
Reemplazarán parte de una instalación porque se deteriora
Es un tiburón en formol de Damien Hirst
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Con sus grandes dimensiones, sus materiales no convencionales y sus temas polémicos, el arte contemporáneo plantea todo tipo de problemas a museos y galeristas. Ahora, se acaba de sumar uno nuevo: una obra puede, por ejemplo... echarse a perder.
Eso está sucediendo con "La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo", una instalación del polémico artista británico Damien Hirst, que muestra un tiburón de cuatro metros de largo suspendido en formol. Colocado allí en 1991, el animal muestra hoy signos inequívocos de putrefacción -cambió su forma, su piel aparece ajada, la solución que lo rodea se enturbió-, a tal punto que el artista está gestionando el reemplazo del ejemplar por otro, en buenas condiciones.
El dueño tiene derecho a quejarse: el empresario norteamericano Steve Cohen pagó casi 12 millones de dólares por la obra hace dos años, cifra que colocó a Hirst como el artista vivo mejor vendido después de Jasper Johns.
Según informó ayer la publicación The Art Newspaper, el artista debió haber elegido otra solución para mantener al tiburón, o inyectarlo con formol para prevenir la descomposición interna, lo que, según reconoció, no hizo.
"Damien está dispuesto a reemplazar el tiburón, como lo haría con cualquiera de sus obras que tuviera más de 10 años de antigüedad", dijeron los voceros de Hirst e, involuntariamente, abrieron un debate sobre la autenticidad del arte contemporáneo.
"El tiburón es una pieza conceptual y sustituirlo por otro de igual tamaño y apariencia, en mi opinión, no altera la obra", se sumó Larry Gagosian, el intermediario en la venta de la obra, inicialmente encargada al artista en 1991 por el coleccionista británico Charles Saatchi, por 90.000 dólares.
El episodio se agrega a la sucesión de hechos polémicos que suelen rodear a Hirst, de 41 años, líder del grupo de "jóvenes artistas británicos" que maravilló y escandalizó, casi por igual, al escenario artístico de los años 90.
Ganador del premio Turner en 1995, Hirst ha colocado la muerte como centro de buena parte de su obra, en la que presenta animales como vacas y ovejas en formol, a veces trozados.
Entre quienes lo comparan con Andy Warhol y quienes lo consideran un fraude, en 2000, 100.000 personas visitaron una retrospectiva de su obra en Nueva York, en la que se vendió todo lo expuesto. Su propio personaje está construido sobre la polémica: en 2002 dijo que los atentados del 11 de septiembre fueron "una auténtica obra de arte". Se retractó una semana después.



