Mitteleuropa, el imperio de los ex

Dos de los mayores especialistas en Europa Central dialogan sobre la historia de los países y las comunidades que se agrupan alrededor del Danubio. Esas sociedades integraron en parte el Imperio Austro-Húngaro y sufrieron después la barbarie nazi y el despotismo soviético. En ellas subsistió una cultura antitotalitaria, no oficial, de raíz judeo-alemana, que hoy se muestra particularmente creativa y defensora de los valores humanistas
(0)
30 de enero de 2002  

Magris: -¿Todavía existe la Mitteleuropa , es decir, un tejido cultural común (a pesar de las grandes y exacerbadas diferencias) a los países de Europa Central, en una época unidos parcialmente en el imperio de los Habsburgo y más tarde sometidos al dominio soviético? Los dos grandes elementos en cierto modo unificadores, que han impreso una impronta dentro de ciertos límites unitaria a ese crisol, han sido la lengua alemana y la cultura judía. En ciertos momentos la Mitteleuropa ha sido también, quizá sobre todo, esa simbiosis judeo-germana que llegó a su fin con el exterminio nazi. Quizá con ella también se extinguió la Mitteleuropa . Pero por otra parte, su esencia es precisamente "haber sido".

La Mitteleuropa es una cultura que en cierto modo siempre "ha sido", que ha buscado vivir no en el presente ni siquiera en la nostalgia de un pasado preciso, sino en la irrealidad, en aquello que no existe y que por lo tanto no hace tanto mal como el presente. Haber sido no hace tanto mal como ser. Una cultura que ha sentido la vida, el ser, como un cuartel y que ha buscado la salida, la exoneración del servicio militar de la historia, de la pena de existir. No por casualidad sus escritores, desde Rezzori a Matvejevic, se definen como ex, ex de todo, ex desde el principio. En este sentido, es una cultura que ha vivido, denunciado y representado a fondo el malestar de la civilización.

Pressburger: -Sí, y también tú, en tu Stadelmann , dices que cada uno de nosotros es un ex, ex no sé qué, y has escrito para el Mittelfest de 2001 un microdrama, Haber sido , que habla de ese tema. Pero la Mitteleuropa no sólo no ha muerto sino que está cambiando vertiginosamente. El "haber sido" podía durante algunas décadas corresponder, como definición, a buena parte de los países que en otros tiempos pertenecieron al gran imperio austrohúngaro. Quizá el fin de la Primera Guerra Mundial y el reparto que le siguió podían suscitar esa idea. Pienso, sin embargo, que hoy una idea semejante está alejada de la realidad de los países llamados "centroeuropeos". La impresión que esos países pueden dar, según mi modo de ver, es la de ser como crisálidas, prontas a salir del capullo. En ese estadio de desarrollo, en los animales que sufren una metamorfosis, la vida precedente se disuelve y comienza otra completamente distinta. Los cuarenta años de comunismo quizá hayan sido los del "capullo". Mis estudios de biología no son recientes, pero si mal no recuerdo, en el capullo parte de las células se "desdiferencian", pierden su especificidad, para cambiar de función. Quizá haya ocurrido algo parecido en los países que cayeron bajo el comunismo después de la disolución del Imperio.

Las clases que hasta entonces habían constituido el nervio de la sociedad se licuaron, volvieron al "caldo" biológico en preparación dentro del capullo. Sólo que en lugar de hilos de seda, esos capullos permanecían unidos por alambres de púa. Pienso que ese pasaje fue sólo una preparación. ¿Una preparación necesaria para liberar a la "mariposa angelical"? Es difícil y cruel decir si lo fue o no. Por cierto, el momento de la caída del Muro fue grandioso. La idea de libertad de elección debía de ser algo embriagador, pero también terrible. Durante los días de la primera elección libre, me encontraba en Hungría para internar en un hospital a una pariente anciana. En algunos, habituados a las "elecciones impuestas desde arriba", existía un escepticismo total.En esos días, en cambio, el "capullo" se rompió de verdad y empezó una vida nueva.

Magris : -Durante el comunismo, la cultura mitteleuropea defendió contra aquel totalitarismo no sólo la libertad, sino cierta concepción humanística de la individualidad, del individuo, contra toda despersonalización, contra la cancelación del individuo que parece un proceso característico de la época y que también se produce, con otras formas, en otras sociedades. Por eso Havel, cuando era perseguido por el régimen comunista checoslovaco, se preguntaba si esa tiranía no era "la caricatura de la vida moderna en general" y si la situación checoslovaca de entonces no era también "una especie de memento para Occidente, que le develaba su destino latente". En esos años era más frecuente encontrar los valores de la tradición individual humanística entre los disidentes de la Mitteleuropa comunista que en la cultura occidental. La cultura mitteleuropea , que entre el ochocientos y el novecientos descubrió la disgregada multiplicidad del yo individual y disolvió el concepto tradicional del sujeto y las formas tradicionales de narrar, supo defender con impávido e irónico coraje al individuo amenazado por el Leviatán social. Ahora todo eso en aquellos países parece haberse desvanecido, arrasado por la evolución de los últimos años. Con la caída del comunismo parecen haberse desvanecido aquella cultura mitteleuropea que se resistió al régimen y aquellos valores en nombre de los cuales se libró aquella resistencia. Parece que sólo se quiere copiar el modelo occidental, borrando la propia peculiaridad. Pienso en el resurgir del nacionalismo y del antisemitismo... Tú has vivido en la Hungría comunista, huiste de ella, ahora vives de nuevo allí, como escritor italiano que dirige el Instituto Italiano de Cultura de Budapest, pero al mismo tiempo, también como húngaro. ¿Qué sucede ahora, no sólo en Hungría, sino en general en aquella (¿ex?) Mitteleuropa ?

Pressburger: -Los grandes nombres del pasado, artistas, científicos, hombres políticos, todos representados en tu libro Danubio , conocidos en todo el mundo, y que construyeron la conciencia del hombre moderno, están todavía allí. Pero la realidad actual de países como Hungría, la República Checa, Eslovaquia, Polonia, Estonia, Eslovenia, Serbia, Rumania, Bulgaria, aquella realidad es algo inesperado. Tiene mucho, muchísimo que decir al mundo entero. En esa gente, poco más de cien millones de personas, hay un depósito formidable de talentos. Sólo Hungría puede vanagloriarse de once premios Nobel de ciencia. Pero hay además una gran voluntad de hacerse valer, una agresividad de países jóvenes (aunque son antiguos). Las empresas industriales y comerciales que surgen y desaparecen en pocos meses, la política que se orienta y reorienta con gran velocidad son signos de una vitalidad no común: ¡Nada de haber sido! La vieja Mitteleuropa descubre que es joven. Hay guerras, conflictos espantosos, inútiles, trágicos. Sin embargo, visitando estos países, con sus magníficos edificios y palacios de paredes todavía descascaradas y ennegrecidas por cincuenta años de incuria y de guerras recentísimas, se tiene una sensación de empuje y de creatividad crecientes. El Imperio todavía acomete. O para volver a la metáfora zoológica, la mariposa está lista para recoger el polen de la historia.

Magris: -A veces pienso que los libros que he tratado de escribir en estos ya numerosos años están muy ligados a aquel mundo y a sus transformaciones, que los libros se anticipan, pero también resuenan como ecos. Me parece que esto es válido decididamente también para ti, por tus libros y los que escribiste junto con tu hermano Nicola.

Pressburger: -Sí, las historias del Ottavo Distretto (El octavo distrito) y L´elefante verde (El elefante verde) hablan de la caída del Gran Imperio y de los años que le siguieron. La legge degli spazi bianchi (La ley de los espacios blancos), Il sussurro della grande Voce (El susurro de la gran Voz), La coscienza sensibile (La conciencia sensible), Denti e spie (Dientes y espías) desde varios puntos de vista reflejan un poco, creo, los años del "enquistamiento". La neve e la colpa (La nieve y la culpa) y Di vento e di fuoco (De viento y de fuego) muestran la confusión que desencadenaron los cambios del último decenio. Dentro de pocos meses quisiera terminar una novela que habla de hoy. Todos estos libros nacieron de experiencias personales a veces muy dolorosas: persecuciones, fugas, enfermedades y muertes de parientes, la pena de la separación y los continuos viajes de socorro, la gradual desaparición de personas a las que estaba ligado por antiguos afectos. Ha comenzado otra era, desde hace tiempo, la de los hijos y la de los hijos de los hijos.

Una palabra elástica como un chicle

Nacida -como recuerda Arduino Agnelli en su libro- a mediados del siglo XIX, para designar un espacio político-económico danubiano hegemonizado por austroalemanes y húngaros, la palabra Mitteleuropa ha adquirido a lo largo de la historia diferentes y hasta contrapuestos significados. Definió una cultura y una literatura plurinacionales, pero también los programas nacionalistas alemanes; en los años 30 se convirtió en símbolo de humanismo universal en oposición al nacionalismo alemán, y de libertad individual contra los regímenes de corte soviético, después de la Segunda Guerra Mundial. Representó tanto las innovaciones revolucionarias como las obstrucciones regresivas, a los rebeldes como a los conservadores: una palabra que, como un chicle, toma la forma deseada.

Album de autores

Robert Musil:

Nació en Klagenfurt, Austria, en 1880 y murió en Ginebra, Suiza, en 1942. Ingeniero mecánico, se hizo conocer como escritor en 1906 con la novela Las tribulaciones del joven Törless . Aunque quedó inconclusa, su obra maestra es El hombre sin atributos , escrita en Zurich después de su fuga de Austria, de la que acaba de aparecer una nueva traducción en español.

Joseph Roth:

Austríaco de familia judía, nació en Schwabendorf en 1894 y murió en París en 1939. A su novela La tela de araña , de 1923, siguieron las dedicadas a la declinación del imperio de los Habsburgo: La marcha de Radetzky (1932) y La cripta de los capuchinos (1938). Ermanno Olmi ha llevado a la pantalla La leyenda del santo bebedor (1939).

Danilo Kis:

Nacido en Subotica, Yugoslavia, en 1935, murió en París en 1989. La muerte de su padre judío en Auschwitz marcó su imaginario literario, como se evidencia, entre otras obras, en Jardín, cenizas (1965) Penas juveniles (1969) y La clepsidra (1971). La denuncia del estalinismo es el tema central de Una tumba para Boris Davidovich .

Italo Svevo:

Seudónimo de Ettore Schmitz. De familia judía por parte materna y padre alemán, nació en Trieste (Italia) en 1861 y murió en Motta di Livenza en 1928. Tuvo un éxito de prestigio en 1892 con Una vida . Sus principales obras son Senilidad , de 1898, y La conciencia de Zeno , de 1923. En 1960 se publicaron póstumamente las comedias.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?