
Los únicos privilegiados
En galería Palatina, Daniel Santoro exhibe su mitología justicialista en la que aparece la madre de Juanito Laguna
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La leyenda del bosque justicialista es el título de la serie de pinturas que Daniel Santoro presenta en la galería Palatina. Los trabajos exhibidos, que en buena parte parecen inspirados en un libro de lectura para la escuela primaria, El hada buena, se caracterizan no sólo por la iconografía alusiva al Justicialismo de la década clausurada en 1955, sino también por el contexto plástico, pleno de simbolismos pitagóricos. Santoro compone los cuadros de manera sistemática, cuidada, utilizando algunos recursos derivados del significado de los números. El tres (ternario en las tradiciones herméticas) predomina en muchas composiciones como Verano en la ciudad infantil, Fuente de aguas curativas y El hada buena argentina se aparece ante tres niños escolarizados. Ese número, según el significado que le dieron los pitagóricos, corresponde a la armonía y la estabilidad, es el cimiento sobre el que reposan todas las cosas. Como dice el artista, "Todo lo trino es perfecto". Todos los sistemas, según agrega, son trinitarios, nunca duales, porque los sistemas duales expresan oposiciones.
En esta muestra, Santoro es un cronista apócrifo de una época en la que se hablaba de los Derechos del Niño, del Trabajador y de la Ancianidad, también de los Planes Quinquenales. Los chiquillos que pintó deben de haber estudiado con libros como Privilegiados, El hada buena, Niños Felices, Patria Justa, etcétera. Muchos de ellos habrán residido en la República de los Niños, próxima a La Plata.
La pintura de Santoro, con un estilo que remite a las ilustraciones estereotipadas de la década del cuarenta, está realizada con notorio cuidado en la composición, en la representación perspectiva y en característica de los personajes. La cabeza de Evita siempre recuerda el retrato que pintó Numa Ayrinhac, reproducido en la tapa de La razón de mi vida. La arquitectura simbólica, como la República de los Niños con sus pequeños edificios, siempre está idealizada; la GGT y la Plaza de Mayo sufren los desastres de la caída del régimen. Los niños lucen guardapolvos blancos -protectores-, almidonados en exceso. Todo es un auténtico cuento de hadas en el que no falta Eva como la bella durmiente ni los Niños peronistas combatiendo al capital.
Sin embargo, el cuento muestra otra faz, los niños con sus guardapolvos tienen en su brazo una ancha cinta negra de luto, a la usanza de esos años. Eva murió y se convirtió en "El hada buena". Unos niños ven su aparición milagrosa frente a un edificio de la República de los Niños; otros beben agua curativa que emana de los senos de su estatua caracterizada como Esfinge (cuerpo de animal y cabeza humana).
Un personaje central en la exposición es la mamá de Juanito Laguna, el niño de los márgenes de la gran ciudad creado por Antonio Berni. Eva Perón y su protegida, la madre adolescente con su guardapolvo blanco, aparecen en un cuadro frente a la República de los Niños. En otra obra, con el fondo de la Plaza de Mayo bombardeada, la joven posa de la mano de Evita exhibiendo su embarazo; en la otra mano tiene un ejemplar de La razón de mi vida. En un cuadro, desnuda, amamanta a Juanito. En una aparece cuando es atacada por un enorme animal depredador negro; en otro, es rescatada por el espíritu del bosque; por fin, en un trabajo al carbón y acrílico, el cuerpo sin vida de la joven madre flota en las aguas del río.
Daniel Santoro (1954), egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes "Prilidiano Pueyrredón", comenzó a exponer de manera individual hacia fines de la década del ochenta. Sus primeras muestras ya estaban dedicadas a la recuperación de algunos íconos de la memoria colectiva argentina: en 1989 presentó Iconografías porteñas; un año más tarde expuso Recuerdos del Billiken (en busca de una iconografía histórica); en 1992, la muestra se tituló Arcanos porteños; en 2001, en el Centro Cultural Recoleta, exhibió la serie Un mundo peronista; un año más tarde, en arteBA (Feria de Arte de Buenos Aires), mostró sus trabajos con el título Evita, la lejana patria de la felicidad.
En todas sus series, con la representación de los íconos peronistas, Santoro cuenta historias con algo de ficción y algo de realidad. Las imágenes, plenas de atributos populares, siempre poseen rasgos de humor, de celebración, de dolor y de emotividad. La exposición de 2001 mostraba las efigies de Juan Domingo Perón y de Eva Duarte rodeadas de frases como "Libre, justa y soberana" y de emblemas que remitían a "un mundo que se convierte", con aviones de fabricación nacional (el Pulqui), con enormes edificios emergentes, con escolares que imaginaban su futuro feliz y también, con símbolos del comunismo derribados y destruidos.
Otras obras, como Saqueo de la Ciudad Justicialista (2001), muestran los momentos posteriores a la caída de régimen, con las estatuas de la pareja justicialista mutiladas. En una pintura está representada una heladera Siam, "argentina, noble y buena", sobre la que hay un retrato de Eva Perón, homenajeada con una flor. A los lados del artefacto de industria argentina, dos escolares, con guardapolvos blancos y una faja de luto en sus brazos, hacen guardia.
En 2002 Daniel Santoro publicó el libro Manual del niño peronista (La Marca Editora), con reproducciones de pinturas de los años 1999-2002.
(En Palatina, Arroyo 821, hasta el 29 de diciembre.)
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