
Retorno a una vieja historia
EL AMOR ARGENTINO Por Guillermo Saccomano-(Planeta)-228 páginas-($ 26)
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"A mí me habían matado las ganas de vivir en el 55, en el bombardeo a la Plaza de Mayo. Y no me creía siquiera un novelista discreto para anestesiar el dolor en una catarsis. [...] Como muchos, me iba enquistando en el resentimiento." Así comienza la nueva novela de Saccomano, El amor argentino, en la que reaparece un personaje central de su anterior novela, La lengua del malón (2003), el profesor Gómez, autodefinido como literato, cabecita negra, homosexual y simpatizante del peronismo. Cumpliendo un rol similar, el de buscador de historias proscriptas, Gómez se topará esta vez con un dato que lo deslumbrará: Roberto Arlt habría conocido, en una noche de bohemia, a la todavía ignota actriz Eva Duarte. La "tenacidad morbosa" con la que indagará en esta relación está cifrada en una condición que él dice compartir con estas dos figuras, la del "resentimiento".
Con estructura similar a la de La lengua del malón, Saccomano arma su novela superponiendo diversas historias: la de Eva desde su crianza en Junín hasta su vida en Buenos Aires (construida en relación intertextual con La razón de mi vida); la de un Arlt contaminado alternativamente por Astier y Erdosain (personajes de sus novelas), quien se encuentra varias veces con el Astrólogo; la de Hurtado, aquel viejo cascarrabias que le cuenta a Gómez la historia de Roberto y Eva; y finalmente la del propio Gómez, quien, durante enero de 1959, no sólo escucha la historia de Hurtado, sino que también escribe un ensayo sobre El matadero de Echeverría, mientras se encuentra clandestinamente con su pareja, Aníbal, obrero del frigorífico Lisandro de la Torre.
Sin embargo, no es sólo la figura de Gómez lo que vincula esta novela con producciones anteriores de Saccomano. La historia del escritor y la actriz es prácticamente la misma que publicó en 1989, Roberto y Eva. Salvo correcciones y agregados menores, la narración es un calco de la anterior. Es la presencia de Gómez lo que le da un nuevo marco al relato, pero ese marco (que muchas veces se torna historia central) introduce no pocas disonancias en la unidad de la novela. Porque aunque el hilo del "resentimiento" pretende coser todas las historias, la tela narrativa se resiste por momentos a esa convivencia. El punto que introduce mayor discordancia es la insistente digresión sobre el matadero como metáfora de la violencia política.
Siguiendo la lógica de Echeverría, aunque invirtiendo la valoración, Gómez sigue pensando en unitarios y federales. Hurtado lo acusa de "rubiecito" unitario por interesarse en Echeverría; Hurtado y Gómez acusan a Arlt de "unitario" por hacer de la "barbarie" un tema literario y por descreer de las masas; Eva considera que el ambiente artístico es un "matadero". Todos estos elementos (ausentes en Roberto y Eva) persiguen el fin de armar sistema con la represión policial que sufren, hacia el final de la novela, los empleados del frigorífico. Pero las rispideces que genera este conjunto emanan del propio universo arltiano: nadie como Arlt ha logrado reírse tan cínicamente del funcionamiento del poder y de la sociedad alienada, en la que él mismo se incluía.
En El amor argentino conviven dos historias de amor cuyo vínculo no es del todo evidente, salvo por el carácter de "argentino". Mientras que la historia de Roberto y Eva apela a la intertextualidad para construir a los personajes (lo que muchas veces los condena a la previsibilidad), la historia de Gómez y Aníbal dialoga sin mucha osadía con la metáfora del matadero, amparándose en la interpretación más lineal de la violencia echeverriana.



