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Bahía Creek es uno de los títulos de "Rutas argentinas" del capítulo Buenos Aires-Bariloche; el libro presenta otros dos tramos: Buenos Aires-Salta y Buenos Aires-Iguazú
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Pueblos y parajes del país: disfrutar del viaje como si fuera una aventura

Cada salida es única, “es nuestra road movie”, dice el autor en el prólogo de “Rutas argentinas”, para asomarse a un fascinante recorrido por la Argentina

Cada salida es única, “es nuestra road movie”, dice el autor en el prólogo de “Rutas argentinas”, para asomarse a un fascinante recorrido por la Argentina

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El libro que estás a punto de leer tiene una misión: que podamos volver a disfrutar de los viajes como si fueran una aventura. La vida es movimiento, decía Leonardo Da Vinci. Por su parte, el maestro John Steinbeck, en el que considero el mejor libro de viajes, Viajando con Charley, aseguraba que “no somos nosotros quienes hacemos el viaje, sino el viaje quien nos hace a nosotros”, y que no sirven los consejos ni las planificaciones. El camino manda, y lo peor que podemos hacer es pensar que tenemos controlado el viaje. Un viaje es libertad, también incertidumbre y aquello que no sabemos que pasará. Tenemos ventajas: somos protagonistas principales de esa película que el propio camino va dirigiendo. Es una enfermedad incurable para los que hemos nacido con la curiosidad de despertarnos en lugares donde nunca hemos estado, de esperar con infantil ansiedad ver con los ojos lo que antes observamos en un mapa. Puedo haber vuelto hace horas de un viaje, pero, en dos o tres días, cuando oigo el sonido de un avión sobrevolar el patio de mi casa o cuando siento el motor de un auto que pasa cerca, mi mirada se dirige inmediatamente a la maleta que siempre está a un costado de mi escritorio. Esa necesidad de salir se activa y se manifiesta con una comezón en la palma de las manos, un cosquilleo en la panza y un ardor en los ojos. La mirada de un ser humano no está hecha para permanecer encerrada en una casa, una cueva o un departamento. Nacimos en una libertad absoluta, que solo era interrumpida por la aparición de alguna bestia. Caminamos durante siglos, fuimos personas en movimiento, no sabíamos bien a dónde nos dirigíamos, pero nos movimos siempre. La intuición se fue perfeccionando en estas salidas prehistóricas, fue necesario que muchos viajes tuvieran un final trágico o el no deseado para que hoy tengamos esa intuición en una versión mejorada, aunque, en todos los casos, la intuición es una señal que sigue a otra. Cuando pienso en aquellos primeros viajeros y en mí, que viajo tanto, o en una persona que en la intimidad de su habitación prepara por primera vez una maleta, es inevitable imaginar que es el mismo rincón del corazón y la cabeza el que se activa ante la inminencia de un viaje. Pasaron siglos, pero somos los mismos. Todos aquellos temores y dudas, curiosidad e inquietud, alegría y sorpresa que tenían esos hombres cuando salían de sus cuevas o de primitivas chozas y emprendían el viaje a lo desconocido son similares a los que sentimos ahora, con tanto mundo que ha pasado por el mundo. Pero qué es un viaje. Por qué necesitamos irnos, qué perentoria, eléctrica, insistente y a veces obsesiva fuerza nos lleva a necesitar salir de nuestro hogar y de nuestra cama. Sin duda, son esquemas que mantenemos de aquellos viajes primitivos, cuando partíamos sin saber a dónde íbamos a terminar el día o a pasar la noche. Todo aquello queda, cómo no habría de hacerlo. Un viaje es un salto al vacío y en esta época es una manera de reconciliarnos con nuestra mejor versión, que es la antigua. Desde el principio de nuestra historia, los viajeros fueron los que la hicieron y, por sobre todas las cosas, los que, con su aventura, trasladaban historias. Viajamos porque nuestra mirada, lo sabemos, necesita ampliar su alcance; los interminables horizontes son un alimento. Esto es lo que nos lleva a sentir ese impulso de salir. En la actualidad, los viajes son la mejor manera de regresar a la aventura. Anticipo algunas cosas: no existe seguridad más falsa que la de pensar que porque uno ha viajado mucho conoce todo sobre viajes. Vuelvo a Steinbeck: “Un viaje es como una persona: no hay dos iguales”, por lo tanto, ni siquiera quienes vivimos de los viajes tenemos la certeza de conocerlos ni de estar cerca de la verdad sobre ellos. Cada uno es único. Algo para tener en cuenta: cuando avisamos que vamos a irnos, nacen, por generación espontánea, consejeros. Familia, amigos, vecinos y hasta desconocidos que nos dirán lo que tenemos que hacer, horarios para salir y rutas que tomar, cuánta presión poner a las cubiertas en caminos de tierra y hasta cuántas horas dormir, qué comer, qué ropa llevar y a dónde no ir. No hay que olvidarse de la regla: cada viaje es único y el que haremos no lo ha realizado nadie en el mundo, jamás, tampoco se repetirá. Es nuestra road movie.