
Reabren en Cádiz la casa donde vivió y murió Rivadavia
Funcionará como oficina comercial
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CADIZ.- "Pasen. Esta es su casa", dice una joven y, al hablar, se le advierte el acento tan argentino como el de sus interlocutores.
Pero la casa de la que habla no es un edificio cualquiera. Construida en 1815, son cuatro pisos que cargan 180 años de historia, aunque la refacción que sufrió hace cinco le quitó unos cuantos. Como un lifting, pero arquitectónico.
Con ese renovado aspecto, nadie diría que en ese caserón habitó y murió el primer presidente argentino, Bernardino Rivadavia. Hoy es un centro cultural que, como tal, acaba de abrir sus puertas.
Pero primero la historia. La casa queda en la esquina de las calles San José y Presidente Rivadavia, en pleno casco viejo. Una zona cuya fisonomía peninsular, delimitada a ambos lados por el mar, da cuenta de la evolución de Cádiz: a medida que faltó el espacio las casas se apiñaron más unas sobre otras, hasta lograr un entretejido urbano que transpira historia. Se mire por donde se mire.
Sus últimos tres años
En la esquina, la pequeña plaza Canovas del Castillo da un poco de respiro al conjunto. Dicen que la esencia del paisaje no varió mucho desde los tiempos en que, junto con sus dos sobrinas gaditanas, Clara y Gertrudis Michelena, Rivadavia vivió en el primer piso de la casa. Fue durante tres años, desde 1842 hasta el 2 de septiembre de 1845, cuando falleció. Como tantos otros, fuera del país.
Desgastado y sin apoyo a partir de la puja entre unitarios y federales, Rivadavia gobernó entre 1826 y 1827, cuando tuvo que dejar el poder.
Terminó sus días lejos del Río de la Plata, en Cádiz, la tierra de su origen familiar. Entre ventanas que dan a un patio típicamente andaluz que aún se conserva, así como los ambientes originales de una casa edificada con materiales nobles. Pensada para durar.
Tanto duró que ahora reciclada, adornada con la bandera celeste y blanca y con una placa que recuerda lo que allí ocurrió, acaba de reabrir sus puertas. Esta vez, como espacio para actividades culturales, que será además administrado por la embajada.
La primera muestra proyectada es una exposición de fotografías del paisaje gaditano y la inmigración, que estará a cargo de la argentina Elizabeth Aro.
"Pero la intención es que también funcione como centro de asesoramiento destinado a los argentinos que viven en Andalucía y que, en conjunto, constituyen la tercera comunidad en España, luego de la madrileña y la catalana", dijo a La Nacion el ministro consejero Eduardo Villalba, quien estuvo a cargo de la etapa final en el proceso de recuperación del edificio.
Con final feliz
Esa es, también, una larga historia, con un final que la separa del triste destino que a veces sufren las propiedades históricas que el Estado argentino posee en el exterior.
Tras la muerte de Rivadavia, el edificio pasó por varias manos hasta que, en 1941, se formalizó la cesión del dominio en favor del Estado argentino. Se instaló allí un consulado nacional. Pero la falta de mantenimiento hizo necesario desalojarla e incluso demoler parte de los interiores.
Después hubo varios intentos por reconstruirla, hasta que en 1991 la idea llegó a buen puerto.
Cinco años después, los trabajos terminaron y la casa recuperó su honra. Pero entonces, el recorte presupuestario en la Argentina llevó a cerrar el consulado en Cádiz. El destino del caserón quedó, otra vez, indefinido.
Hace unos meses, el embajador Ricardo Laferriere reanudó las tratativas para recuperarla.
Dos de los cuatro pisos se reservaron para actividades culturales de la Diputación de Cádiz, mientras que la planta baja y el primero corresponden a las argentinas. La embajada asegura que todo se hizo sin ampliar el presupuesto de la legación.
No sólo eso. Villalba está convencido de que pronto podrá funcionar allí una dependencia de orientación comercial.
"Cádiz es el tercer puerto de España con zona franca, después de Barcelona y Vigo. Podremos poner una oficina destinada a establecer contactos económicos y comerciales", dijo.
A Bernardino Rivadavia, que sabía bien lo que significaba un puerto, seguramente le hubiese gustado verlo.
Cronología de una cadena de gestiones
Un catalán donó la casa al Estado
CADIZ (De nuestra corresponsal).- Lo que es hoy la Casa Rivadavia llegó formalmente a manos del Estado argentino en 1941, gracias a la donación que hizo Roger Balet, un catalán afincado en Buenos Aires y fundador, en 1915, de lo que fue el famoso Bazar Dos Mundos.
El nombre del comercio apelaba, sin duda, a los dos mundos de su vida: España y la Argentina.
Enterado del deseo existente por recuperar la residencia, Balet inició una larga cadena de gestiones, que incluyeron entrevistas con los fallecidos ex presidentes Marcelo T. de Alvear e Hipólito Yrigoyen.
Justo el día en que éste asumía su segunda presidencia, el 12 de octubre de 1928, el catalán firmó los títulos de compra.
El camino apenas empezaba. Los títulos se extraviaron, hubo que gestionar copias, España estaba en guerra civil. Finalmente, el 2 de septiembre de 1941 -cuando se cumplían 96 años de la muerte de Rivadavia- Balet entregó las llaves del caserón al vicepresidente Ramón Castillo.
El precio de la operación fue muy alto: 300.000 pesetas de la época. Setenta y tres años después de la compra, un poco más de esa cifra alcanzaría solamente para pagar el alquiler mensual de uno de los cuatro pisos.
Bernardino Rivadavia se embarcó rumbo a Cádiz el 8 de noviembre de 1842. Allí murió tres años más tarde, el 2 de septiembre de 1845.
Sus restos llegaron a Buenos Aires sólo en 1857. Desembarcados solemnemente, se depositaron en la Recoleta, con oraciones fúnebres a cargo de Valentín Alsina y Dalmacio Vélez Sarsfield. Apenas en 1932 llegaron al mausoleo donde descansan hoy, en plaza Once.





