
Los secretos de la corbeta Swift se exhibirán en el Centro Borges
Son 60 piezas de una nave británica que se hundió en 1770, en Puerto Deseado
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La odisea de 91 marineros británicos que en 1770 naufragaron frente a la costa de Puerto Deseado, en la actual provincia de Santa Cruz, será el centro de una muestra que por primera vez se verá en Buenos Aires y que abrirá mañana, a las 19, en el Centro Cultural Borges.
Se trata de 60 piezas de altísimo valor arqueológico que pertenecieron a la corbeta HMS Swift y que un grupo de científicos argentinos rescató de las aguas heladas del Sur, luego de 400 horas de trabajo subacuático, durante más de cuatro años.
Vasijas, botellas, vasos, porcelana oriental –que sólo utilizaban los oficiales de la Real Armada Británica–, objetos de cuero, piedra, hueso y metal y balas de cañón del siglo XVIII son sólo algunos de los elementos que podrán observarse. Una parte de ellos pertenece al Museo Regional Mario Brozoski, de Puerto Deseado, y otros nunca fueron expuestos, hasta ahora.
Una reproducción de cinco metros, a escala real, del lugar de la excavación completará la exhibición que estará abierta hasta el 9 de junio próximo. Además, habrá veinte paneles que contarán la increíble historia de estos aventureros, que los investigadores del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (Inapl) han comenzado a desentrañar en 1998.
Es el drama de 88 sobrevivientes, que llegaron a esas tierras en una embarcación de 28 metros de eslora y ocho de manga. La nave estaba destacada en las islas Malvinas para competir por la posesión de un territorio que también disputaban Francia y España.
Documentos
El 13 de marzo de 1770, la corbeta se accidentó frente a Puerto Deseado y los marinos debieron sobrevivir al frío y la falta de alimentos. En los paneles se reproducirán cartas y documentos de la época que permitirán revivir todas esas experiencias. La explicación incluye, además, un detalle de cómo se realizó el trabajo científico y de las técnicas que se utilizaron durante el relevamiento.
“Nos da una alegría inmensa poder concretar algo que se viene gestando desde hace tiempo. Hemos logrado armar una muestra atractiva y de mucha calidad”, dijo entusiasmada Dolores Elkin, investigadora del Inapl.
La alegría tiene un motivo extra, ya que la crisis casi provoca un segundo naufragio: la exhibición peligró por falta de recursos económicos. “Nos llegamos a plantear si, en este momento tan difícil para tanta gente, teníamos que hacerla o no –reconoció Elkin a La Nacion–. Pero pensamos que era una forma de aportar un hecho cultural que la gente podía disfrutar”, explicó.
A pesar de que cuentan con el apoyo de varias empresas, los fondos que recaudaron no alcanzan para cubrir los gastos mínimos: aún les falta conseguir 4000 pesos. Y el hecho de que hayan seguido adelante es, sin duda, una muestra del entusiasmo de los arqueólogos por su trabajo.
Más allá de las dificultades propias de toda iniciativa cultural en estos tiempos, lo llamativo de los artefactos que se exhibirán es que se han mantenido en buen estado. Y eso es así tanto desde el punto de vista de los materiales como del aspecto estético.
¿A qué se debe tan buena conservación, a pesar de haber estado sumergidos dos siglos? “La corbeta está en una ría y no en mar abierto –explicó el arquitecto Cristian Murray, a cargo del diseño de la muestra y parte del equipo investigador–. Hay mucho sedimento que cubrió y protegió los materiales”, dijo.
Traer los objetos a Buenos Aires requirió un trabajo cuidadoso. Alberto Orsetti y María Isabel Sanguinetti, dos conservacionistas, embalaron cada una de las piezas que ayer comenzaron a llegar al Centro Borges. Los especialistas deberán cuidar la temperatura y la humedad. “Hay que tener en cuenta que las piezas tienen que acostumbrarse a vivir en la superficie”, explicó Elkin.
La vida en el mar
Gracias a los objetos rescatados del agua y a la investigación histórica en el país y en Inglaterra, los expertos del Inapl lograron armar un rompecabezas con la historia de la corbeta de guerra.
Lo curioso fue que se supo por primera vez del naufragio cuando, en 1975, un descendiente de Erasmus Gower –miembro de la tripulación de la Swift– llevó a Puerto Deseado una carta con la narración dramática que su tío abuelo hacía de la tragedia. La carta fue escrita en 1803. A partir de 1998 el Inapl comenzó la recuperación ahora abierta al público.
La entrada costará dos pesos y los horarios serán de lunes a sábados, de 10 a 21, y los domingos, de 12 a 21.
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