
Mundo superficial
UN LUGAR LLAMADO NADA Por Amy Tan-(Planeta)-Trad.: Claudia Conde-475 páginas-($ 49)
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Es dura y riesgosa la tarea de escribir sobre un mundo frívolo sin caer en la frivolidad. El peruano Alfredo Bryce Echenique, por ejemplo, nos ha mostrado con ingenio y mirada crítica el mundo burgués limeño de mitad del siglo pasado. Basta recordar Un mundo para Julius y la forma en que la servidumbre trataba al niño como si fuera una muñeca de loza.
Amy Tan, que alcanzó celebridad con su primera novela, El club de la buena estrella , se ha lanzado a estas peligrosas aguas contándonos la historia de Bibi Chen y sus once amigos. Todos ellos son norteamericanos con ascendencia asiática y pertenecen a un sector privilegiado de cualquier sociedad, sector donde se mezclan la cultura y el dinero. De hecho, Bibi es dueña de una importante galería de arte y antigüedades chinas ubicada en la ciudad de San Francisco. El grupo ha decidido realizar el viaje de sus vidas, recorrer desde el Himalaya hasta las selvas de Birmania. Un par de semanas antes de iniciar el periplo, la organizadora de la expedición, Bibi, muere en extrañas circunstancias, con su cuello cercenado por su propio peine. Esto no será obstáculo para que los demás miembros del grupo continúen con la aventura, ni tampoco para que Bibi se convierta en la narradora de toda esta historia. Su espíritu suspendido en el limbo nos cuenta paso a paso todos los detalles de su funeral y la suerte de cada uno de sus amigos. Un día antes de Navidad, el grupo casi entero se pierde en la selva birmana. Sólo uno de ellos, gracias a una resaca mañanera, no realiza la excursión de tan triste final. Como puede verse, Bibi se convierte, poco a poco, en un narrador omnisciente.
Quizá Tan quiso ironizar sobre estos ricos que se jactan de lo cultos que son. Para ello utilizó una narradora tan esnob como el mundo que retrata. Casi lo logra. Isabel Allende dijo de este libro: "Una aventura casi mágica". Como se ve, algo le faltó al relato para ser mágico y algo le falta también para convencer. A veces logra rozar la ironía, pero siempre queda la sensación de que el relato es de una enfermiza ingenuidad. Un libro escrito para gente que pertenece a ese lindo mundo que mezcla las artes con el dinero o, peor aun, para quienes desean fervientemente pertenecer a él.




