin. Se trata de la "mujer de hierro" retratada por Nina Berverova,que entregó parte del archivo de Gorki al gobierno soviético.
"Pero, ¿ por qué Stalin habría corrido riesgos tan grandes y recurrido a presiones y amenazas para aterrorizar a una persona como Mura que vivía en el exterior? -objeta Vaksberg- Mura había pasado con Gorki los quince años más hermosos de su vida. Ponerla al corriente de los terribles secretos de la Lubjanka significaba condenarla a muerte. ¿Cómo habría podido aceptar un encargo semejante?". Ni siquiera Vaksberg acepta la versión de un Gorki "disidente" en la fase final de su vida, en estrecho contacto con Kirov, el jefe del partido de Leningrado, cuyo asesinato en 1934 marcó el comienzo de las grandes purgas. Según esa conjetura, Gorki habría enviado a Leningrado a su hijo Max, pagado por la Lubjanka, para encontrarse con Kirov y estudiar un plan para derribar a Stalin.
"Gorki no tenía la fuerza física ni moral para oponerse a Stalin, no era un político, no urdía conspiraciones. Todo era orquestado por Jagoda que se había dado cuenta del clima horrendo y sangriento en el que se precipitaba el país y pensaba salvarse revelando a Stalin complots y conjuras."
Cuanto más se excava en la vida de Gorki se descubren más enigmas y misterios. La llave para develar algunos de ellos podría encontrarse en Italia, en el dossier conservado en el Archivo central del Estado, que la policía fascista habrá seguramente instruido mientras Gorki vivía en Sorrento y estaba en correspondencia con intelectuales y políticos soviéticos que aprovechaban los viajes al extranjero para escribirle y suministrarle un cuadro de situación muy distinto del que le pintaban cuando le escribían desde la URSS. Los censores de Mussolini controlaban seguramente toda la correspondencia de Gorki, con excepción de los mensajes que le llegaban por valija diplomática y que eran entregados por el cónsul soviético en Nápoles. Vaksberg está convencido de que si se investiga el período que va de 1925 a 1933 se encontrarán "materiales excepcionales que pueden dar respuesta a muchos misterios". En los archivos del Ministerio de Relaciones exteriores de la URSS, los informes sobre Gorki que envivaban en ese entonces a Moscú los embajadores soviéticos en Roma son top secret . "Una razón de más -concluye el politicólogo- para investigar en Italia y echar luz sobre una figura trágica convertida en víctima de su propia voluntad de encarnar el papel histórico de un Mesías en vez de obedecer a su talento literario".



