
Paisajes nocturnos de Juan José Cambre
La repetición y la diferencia son los temas principales de la última producción del artista porteño.
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DIEZ años después de sus primeros cuadros con cuencos sistemáticamente reiterados, Juan José Cambre (Buenos Aires, 1948) exhibe una serie de pinturas de reciente realización. En ellas ya no están las conocidas vasijas.
El conjunto de telas, pintadas en los últimos meses y ahora expuestas en la Fundación Federico Jorge Klemm, tiene como único referente el paisaje. Cuadros apaisados, algunos con dimensiones casi insólitas, muestran titilantes contraluces, frágiles luminarias emergiendo en la noche cerrada, manchas claras sobre tonos oscuros y fríos.
Hyde Park 1997 , una de las telas expuestas, de 27 x 240 centímetros, tiene zonas en las que se acumulan las luces y zonas oscuras en las que nada se percibe. En otros cuadros se adivina el follaje, las largas ramas de los árboles que se descubren, más que como presencias gráficas, como direcciones virtuales diseñadas por las lámparas incandescentes. Una y otra pintura insisten en el mismo discurso: luces y sombras de un paisaje apenas vislumbrado. Los títulos refuerzan la idea de "lugar": Pinamar 1976 , New Orleáns 1950 , Milano 1999 , Monte 2000 .
Como lo hacía con los cuencos, Cambre repite invariablemente el mismo motivo. Nuevamente juega con las sutiles diferencias entre uno y otro cuadro. Luces, como lunares emergiendo de las matas, y sombras pardas, azules o verdes, diseñan sistemáticamente las telas. Todo parece igual; sin embargo, las variaciones atrapan la mirada y suscitan la reflexión del contemplador.
Estos paisajes, con evidencia, son menos pictóricos que fotográficos. Los contraluces pertenecen a la temática de la fotografía nocturna. Placas tomadas por el pintor, o simplemente "apropiadas" de revistas ilustradas, son el documento previo utilizado por el artista para realizar los cuadros. De ellos sólo se ha escogido un detalle.
La obra de Cambre, como siempre, no está dirigida a producir una sola experiencia comunicativa; es vulnerable a las infinitas experiencias privadas de los espectadores que las contemplan.
Excelente exposición la de Cambre, un pintor que comenzó a exponer al promediar los años setenta e integró el grupo Nueva Imagen en 1983. Desde entonces, con coherencia conceptual y estética, desarrolló una obra que habla, ante todo, del silencio. Esto en una época dominada por el ruido generalizado.
( Pinturas de Juan José Cambre. Hasta fines del actual, en la Fundación Federico Jorge Klemm, M. T. de Alvear 626. )
Inicio de la temporada
La temporada de exposiciones recién comenzó. Las galerías presentaron las primeras muestras y se aprestan a inaugurar las próximas. El panorama es alentador: Liliana Porter y Gustavo Romano en la galería Ruth Benzacar; Elba Bairon, Jorge Gumier Maier y Cristina Schiavi en el Centro Cultural Recoleta; Marcia Schvartz y luego Pablo Suárez en la Galería del Patio de Esculturas del Centro Cultural General San Martín; Leo Rocco en la Plaza de las Américas, en el mismo centro cultural; Marta Ares en Gara; Sergio Bazán en la galería Diana Lowenstein Fine Arts; Juan José Cambre en la Fundación Federico Jorge Klemm; Juan Carlos Romero en la sala Perspectivas del Museo de Arte Moderno; Juan Doffo en la galería Van Eyck; Anselmo Piccoli en la Fundación Andreani. Algunas finalizaron hace pocos días, otras continúan en exhibición.
Todo en un mes, la oferta cultural parece interesante, más aún si se suma la notable exhibición de Giorgio De Chirico en el Centro Cultural Borges. También se exponen algunos ejemplos del arte industrial, con su dosis de cursilería y de falso academicismo. No importa, alguien dijo que en el mundo del arte las tragedias son leves.
En este panorama pueden destacarse las exposiciones individuales de Sergio Bazán (Buenos Aires, 1962) y Ernesto Ballesteros (Buenos Aires, 1963).
Todas las pinturas de Bazán muestran pentagramas, notas y otras anotaciones musicales. Sobre ellos se agrupan círculos concéntricos, lunares, hexágonos con estructura de panal de abejas, rayas, manchas. ¿Relaciones de formas y sonidos? Quizá, sólo pistas por seguir. Apenas preguntas y el riesgo de no encontrar respuestas. También, y no es poco, pintura abstracta.
La exposición de Ballesteros está integrada por un conjunto de dibujos sutilmente engañosos. Cada trabajo es la solución de un problema. Un dibujo, titulado 5000 líneas formando una imagen doble , según se afirma, fue realizado trazando 5000 líneas en 11, con la premisa de que partieran de un lateral y lleguaran al otro, ejerciendo mayor presión del lápiz al pasar por dos zonas poco delimitadas de la hoja.
Ernesto Ballesteros, con humor e ironía, realizó los dibujos a lápiz (en ocasiones directamente sobre la pared) aparentando una objetiva propuesta conceptual. Complejos, casi obsesivos, los dibujos, con miles de finísimas líneas y puntos, con recorridos, ovillos y rayas dispersas, muestran la sensibilidad de la mano que traza, se detiene, continúa, se cansa o agota en el cumplimiento del plan propuesto.
( Las muestras de Sergio Bazán y Ernersto Ballesteros se vieron hasta fines de abril en la galería Diana Lowenstein y en el Instituto de Cooperación Iberoamericana, respectivamente. )



