Más de 30.000 fieles en San Pantaleón
El cardenal Bergoglio instó a la unidad de la patria, con amigos y enemigos
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Más de 30.000 devotos de la Argentina y países limítrofes se acercaron ayer al santuario de San Pantaleón, en Mataderos, para pedir y agradecer al mártir, un médico decapitado en el año 305, patrono de los enfermos.
A las 8.30, en una de las diez misas oficiadas durante el día, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, instó a la unidad de la familia y de la patria, "que debe ser completa, tanto con nuestros amigos como con aquéllos con los que estamos enfrentados, o son nuestros enemigos". Insistió en que "hay que hacer algo para unirnos más" y subrayó que para ello, lo principal "es unirnos con Aquel que nos une a todos, que es Dios".
Mientras diez sacerdotes por turno confesaban y otros impartían bendiciones, los comerciantes se apresuraban a vender desde estampas y rosarios hasta pulseras, quesos y juegos de magia. Los primeros fieles llegaron la noche del martes y le regalaron al santo una serenata que duró hasta avanzada el alba.
Para Elena Soraide, que vive en Morón, pero es oriunda de Tucumán, con sólo tocar al santo y pedir con el corazón basta. "Vine soltera hace 30 años. San Pantaleón me consiguió marido, tengo un hijo de 27 años y salud. Si cerrás los ojos y pedís con el corazón, posta, posta que cumple", contó a LA NACION. Para otros, el rito es más complicado. Además de los bártulos propios de quien llega de un largo viaje, Marta González, de Encarnación, Paraguay, llevaba una rama de olivo, una botella vacía y estampitas. "Me falta conseguir una vela verde, dicen que es la que más le gusta al santo", contó la paraguaya, que cruzó la frontera para agradecer porque su hijo se salvó de un accidente. Según Marisa Romano, de Barracas, el color de la vela no importa. "Pero sí hay que tocar todas las imágenes, recibir la bendición, tomar agua y repartir estampitas", explicó.
Antes de llegar a la primera imagen de San Pantaleón, los fieles pasaban delante de imágenes de San Cayetano, la Virgen de Luján y San Roque. Al salir, encendían velas y recogían agua bendita de un patio en el que hay 25 canillas conectadas a un tanque de 200 litros, que es bendecido cada vez que se vacía.
"En los santuarios la expresión de fe sobrepasa lo racional y lo doctrinal, va al corazón", comentó Jordi Sabaté, párroco desde hace 14 años del santuario. "Aquí la fe se expresa en los gestos más sencillos y, más allá de que se curen o no, la gente sale reconfortada", añadió el sacerdote, que es catalán, pero habla como un porteño. Dijo que tocar al santo "es una manifestación de afecto, un saludo, como dar la mano o un beso".
Agustín Reno tiene 20 días y ya cumplió con la visita al santuario el día del santo, tradición de familia que inició hace 30 años su abuela, Liliana Reno. "A mi hijo lo traje cuando estaba embarazada y ahora él trae a su hijo", comentó ella.
"Vinimos por la salud de Sandro", dijo Susana Vitali, de Belgrano, integrante del club de fans de "El Gitano". "Hoy estamos sólo dos porque el resto trabaja, pero prometimos venir todas juntas a misa un sábado", acotó Stella Muruaga, de Parque Patricios.




