Murió Rubem Fonseca, el narrador del submundo de Brasil

Había ganado el premio Camoes
Había ganado el premio Camoes
Marcelo Silva de Sousa
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15 de abril de 2020  • 19:42

Cuentista, guionista de cine y esencialmente un narrador del submundo moderno, a los 94 años, falleció Rubem Fonseca, considerado uno de los mayores cuentistas brasileños. Fonseca sufrió un infarto en la tarde de hoy, poco después del mediodía, en su departamento en Leblon, en la zona sur de Río de Janeiro. El escritor fue trasladado a un hospital, pero no resistió y llegó sin vida, victima de un paro cardíaco.

En 2003 había sido distinguido con el premio Camões, el más prestigioso premio literario en lengua portuguesa. Además, diez años antes, había sido reconocido el premio Juan Rulfo, antecesor del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

Fonseca, nacido en Minas Gerais y formado en Derecho, se demoró para encontrar su lugar en la literatura. Comenzó a publicar tardíamente, con casi 40 años. Antes de adoptar la escritura como medio de vida, trabajó en comisarías, juzgados y hasta en la principal empresa de energía eléctrica de Río, ciudad adonde llegó con 8 años y de la cual se convirtió en uno de sus grandes narradores.

Con una escritura estilo visceral, se lo considera uno de los grandes cuentista brasileño de la segunda mitad del siglo XX. En su obra narra, en un estilo directo, con una notable economía del lenguaje propia de los grandes cuentistas norteamericanos, temas como la violencia, el erotismo y las transformaciones de la vida con el crecimiento de las urbes modernas.

Entre los principales libros de Fonseca, las recopilaciones de cuentos Feliz ano novo (1975) y O cobrador (1979), se convirtieron en dos de los grandes clásicos de la literatura brasileña.

Muchas de sus historias se ambientaban en el submundo, alimentadas por su experiencia de vida como policía -fue comisario-- en la década del 50. Así algunos de sus protagonistas son abogados criminalistas, inspectores, detectives, prostitutas y marginales que deambulan Río de Janeiro.

Lucia McCartney,O Caso Morel y A Grande Arte e Agosto, adaptada por el canal Globo en los años 90, fueron algunos de los libros que lo consagraron como escritor de literatura policial.

Para la escritora Nélida Piñón, ex presidenta de la Academia Brasileña de Letras (ABL), Fonseca consiguió, además, retratar como pocos narradores la esencia del brasileño.

"Era mordaz, cruel, reivindicaba uma verdade al precio que fuese necesario. Y al mismo tempo era un gran moralista. Deseaba que el ser humano fuese mejor de lo que era y como narrador le cabía denunciar esas imperfecciones", dijo a LA NACION Piñón.

"Perdimos un maestro de la narrativa brasileña y a un intérprete de la ciudad de Río", agregó la escritora, quien mantenía una amistad con el autor de O Cobrador.

La historia también está presente en su obra. En Agosto, su novela histórica más famosa se reconstruyen las conspiraciones que culminaron con el suicidio del ex presidente y general Getulio Vargas.

La obra de Fonseca superó la literatura y llegó al cine y a la televisión gracias al abogado Mandrake, un personaje antológico protagonista de algunos de sus cuentos y novelas.

"Fonseca consolidó y expandió por primera vez una literatura verdaderamente urbana, con una mirada crítica sobre los dramas de los habitantes de las grandes ciudades sin culpabilizar a las urbes. Captó como nadie las tensiones urbanas.", aseguró Vera Figueiredo, profesora de literatura y autora de Los crímenes del Texto: Rubem Fonseca y la literatura contemporánea.

Mujeriego e inmoral, además de conocedor de los sótanos cariocas, Mandrake llegó a ser protagonista de una serie de televisión de la cadena HBO, con el guión de Jose Henrique Fonseca, hijo de Rubem.

Una de sus obras más célebres, Feliz Ano Novo, cinco cuentos con historias de personajes marginales, quedó envuelta en una polémica por la censura en 1976 decidida por la dictadura militar brasileño (1964-1985) cuando ya era un best-seller.

En ese libro se cuenta, desde el punto de vista de tres asaltantes, cómo se prepara un robo a la casa de una mansión en año nuevo, en escenas crudas con violaciones y asesinatos.

El régimen de facto lo prohibió por considerar que atentaba contra las buenas costumbres, por la temática y por el lenguaje visceral. Por su estilo, Fonseca fue catalogado como un escritor "brutalista".

"La violencia en Fonseca no es sólo el asalto, el tiroteo y el crimen. Es la violencia de las relaciones humanas en el mundo contemporáneo y la violencia de la injusticia social", dijo Figueiredo.

Tomás Eloy Martinez lo había descrito alguna vez como un "narrador del mal", en un artículo publicado en LA NACION. "Cada una de sus palabras es como una nota música desgajada de la sinfonía del Mal", dijo el autor de Santa Evita.

En los últimos años, Fonseca se mantenía recluido en su departamento la mayor parte del tiempo. A pesar de su edad, continuaba escribiendo. En los últimos diez años había publicado cinco libros: un relato, "José", en 2011, y cuatro libros de cuentos, el último de ellos Carne crua, que llegó a las librerías hace dos años.

Casi no frecuentaba la calle, cuando salía intentaba no ser reconocido, le escaba a eventos públicos y tampoco le gustaba dar entrevistas, rasgos que lo emparentaban con el padre de la Bossa Nova, Joao Gilberto, otro artista que dejó a los cariocas en el último tiempo.

Piñón lo describió como una persona sencilla, cariñosa y simple, que con su amistad lo acompañó en momentos difíciles. El contexto de la pandemia del coronavirus impedirá que haya homenajes físicamente, pero mucho amigos y escritores brasileños elegían las redes sociales para despedirlo.

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