
Los libros más robados y su autor
El escritor escocés Irvine Welsh, famoso por su novela Trainspotting, habla de su nuevo relato, Porno (Anagrama), en el que retrata la época posterior a Margaret Thatcher
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LONDRES.- Drogas duras, violencia, música tecno. Al cocktail habitual en las novelas de Irvine Welsh -el autor de culto de libros como Trainspotting, que operaron la mayor revolución en la literatura escocesa desde Sir Walter Scott y Robert Burns, y que lo convirtieron en la figura estelar del realismo británico contemporáneo- sólo le faltaba sexo explícito.
Ya no más. En Porno (su nombre lo dice todo), los "adorables" personajes interpretados en la célebre versión fílmica por Ewan Mc Gregor, Johnny Lee Miller y compañía vuelven a las andadas en los de Edimburgo cuando descubren que hay un floreciente negocio en los videos amateurs para adultos realizados en las trastiendas de los pubs? y con los clientes como estrellas.
"La pornografía es como el Karaoke -explica Welsh a LA NACION -. En los pueblos de Escocia, cuando traen la máquina al pub, nadie quiere ser el primero en pasar a cantar. Pero en cuanto se larga el primero, y el segundo, todos se desesperan por hacerlo, y esto es lo mismo, ¿me entiendes?".
A lo largo de toda la entrevista se nota que Welsh se esfuerza por mantener cierto respeto, como un gesto de gentileza -con una pizca de lástima- hacia esta redactora que viene de tan lejos. Habla despacio y en un inglés apenas acentuado, algo que se aprecia si se tiene en cuenta la famosa historia del reportero del New Yorker que, para hacerle una gran nota, se reunió con él y unos amigos del barrio y se fue del encuentro sin haber entendido nada de lo que decían en su escocés de monoblock violento. No usa ni una mala palabra a lo largo de casi una hora de conversación, se muestra amable e interesado por la literatura argentina que no conoce en absoluto ("Me hablaron de un tal... ¿Burgis? ¿Borges? ¿Es bueno? ¿Qué libro te parece que compre?") y hasta se le escapa alguna condena a la cocaína con tonito de maestra de escuela ("Me enteré de que Maradona ahora está ?limpio´ y baila en un programa de TV. ¡Muy bien por él! ¡Así se hace!").
Irvine Welsh nació en 1961 en un conjunto de viviendas económicas en las afueras de Edimburgo, donde creció rodeado por los desempleados, borrachos y drogadictos de la era posthatcheriana que se imprimieron como la marca registrada de su ficción. A pesar de haber ido a la universidad, donde estudió computación, sus cuentos nunca abordaron personajes que salen adelante en la vida. Por el contrario, siempre mantuvo el mensaje sofisticado de desolación urbana y desilusión política propio del momento de sus inicios, en el que Edimburgo se convertía en la capital mundial de la heroína.
Con Trainspotting (1993), su primera novela, Welsh se transformó en el rey de la literatura joven británica y, después de la adaptación cinematográfica de la novela bajo la dirección de Danny Boyle (otro artista de culto), su estatus de chico malo -verdaderamente malo- de las Letras quedó firmemente establecido.
Los libros que siguieron, como Maribou Stork Nightmares (1995), Extasis (1996), Escoria (1998) y Cola (2001), también merecieron la aprobación de la crítica. De hecho, The Sunday Times escribió que Welsh no sólo "escribe con la habilidad, inteligencia y compasión propias de un genio", sino que es incluso "lo mejor que le pasó a la literatura británica en décadas".
La idea de Porno, que acaba de editar en castellano Anagrama, se le ocurrió a Welsh pensando en sus amigos "que entran en la crisis de los cuarenta, se separan de sus mujeres, empiezan a consumir pornografía y acaban haciendo sus propias películas en video doméstico". No era en principio una continuación de Trainspotting, hasta que se dio cuenta de que el novio de uno de los personajes femeninos era uno de los jóvenes violentos de su primera novela, y no pudo resistirse a revivir a toda la banda original.
"El primer libro es como la chica con la que perdiste la virginidad. Uno siempre se queda pensando cómo le hubiese gustado haberlo hecho bien, y bueno, volver a tu primer libro con una secuela te da, de alguna forma, esa oportunidad".
-Su prosa fue definida como "la lengua inglesa metida en una licuadora con un manojo de navajas de afeitar", y cuando empezó a escribir haciéndose eco del lenguaje de los bajos fondos de Edimburgo fue muy revolucionario. ¿Cómo se le ocurrió la idea?
-Yo crecí en un lugar donde todo el mundo era un relator de historias, pero nadie escribía. Siguiendo la tradición oral celta, todos tenían una buena historia para contar en el pub o en las fiestas, aun cuando estuvieran destruidos por el alcohol y las drogas en las discos y en las raves. ¡Y eran todas historias fascinantes! A mí me encantaba leer, pero las historias que encontraba en los libros me parecían, en comparación, muertas. Se me ocurrió que mucho podía tener que ver con el idioma. Y en realidad empecé a escribir a partir de la música: generaba ideas para canciones, que se convertían en cuentos, que a su vez se convertían en novelas, y buscaba reproducir en la página el tipo de excitación que sentíamos en el boliche. La forma más natural me resultó trasladar el lenguaje de un ambiente al otro. Es decir, nadie usa un lenguaje literario en el cine ni en la tele, nadie suena así en una canción. No hablamos de esa manera en ninguna otra representación cultural. ¿Por qué insistimos en hacerlo en la novela?
-¿Y cuál es su respuesta?
-En Gran Bretaña, los que escriben son los que tienen el tiempo y el dinero para bancarlo. Alta burguesía. Escuela privada. Oxford y Cambridge. Son escritores profesionales. Consecuentemente, tienen la misma voz en la narrativa. Pero la gente no habla así. Cuando empecé con Trainspotting, era así como los personajes venían a mí, como sonaban en mi cabeza, y me pareció pretencioso hacerlos hablar de otra manera en la página. Además, el inglés estándar es útil para llevar información a lo largo del mundo, pero no es el idioma más copado en términos de entretenimiento, y en cambio mucho del escocés vernáculo viene de la cultura gitana, que se instaló en los márgenes de Aberdeen a Newcastle y es increíblemente poético.
-El resultado es que sus libros son leídos por gente que normalmente no lee?
-Si, son un gran éxito en la cárcel; tengo un par de amigos que están detrás las rejas y me dicen que todo el mundo los tiene, y cuando voy a dar charlas a las prisiones los bibliotecarios me dicen lo mismo. Cuando estoy de gira promocional de un libro y me llevan a las librerías comerciales a que firme ejemplares, también me pasa algo curioso: se me acercan personas que me confiesan que el libro es robado, que nunca compraron un libro pero que no quieren perderse los míos. ¡Parece que son los libros más robados de toda la historia de la literatura!
-¿Por qué cree que los jóvenes no leen más?
-Los jóvenes ven la narración de manera distinta y las novelas no supieron adaptarse. Están acostumbrados a una narración no lineal, como la que ven en los videos musicales o en los juegos electrónicos y, además, es una generación que usó todo tipo de drogas, no sólo alcohol, por lo cual casi físicamente están acostumbrados a narrativas distintas en sus cabezas; sólo hay que saber traducirlas a la página.
-Sus libros rompen tabúes respecto al sexo y a las drogas. ¿No tiene miedo de que sean leídos como un "todo vale"?
-No. Que rompamos tabúes no significa que rompamos también códigos morales. Nadie nace queriendo violar y matar. La gente tiene una moralidad básica que viene de su humanidad y que luego se institucionaliza en un marco común para que sea posible la convivencia.
-¿Por qué siempre está metida la droga en su narración?
-Una ficción urbana sin drogas es como un campo sin árboles. Si se está escribiendo una novela sobre jóvenes de clase baja en las ciudades industriales, las drogas son una parte tan significativa de ese paisaje que no incorporarlas a la historia es también un poco pretencioso.
-¿Qué hay de las mujeres? Porque sus novelas siempre son sobre bandas de muchachos desagradables?
-Bueno, en realidad, en Porno, era una chica el personaje central de la novela, hasta que se convirtió en una continuación de Trainspotting por accidente, al seguir la vida del novio de ella, que era uno de los chicos de la banda original. Pero mi idea era contar una película pornográfica desde el punto de vista de una mujer, y el círculo en el que se ve forzada a entrar. Siempre quise tener más mujeres en mis novelas, pero la realidad es que escribo sobre un ambiente de tipos muy siniestros y con la cabeza destruida, y es difícil poner allí personajes femeninos fuertes porque, en la realidad, cualquier chica con personalidad saldría disparada con sólo verlos. Finalmente, las chicas que terminan con estos tipos son víctimas, dispuestas a ser abusadas, y desde un punto de vista narrativo a mí siempre me interesaron las personas que, para bien o para mal, forjan su propio destino.
-¿Cuáles son los autores preferidos, los que más influyeron sobre usted?
-Algunos de los que más me marcaron son los que menos me gustaron, porque me llevaron a escribir como una reacción contra ellos. Jane Austen, George Elliot y las hermanas Brontë están entre mis autores preferidos, pero no diría que su influjo es tan importante en mi caso como en el de algunos autores contemporáneos que prefiero no mencionar .
-¿Jane Austen, George Elliot, las Brontë? ¡Nunca hubiese dicho que eran los autores favoritos de Irvine Welsh!
-Siempre lo fueron. No sólo sus libros están maravillosamente bien escritos sino que tienen la capacidad de transportarte a un mundo distinto. Yo volvía de una noche dura un año que fui DJ en Ibiza, abría Orgullo y prejuicio y era fantástico, era entrar en otro planeta tan distinto del mío? Por eso también me gustan mucho la ciencia ficción y la novela histórica: leer desde mi barrio obrero en Edimburgo sobre la Rusia imperial me partía la cabeza.
-En las bibliotecas, sus libros aparecen en el rubro "literatura escocesa", junto a los de Sir Walter Scott?
-¡Pobre Sir Walter! ¡Debe de estar revolviéndose en la tumba! Scott fue el gran renovador de la novela, pero a la vez un psicópata que se la pasaba chupándole las medias al Príncipe Regente para conseguir un protector.
-¿Qué dice la pornografía de la cual escribe sobre la sociedad contemporánea?
-La pornografía es una forma de autoafirmación de la clase obrera británica de más de 40 años que, después del período de Thatcher, se quedó sin estatus y sin trabajo, y se siente fuerte y se autopotencia detrás de una cámara.
-¿Pero eso no es muy chocante para los valores tradicionales de ese grupo social?
-No demasiado, porque si bien las dos grandes influencias en Escocia fueron la iglesia presbiteriana y el socialismo, ambos se desmoronaron en los años 80 con la sociedad secular, el colapso de los gremios y el movimiento del partido laborista hacia la derecha. Lo que las reemplazó es el culto al individualismo. Pero como este capitalismo consumista no es un código moral como el cristianismo o el socialismo sino sólo un juego de relaciones sociales, la gente común incorporó el derecho a descartar lo que no le conviene
-Ya están llevando Porno al cine con los mismos actores de Trainspotting, pero sé que usted quedó defraudado cuando se reencontró con ellos.
-Sí, yo los necesitaba diez años más viejos, quemados por la vida, pero estos muchachos se nota que usan protector solar y crema humectante. ¡Están iguales! De cualquier manera, es algo que se soluciona fácil, basta con que los actores acepten salir una noche de tragos conmigo y mis amiguetes.
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