
Ruth Fine: "La paradoja de la ficción consiste en creer y no creer"
La especialista estudia el vínculo del autor de Ficciones con los textos bíblicos
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Nacida en la Argentina, la hispanista Ruth Fine enseña desde hace años en la Universidad Hebrea de Jerusalén y se dedicó especialmente a estudiar la relación de Borges con la Biblia, un tema sobre el que habló en una de las mesas del Atrio de los Gentiles en la Facultad de Derecho. Un problema no menor es el del vínculo entre literatura y fe, algo que aparece en negro sobre blanco en esa willing suspension of disbelief (suspensión voluntaria de la incredulidad), con la que Samuel Taylor Coleridge definió la fe poética. "Borges sigue hablando siempre de la literatura aunque aparente estar hablando de religión o de cuestiones epistemológicas -explica Fine-. Su preocupación está orientada a la comprensión de la esencia de lo literario, y esa esencia es paradójica. Y hay allí una relación con la idea de Coleridge. Para creer tenemos que dejar de buscar creer. A eso es a lo que yo me refiero con fe autoral, que tiene su complemento en la paradoja de la fe."
-Borges insistió en que la de Dios era la mayor invención de la literatura fantástica. ¿Se puede articular esa posición con una lectura de la Biblia sostenida en la fe?
-Hay pocos autores que hayan estado tan dedicados a cuestiones vinculadas con la fe y con los textos sagrados. Hace poco se publicó un libro sobre Borges y la Biblia y el autor señalaba que en ningún otro escritor aparece la palabra "Dios" tantas veces como en Borges. Por otro lado, es vox pópuli que se trata del gran agnóstico. ¿Cuál es la explicación para esta contradicción? A Borges le gustaba ser irónico en sus respuestas y eso influyó en la lectura que se hace de sus textos. En segundo término, hay que periodizar: un autor no es siempre el mismo. En sus poemas, tiene una voz distinta. En realidad, la referencia a la literatura fantástica no es una ironía. La paradoja de la ficción consiste en creer y no creer al mismo tiempo.
-Igualmente importante fue el interés de Borges por la mística judía. ¿Cuál era el origen de esa curiosidad y cuánto influyó la lectura de Gerschom Scholem?
-Borges estaba fascinado por la Cábala, que finalmente se basa en recibir una revelación y, a la vez, en no recibirla: una búsqueda que es postergación. Su lectura de ese paradigma estaba hecha desde una programática literaria. No sólo había leído a Scholem, sino que lo conoció en su primera visita a Israel, en 1969. Se encerró diez días a estudiar con él.
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