
Mujeres que ayudaron a la revolución
Se recuerda a Mariquita Sánchez de Thompson; hubo algunas que tomaron armas La influencia femenina se afianza durante las invasiones inglesas Un grupo de historiadores destacó las acciones valerosas de Martina Céspedes, Ana Riglos y Melchora Sarratea
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¿Qué viene a la mente cuando se evoca el 25 de Mayo? Seguramente las figuras de French y Beruti repartiendo cintas o la de Cornelio Saavedra, titular de la Primera Junta.
Todas figuras masculinas.
¿Qué sabemos, sin embargo de las esposas de estos u otros políticos, o de las mujeres que colaboraron en la gesta revolucionaria o participaron en la guerra por la emancipación?
Seguramente poco o nada.
"Los libros de historia hasta hace poco tiempo sólo detallaban los hechos políticos y no los sociales", explicó un grupo de historiadores -César García Belsunce, Lucía Gálvez, Cristina Minutolo, Laura Ledesma y Patricia Pasquali- que se reunió con La Nación para conversar justamente sobre el rol -poco conocido pero central- que tuvo la mujer a principios del siglo XIX.
De la hora de conversación, de las varias "damas" mencionadas la que se cosechó por lejos la mayor cantidad de ponderaciones y comentarios fue Mariquita Sánchez de Thompson, la dueña de casa donde por primera vez se tocó el Himno Nacional.
"No sólo por eso es importante. Tuvo una participación directa en la revolución. En su hogar se hicieron tertulias. Fue una mujer intelectual y vehemente. Se opuso a su padre cuando le prohibió casarse con Thompson", señaló Pasquali. "Y no sólo eso. Armó su propio negocio con éxito donde vendía cremas y perfumes exquisitos", comentó Minutolo. Algo que, dijeron, era común entre ellas.
"En Buenos Aires, había por lo menos unas 17 guías de exportaciones e importaciones con nombre de mujeres", comentó García Belsunce. "Y unas 47 propietarias de estancias en Buenos Aires", agregó Minutolo.
La mujer comenzó a tener protagonismo antes de la Semana de Mayo, durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807. A Manuela Pedraza -llamada "la tucumanesa"- le mataron a su marido y ella, que estaba a su lado, tomó el fusil.
"En situaciones críticas allí estaban", dijo Gálvez. A lo que Pasquali agregó: "Es la vehemencia propia del sexo. En circunstancias límite se pone a la par del hombre. Reacciona con sentimiento y es impulsiva".
"Durante las invasiones, Martina Céspedes, por ejemplo, tuvo tres hijas. En su casa hacían pasar a los ingleses uno a uno, les ofrecían agua ardiente y luego los tomaban prisioneros", explica Gálvez. "Lo curioso -agregó- es que una de las hijas se casó finalmente con un inglés."
"Ah, sí", la interrumpió Minutolo, muy apasionada."Es que las mujeres argentinas éramos (¿éramos?) inteligentes, lindas, coquetas, y con personalidad, lo cual atraía enormemente a los ingleses y franceses", dijo. "Además eran sonrientes, espontáneas, y a veces un poco liberales", apuntó Gálvez, para quien en 1860 se produjo un quiebre y ésta perdió peso con la moral victoriana que se apoderó de la sociedad.
Si de hombres se trata, el que aparentemente cosechaba gran éxito entre el género femenino era Manuel Belgrano. Minutolo se refirió a él así: "Fue el primero en emancipar y promover a la mujer a través de la educación"."También..., ¡cómo le gustaban las mujeres!", agregó García Belsunce. Aparentemente, se dijo, era "muy buen mozo".
Espías o luchadoras
En los días de Mayo, se dijo, las mujeres (algunas de las cuales se cortaban el pelo como adhesión a la causa) se ocupaban de coser los trajes que usarían los patriotas en las tropas.
En Buenos Aires, además de Mariquita, los historiadores destacaron el papel de Ana Riglos y Melchora Sarratea, que también organizaron tertulias revolucionarias. Y ya en 1811, cuando comenzó la guerra de emancipación, destacaron tres actitudes en el género femenino: sus donaciones para el ejército -alhajas; Gregoria Pérez donó tierras a Belgrano en 1811; en lo de Escalada, armas)-; su servicio de espionaje y su participación directa en la lucha.
"Magdalena Macacha Güemes, hermana de Güemes, era brillante en la batalla y en el campo diplomático", destacó Pasquali. Y tuvo -ella como tantas otras- una influencia central en su hermano. Juana Azurduy de Padilla es otra mujer que se ganó un lugar en la historia.
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