
Merecido homenaje
Zurbarán Galería exhib un conjunto de obras notables de Curatella Manes: un innvador en las formas y en los temas que se aventuró en la conquista del espacio
1 minuto de lectura'
A pesar de ser uno de los más grandes artistas argentinos, Pablo Curatella Manes (La Plata 1891-París 1962) realizó su única muestra individual recién al final de su vida. Fue en 1957 en la galería Wildenstein. Después de su muerte, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó dos retrospectivas (1964 y 1982) y una el Museo Provincial Emilio Caraffa, de la ciudad de Córdoba (2000). Poco exhibido, es sin embargo un artista de culto entre los entendidos.
Sus primeros maestros fueron Arturo Dresco y Lucio Correas Morales, con el que colaboró en algunas de sus obras monumentales, como las estatuas de Bartolomé Mitre y Carlos Tejedor. En 1910 consigue una beca para estudiar en Florencia y viaja por primera vez a Europa, donde vivirá la mayor parte del resto de su vida.
Más que seguir los cursos de la academia florentina, Curatella prefiere viajar por varios países visitando museos, iglesias y palacios, convencido de que ver las grandes obras del pasado es más importante para su formación. Aunque semejante licencia no estaba permitida a los becarios, Ernesto de la Cárcova (quien era el inspector de los artistas que recibían subvención) consideró que su elección es correcta y lo autorizó.
En 1914 se instaló en París y trabajó en los talleres de Aristide Maillol y Emile Bourdelle, con el que volvería a estudiar después de la Primera Guerra Mundial. A comienzos de los 20, Curatella Manes traba estrecha relación con lo más selecto de la vanguardia parisina, desde Naum Gabo, Antón Pevsner y Fernand Léger hasta Jacques Lipchitz, Pablo Picasso y Juan Gris.
A estos artistas los conoce en el taller de Bourdelle o a través de la joven pintora y crítica de arte francesa Germaine Derbecq, con la que se casa en 1922. Ella será una figura central, tanto en la vida de Curatella como también en la difusión de los artistas argentinos en París. Ese papel de promotora del talento lo llevó a su climax cuando, años más tarde y ya en Buenos Aires desde su galería Lirolay, fomentara las nuevas tendencias artísticas que surgieron en los 50 y 60. Desde los informalistas hasta Jorge de la Vega, toda la nueva vanguardia contó con su decidido apoyo.
Curatella Manes no fue un artista prolífico, pero casi todas sus obras son espléndidas. No dilapidó su genio reiterando una fórmula eficaz, sino que se concentró en la perfección. Cada pequeño grupo de esculturas significó una aventura nueva.
Varios de los momentos más significativos de esa búsqueda exquisita pueden verse ahora en la galería Zurbarán, que ha reunido más de 20 obras; varias de ellas, excepcionales.
De comienzos de los 20 (una de sus mejores épocas), allí se exhiben varias: valga nombrar El acordeonista" y "Mujer del tapado grueso". En ellas Curatella Manes faceta los planos de manera similar a las propuestas del cubismo sintético.
La crítica ha señalado el diálogo que los trabajos de esos años (como bien puede observarse en "La guitarra" -1921-), mantienen con la obra de Juan Gris, pero no se ha insistido lo suficiente sobre la relación profunda que mantiene con la producción contemporánea de Emilio Pettoruti y también con los personajes de los cuadros de Tamara de Lempicka.
En 1923, Curatella produce una de sus esculturas más importantes: "Los acróbatas" (en Zurbarán se exhibe en tres versiones). Esta obra produce un corte radical en la tradición escultórica argentina: se aleja decididamente del planteo de la escultura clásica, compacta y de contorno cerrado. El vacío adquiere en ella tanta importancia como el volumen macizo.
Al año siguiente produjo "Ninfa acostada", otra de sus obras maestras. Si bien estos trabajos siguen siendo figurativos, la concepción arquitectónica, la pureza formal y el equilibrio de la estructura los emparientan espiritualmente con el arte abstracto, que por entonces estaba alcanzando una de sus cimas en las obras de los constructivistas rusos.
Cuando se realiza la Exposición Internacional de 1937 (en la cual se exhibe, en el Pabellón Español, el "Guernica" de Picasso), el gobierno nacional le encarga a Curatella unos mapas para exhibir en el Pabellón Argentino. El escultor realiza dos yesos (que se conservan en el Museo Nacional de Bellas Artes) a partir de los cuales elabora su obra "Tierra argentina", en la que no se somete a los imperativos cartográficos del encargo, sino que produce una obra abstracta que sugiere el contorno geográfico.
Durante la Segunda Guerra, Curatella deja París por Vichy (sede del gobierno francés colaboracionista). Allí comienza a trabajar en la serie de variaciones de la "Estructura madre": tres de las bellísimas obras de este período ("Tango", "Pájaro"-que fue expuesta en la Bienal de Venecia de 1952- y "Proyección VII" pueden verse en Zurbarán). En 1949 la parisina galería Denise René organizó una muestra titulada "La escultura en Francia, de Rodin a nuestros días", en la cual, junto a Picasso, Alexander Calder, Constantin Brancussi y Jean Arp, participó Curatella.
En 1953 el gobierno argentino le encarga un busto de Eva Perón destinado a la entrada de la Cancillería. La obra de Curatella es un volumen de clara concepción constructiva, nada realista. Funcionarios del gobierno peronista le piden que "se parezca más", pero el artista se niega a modificar su obra. No será emplazada. El gobierno de la Revolución Libertadora condena la escultura a medio siglo de ocultamiento. Ahora, se la exhibe por primera vez.
Hay algo parecido al triunfo en esta muestra de Zurbarán. La obra que se exhibe allí es irremediablemente magnífica. La pureza de "Tango", el equilibrio de "Los acróbatas" o la elegancia de "Ninfa acostada" no enseñan nada ni ilustran una teoría a la moda, de esas que envejecen con el paso de cada temporada. Evidencian qué gran artista fue Curatella: lo suyo fue simplemente embellecer la vida, hacer del mundo un lugar mejor.
(En Zurbarán, Cerrito 1522, hasta el 4 de septiembre).
Por Daniel Molina
Para LA NACION
1
2Los padres terribles: historias reales sobre vínculos rotos
3A 75 años de “La Colmena”: censurado por inmoral y pornográfico, se filtró “gota a gota” y consagró al polémico Nobel Camilo José Cela
- 4
Tras una década de silencio, una maratón global y otros eventos celebran a Umberto Eco, “un intelectual que hacía opinión”


