
Poesía nuyorican con sabor a café
Nueva York se ha convertido en el escenario privilegiado donde ha nacido un movimiento poético, el nuyorican, que expresa la experiencia de los escritores de tradición puertorriqueña. Esos textos denuncianla realidad cotidiana, la injusticia y la discriminación, pero también cantan al sexo, al amory al descubrimiento del yo con un ritmo y un acento propios
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"¿Dónde están mis boricuas?", gritó Anthony Morales un viernes por la noche, durante un reciente poetry slam -una especie de torneo poético- en el legendario Nuyorican Poets Cafe del Lower East Side. Convocaba a los puertorriqueños allí presentes. La concurrencia, en la que se codeaban representantes aristocratizados de diversas etnias, quizá no sabía que, en su poema, Morales rendía homenaje a los fundadores del escenario que ocupaba, a aquellos poetas de la revolución, drogados y ebrios hasta la locura, que daban soluciones poéticas a la contaminación política, organizando una confusión rítmica de asimilación a estos Estados Desunidos, esta nación que se desayuna con huevos, queso y tocino.
Uno de esos profetas fue el poeta y dramaturgo Miguel Piñero, encarnado por Benjamin Bratt en el film Piñero , cuyo estreno ha puesto de relieve el escenario poético del Nuyorican, surgido en los años 60 y 70.
Morales nació en el Bronx, tiene 21 años y cursa literatura inglesa y latinoamericana en la Universidad de Columbia. Tal vez esté muy alejado del mundo de Piñero, autodestructivo, dominado por el crimen e infestado de heroína, pero, aun así, pertenece a la misma tradición literaria, nacida de la experiencia puertorriqueña en Estados Unidos. "Mi poesía habla del esfuerzo por encontrarle un sentido al mundo, del hecho de ser un muchacho puertorriqueño -explica-. Tenemos historias increíbles para contar."
En 1974, la historia que narró Piñero en Short Eyes , un drama carcelario presentado por el Public Theater de Joseph Papp y en el Lincoln Center, obtuvo el Premio del Círculo de Críticos Teatrales de Nueva York a la mejor obra teatral norteamericana. Transcurría en un taller del Correccional Ossining (Sing Sing), donde Piñero cumplió una condena por robo a mano armada. Ese año, Miky -así lo llamaban- fue uno de los fundadores del Nuyorican Poets Cafe. Murió de cirrosis en 1988, a los 41 años. Su poesía, en la que entremezcló el inglés y el castellano, tenía una sólida base sociopolítica; utilizó el lenguaje callejero para documentar la realidad urbana y carcelaria.
El movimiento poético del Nuyorican recibió el influjo de escritores beat , como Jack Kerouac, de poetas negros revolucionarios, como Amiri Baraka, y de la poesía oral tradicional de Puerto Rico. Y aprendió de la discriminación, la segregación y otras experiencias crueles padecidas por los puertorriqueños radicados en Nueva York. "Salíamos de los 60 y había un cambio del odio a sí mismo al amor a sí mismo", recuerda Sandra María Estéves, una poeta de 53 años, con obras publicadas, nacida en el Bronx de padre puertorriqueño y madre dominicana. "Eso nos marcó, y mucho -dice, refiriéndose al movimiento nuyorican, del que también fue cofundadora-. Abarcó y aceptó nuestra identidad. Fue algo muy distinto de los mensajes que recibí en mi niñez y adolescencia."
Hoy, la poesía nuyorican puede abarcar desde los sonetos hasta los versos frenéticos de los slams ; sus temas son universales: la política cotidiana, el sexo y el amor, el descubrimiento del yo. Los poetas se mueven en un ámbito menos aglutinante y más idealizado que en tiempos de Piñero. Ahora, la poesía es promovida por la subcultura juvenil de los barrios bajos y recitada de una manera más teatral, más "actuada", que algunos poetas nuyoricans critican porque, a menudo, apunta a entretener y escandalizar al público, más que a expresar la personalidad del autor. Miguel Algarín, principal fundador del Nuyorican Poets Cafe, opina que la poesía actual tiene lugar en un marco más integrado: "Por una vez siquiera, logramos que Estados Unidos concilie y aúne realmente sus innumerables etnias. Diez mil etnias centran su atención en una forma de arte. Paradójicamente, el puertorriqueño norteamericano, el nuyorican, se ha convertido en la tendencia predominante de la poesía norteamericana".
No obstante, cierta preocupación por la situación de Puerto Rico sigue siendo su anclaje y su filo, como hace treinta años. Muchos escritores jóvenes dijeron haber virado hacia la poesía impelidos por enfrentamientos racistas en escuelas con mayoría blanca; por haber sido testigos de injusticias padecidas por sus familiares o vecinos a manos de la policía, los propietarios de sus viviendas o los asistentes sociales; por la necesidad de expresarse o, como dijo un poeta, "para demostrar que yo era un ser humano". Algunos notaron ciertos paralelos entre la poesía negra y la chicana. "Es una cuestión de supervivencia. Cuando ves cosas que están mal, quieres denunciarlas. Es un lenguaje crudo para una experiencia cruda", explica el poeta Willie Perdomo, de 34 años, que dice haber sufrido su cuota de brutalidades durante su infancia en East Harlem.
También exploran a fondo cuestiones de identidad. En su "Ode to the Diasporican" ("Oda al diasporriqueño"), María Teresa Fernández, una poeta del Bronx, de 30 años, a quien llaman Mariposa, enfrenta a quienes la tildan de "falsa" por no ser puertorriqueña nativa. Puerto Rico, escribe, "es un estado de ánimo, un estado del corazón, un estado del alma". Más aún: a menudo, el término nuyorican se aplica a poetas puertorriqueños radicados en otras partes de Estados Unidos. La ganadora individual del Poetry Slam Nacional 2001, en Seattle, fue Mayda del Valle, una joven de 23 años, oriunda de Chicago, radicada en Nueva York hace apenas un año, que compitió integrando el equipo del Nuyorican Poets Cafe. Triunfó con dos poemas: "Ascendencia", sobre las frustraciones de verse etiquetada, limitada y estereotipada, y "Tácticas de la lengua", una defensa del spanglish (mezcla de inglés y castellano). "No es lo mismo ser una puertorriqueña de Chicago que una puertorriqueña de Nueva York, pero en ambas subyacen experiencias similares -afirmó-. Todos experimentamos la sensación de ser forasteros en Puerto Rico y en Estados Unidos. Me considero parte del movimiento y, sin duda, siento el vínculo."
El Nuyorican Poets Cafe todavía es un floreciente centro poético y, para muchos nuyoricans, un hogar, pero el barrio se ha vuelto elegante, caro, más liberado del crimen y la droga. El café ha ampliado su esencia y su público más allá de sus bohemias raíces puertorriqueñas. En aquella velada reciente que mencioné al principio, unas 120 personas se apretujaban en la barra y alrededor de las mesas: eran jóvenes latinoamericanos, negros, blancos y asiáticos, de buenos modales, que bebían cerveza.
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Hoy los poetas nuyorican también leen sus obras en el Point del Bronx, el Bar 13 de Greenwich Village y el Poetry Project de la Iglesia San Marcos, del Bowery. Algunos se ganan la vida dirigiendo talleres de poesía en escuelas y recorriendo colegios universitarios, donde leen sus poemas; otros trabajan de día en medios informativos y agencias de publicidad. Además de leer sus obras, con frecuencia actúan y cantan en sus propios espectáculos y funciones unipersonales. Spic Chic , el unipersonal estrenado en enero en el Nuyorican Poets Cafe, combina la poesía, la música, el teatro y los monólogos para pintar el orgullo del puertorriqueño por sobrevivir en Estados Unidos. Su creador, Luis Chaluisan, de 44 años, lo describe como "las nuevas aventuras de un puertorriqueño impenitente que no se compadece de sí mismo", "¿Saben qué es un nuyorican? -preguntó-. Es alguien que encuentra soluciones. ¿Cómo me sobrepongo a esto?" Pese al escenario vibrante y a las oportunidades, cada vez mayores, de leer sus poemas, publicarlos y enseñar, algunos poetas dicen que, en gran medida, su obra todavía es marginada. Según ellos, en su mayor parte escapa a los críticos y estudiosos tradicionales, no accede a los grandes diarios o revistas literarias que publican poesías y está poco representada en las librerías. Martín Espada, de 44 años, nacido en Brooklyn, profesor de inglés y castellano en la Universidad de Massachusetts (Amherst), con seis libros de poemas publicados, dice que esta situación refleja, en parte, la escasez de editores puertorriqueños en la industria del libro. También podría indicar -añade- cierto desagrado por cuanto recuerda las penurias socioeconómicas que han soportado tantos puertorriqueños en este país. "Los poetas puertorriqueños somos cronistas. Escribimos acerca de las mismas cosas sobre las que escriben los demás -explica-. La diferencia está en que la gente que puebla nuestros poemas sufre a causa del sistema bajo el que vivimos, en vez de beneficiarse con él. Por eso califican de política nuestra obra." Espada cita como sus influencias tempranas la novela Down These Mean Streets , de Piri Thomas, el poema "Necrología puertorriqueña", de Pedro Pietri, y Short Eyes , que fue llevada a la pantalla.
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Hablando de films, Piñero , escrito y dirigido por León Ichaso ( El Súper , Crossover Dreams ), ha suscitado juicios muy dispares entre los poetas nuyorican. Los fundadores y veteranos del Nuyorican Poets Cafe, como Algarín y Pietri, que aparecen en el film, asistieron a su estreno en Nueva York, en diciembre pasado. Algunos, entre ellos Estéves y Espada, criticaron la elección del protagonista, señalando que hubo otros poetas dignos que llevaron una vida menos sensacional, o superaron la droga u otros problemas, y no murieron jóvenes. "¿Y qué nos dieron? Un asaltante borrachín. ¿Por qué nuestro héroe tiene que morirse al final?" Sin embargo, muchos otros se declararon conmovidos y vigorizados por un film que, además de reconocer un movimiento literario norteamericano, infunde en las generaciones más jóvenes la sensación de pertenecer a una tradición. "Nos legitimó, al expresar nuestra existencia -opinó Mariposa-. No sólo estamos aún aquí; también poseemos una tradición y una historia." Piñero todavía es un ícono para algunos poetas nuyorican más jóvenes. "Su mayor influencia radicó en el lenguaje que utilizaba -comentó Perdomo-. Dio vida a la calle. Uno podía oír a la gente de la calle hablando de la misma manera. Representó a los poetas que daban voz a las voces."
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Perdomo y sus pares están forjando su propio legado. Perdomo, un gerente de Henry Holt & Co., lleva publicados dos libros de poemas, uno para adultos y otro para niños. Dice haberlos escrito bajo cierta sensación de amenaza, al ir mermando la población puertorriqueña en Nueva York. "A los del Lower East Side, los están empujando hacia el río -se lamenta-. La gente está regresando a Puerto Rico. Mucho de lo que se escribe nace de una sensación de urgencia." Su objetivo declarado es "dejar una obra sólida, para que el chico de la Calle 110 pueda ir a la biblioteca, ver su mundo al revés y encontrar una voz".



