Neruda y su herencia de alegría
A 100 años del nacimiento del gran poeta chileno, su coterráneo Antonio Skarmeta lo recuerda como un artista multifacético, comprometido con las clases populares y desbordante de buen humor
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Pablo Neruda nunca quiso que con su muerte desapareciera su herencia de alegría. Por eso, siguiendo las indicaciones del poeta, otro escritor chileno, Antonio Skarmeta, celebra el centenario del nacimiento de uno de los artistas más trascendentes del habla hispana con la misma tónica que el genio le imprimiera a su vida.
Así por lo menos lo recuerda quien lo retrató en la novela "Ardiente Paciencia", llevada la cine con el nombre de "El Cartero", donde describe una imaginaria relación entre el autor de "Canto General" y un trabajador de correo sencillo e ingenuo.
En un reportaje con LA NACION LINE , el autor de "Neruda por Skarmeta", una antología comentada de los poemas que el escritor considera relevantes, rememoró su relación con el poeta y lo definió como un artista multifacético, comprometido con la gente más sencilla y desbordante de buen humor.
-¿Qué significado adquiere la obra del poeta con todos los cambios políticos y sociales que surcaron el siglo XX?
Una confirmación rigurosa de lo perdurable que es la poesía. Pablo Neruda le sigue hablando no solamente a estudiantes, especialistas o académicos sino que es un poeta que desbordó los estrechos márgenes de las aulas y llegó al lector de una manera apasionada, fértil, inspiradora. De modo que, ahora que cumple 100 años, las celebraciones deben tener una tónica de alegría. Pablo Neruda siempre dijo que cuando él muriera no le gustaría que desapareciera su herencia de alegría, y es con este tono que estoy celebrando su prodigiosa obra y vida.
-¿Cómo describiría el carácter del escritor?
Neruda tiene muchas facetas. El Neruda de "Residencia en la tierra" es un poeta atormentado, metafísico, que expresa las angustias del hombre contemporáneo con imágenes muy originales, rupturistas. Después tenemos el Neruda más querido que es el de los "Veinte poemas de amor y una canción desesperada" o el de los "Cien sonetos" para su esposa Matilde Uritia. Está también el Neruda que en obras como "Canto General" le devuelve dignidad y le da visibilidad a las culturas indígenas de América latina, soterradas bajo esta racionalidad blanca y occidental. Entre lo que más me gusta de su obra están sus "Odas elementales", esas piezas escritas con una claridad, transparencia, alegría y con un tremendo ingenio metafórico, que le hace sentir a cada persona que la poesía es algo fácil, respiratorio. Entonces, en un mundo ahogado por tanta mediocridad, que una poesía alcance un status de popularidad hace la vida más transitable.
-Usted hacía alusión a las distintas facetas del escritor. Una de ellas es Neruda como político y diplomático, siempre ligado a lo popular, con una postura ideológica de izquierda. En un país como Chile, donde hay una fuerte presencia de un sector conservador. ¿Qué sensaciones y reflexiones despierta el autor en todo el pueblo chileno no sólo desde el punto de vista literario sino también político?
Es evidente que la gente de izquierda siente una afinidad emocional más fuerte con el poeta, porque él se presentó toda la vida como un amante de la gente más sencilla, de los trabajadores, de sus oficios. Neruda fue un portavoz de ellos y el pueblo lo reconoció agradecido. Podía ser hosco con algunos funcionarios o con alguna gente pedante, pero tuvo siempre una palabra amable hacia la gente simple.
La situación actual es que Neruda es una figura chilena. Incluso sectores de derecha reconocen la potencia de su obra y no le discuten con mezquindad política el posicionamiento que hay de Chile en el imaginario mundial gracias a su obra. Diría que se ha producido el fenómeno contrario, que empresarios e industriales chilenos colocan productos en el mercado internacional bajo el nombre del poeta. Se venden uvas de la tierra de Neruda, vinos del país de Neruda, salmones del mar Pacífico que cantó Neruda.
-¿La posición ideológica de Neruda tiene que ver con su origen?
Su origen es muy humilde. Su padre era un maquinista de locomotora. Neruda nunca olvidó su procedencia, y una y otra vez vuelven a su poemas las condiciones de pobreza en que vivió. Alguien que ha experimentado de verdad la miseria, alguien para quien no es un tópico literario sino una marca en el cuerpo, sabe contarla y ver el dolor en el otro.
-¿Cómo repercutió el exilio en su vida y en su obra?
Por curioso que sea, el exilio desató una enorme fuerza creativa porque los poemas en los que evoca a Chile desde la distancia están llenos de descubrimientos de un país trascendental. La mirada desde lejos está teñida de una gran emoción. Siendo el exilio un gran tema del siglo pasado y del nuestro, estos poemas son casi emblemáticos de aquellos que han perdido su territorio y, en muchos casos, la lengua en que se expresan. Al mismo tiempo, en el exilio el poeta tiene que comunicarse con culturas que son diferentes y perfeccionar su aparato expresivo para ser elocuente ante otros auditores. Neruda en el exilio vivía en un mundo muy amplio, de grandes relaciones intelectuales y políticas, donde podía llevar adelante la causa de Chile y al mismo tiempo ampliar su repercusión como poeta gracias a este núcleo de poderosas amistades que tenía.
-Antes de recibir el Nobel de Literatura, ¿ya tenía conciencia del lugar que ocupaba en la literatura hispanoamericana y mundial?
Sí, la tenía muy claramente. Incluso estaba un poco irritado por la tardanza de ese premio, que año a año se anunciaba para él, pero nunca llegaba. Estaba a la expectativa y anhelaba ese galardón. Además, ya se habían publicado escritos medulares de críticos internacionales sobre la obra de Neruda. Era un fruto que caía de maduro.
-¿Qué relación tuvo usted con el poeta?
En los tiempos que lo conocí yo era un joven escritor que había publicado mis primeros libros. Recuerdo que le llevé mi primera obra para que la conociera y trabé una amistad, que no definiría como íntima. Él tenía un círculo de adeptos que tenían más edad y estaban políticamente más cerca. También resguardaba bastante su intimidad, de modo que no era fácil disfrutar del tiempo con él. En aquel entonces yo era un escritor bastante desordenado que no tenía una tendencia a adorar mitos, pero al mismo tiempo conocía muy bien su poesía, así que era capaz de jugar con ella, conversar de sus sentidos ocultos. Esto produjo entre nosotros un diálogo fluido lleno de humor, de paseos muy fructíferos y muy divertidos por la playa.
Cuando tenía una novia que me parecía especialmente seductora, la llevaba a la playa y le presentaba al poeta. Con eso, mis bonos subían extraordinariamente. Fue una relación extremadamente feliz y yo creo que eso marca muy fuertemente el carácter de mi personaje en El Cartero, que es un Neruda de ficción, pero estimulado por la relación real que tuve con él.
-Respecto a la construcción de ese personaje, ¿no tuvo miedo de la respuesta que podía tener de la crítica o de algunos adeptos al poeta?
No, porque el Neruda que yo hice es un Neruda basado en la experiencia. No tuve ninguna inhibición en tratar libremente a una figura literaria. Por cierto, mi Neruda puede diferir del de otros biógrafos porque el mío es un poeta que está en el campo de la ficción. En los momentos de más popularidad de mi novela, muchos periodistas internacionales visitaron Chile y querían encontrar al cartero y se mostraban bastante enojados conmigo porque yo les decía que no existía. De la misma manera en que el que el cartero es un personaje literario, mi Neruda es un protagonista de ficción. Naturalmente inspirado en la emoción y en la admiración que yo tuve.
Skarmeta por Skarmeta
Hijo de una familia croata, Antonio Skarmeta nació en Antofagasta, en el norte chileno, y estudió filosofía y letras en la Universidad de Chile y en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Después del golpe de Augusto Pinochet en 1973, se exilió en Alemania hasta 1989, cuando regresó a su país.
Publicó varias obras, pero saltó a la fama internacional con "Ardiente Paciencia", llevada al cine bajo el nombre de "El Cartero", que retrataba la ficticia relación entre Pablo Neruda y un pescador devenido en cartero.
Fue distinguido por el gobierno de Francia como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. Italia le concedió el título de Comendador y Alemania la Medalla Goethe. Sus obras alcanzaron algunos de los más prestigiosos premios internacionales: "La boda del poeta" recibió el Prix Médicis, en Francia, y el Grinzane Cavour, en Italia; "La chica del trombón" obtuvo el Elsa Morante, y "No pasó nada", el Boccaccio Internacional. Su novela "El baile de la victoria" recibió el Premio Planeta 2003.
Tan multifacético como el propio Neruda, Skarmeta fue embajador de Chile en Alemania entre 2000 y 2003. Además, fue conductor durante años de "El Show de los libros", un programa televisivo destinado a difundir la literatura.
Respecto a la influencia de Neruda en su literatura, el artista expresó: "Me gusta mucho el gesto respiratorio, el gesto gregario de escribir dentro de una ciudad, dentro de un mundo concreto y de una energía poética que le gusta jugar con imágenes, que explora la libertad del lenguaje y que no se arredra en cientos énfasis líricos. Algo de eso hay en mi obra".
De todos modos, Skarmeta reconoció que sus grandes influencias vienen básicamente de la literatura dramática. "Mi autor de cabecera es Shakespeare. Me gustan las obras clásicas como Lope de Vega y el teatro francés y norteamericano contemporáneo. Creo que en mis novelas hay cierto histrionismo en la puesta en escena."





