
Los ojos de García Lorca en los de su sobrina, Laura, gran custodia del legado del poeta andaluz
La misión del archivo que guarda la obra del escritor, las hipótesis que aún rondan a su cruel fusilamiento y el misterio de la voz de Federico llevan a la heredera del autor de “La casa de Bernarda Alba” a hablar de la Argentina con gratitud
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GRANADA.— Hace 35° a la sombra y aún faltan tres semanas para que arribe el verano. En el moderno edificio vidriado y de cemento no hay rastros de aquel calor. Desde los ventanales del Centro Federico García Lorca se ven rincones de la Catedral, la plaza de la Romanilla y las longevas palmeras. Las terrazas de los bares arrojan spray a los comensales para refrescar su permanencia debajo de las sombrillas ante un vermú o un gazpacho. Laura García-Lorca de los Ríos (Nueva York, 1954), hija de Francisco García Lorca, hermano del gran poeta andaluz, baja a la planta principal para recibir a LA NACION y después desandar aquel camino de ascensores y pasillos hasta su escritorio. En el trayecto presenta a su equipo de colaboradores a medida que recorre las instalaciones. Ingresa en su oficina, también vidriada, sin cortinas, y conduce a una mesita redonda donde hay una vaso de plástico con flores naturales que perfuman el encuentro. La mirada de la mujer es cautivadora: tiene los icónicos ojos de su tío.
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