
Sacrificio
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Tres manitos que saludan y dos rostros que expresivamente se despiden: la niña, con una sonrisa; el niño, con una mirada seria y penetrante. Desde la ventana de un tren, como en esta imagen, desde un auto, un aeropuerto o cualquier lugar, la partida siempre es una separación. A veces por motivos trágicos y forzados; otras, con fines alegres y deseados. En este caso, los niños se marchan desde Dhaka, Bangladesh, y se dirigen a la celebración de Eid al-Adha, o Día del Cordero, festividad que dura cuatro días y que conmemora la disposición de Abraham a sacrificar a su hijo Ismael cuando Alá se lo ordenó, pero Alá le proporciona un cordero para que mate en su lugar. Si bien los niños viajan para asistir a una celebración, al no ver de quién o quiénes se están despidiendo, nos es imposible saber si para aquellos que se quedan en el andén es igualmente feliz la partida o la distancia es también un sacrificio.
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