San Nicolás, del Asia Menor al clásico y reconocido Papá Noel

En esta fecha surgirá la renovada pregunta sobre el origen y la identidad de Santa Claus
Mariano De Vedia
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25 de diciembre de 2001  

La segunda Navidad del siglo XXI recreará la eterna pregunta: ¿quién fue Santa Claus?

Para responder el interrogante, las fuentes religiosas y las leyendas populares conducen al siglo IV e identifican la mágica figura con San Nicolás, un obispo que vivió en el Asia Menor y fue recordado por su generosidad y dedicación hacia los niños y adolescentes.

La vida del santo -conocido como San Nicolás de Bari, porque en esa ciudad italiana se conservan hoy sus restos- revela notables actitudes de desprendimiento en favor de los pobres. Pero su aspecto distaba mucho del que hoy se le atribuye a la figura de Papá Noel.

Se lo representaba como un hombre delgado y de gran estatura que vestía como sacerdote, una imagen que contrasta con el Santa Claus que hoy recorre el mundo y el imaginario popular en trineo.

Nicolás -nombre del cual después se derivan Niklaus y Santa Claus- vivió entre los años 280 y 345, según cálculos aproximados. Era uno de los ciudadanos más ricos de Pátara, ciudad de Licia, en Asia Menor. Muy joven heredó la fortuna de sus padres y la puso al servicio de los necesitados: socorrió a los enfermos y libertó a esclavos.

El obispo de Mira, su tío, lo ordenó sacerdote. Tras la muerte de su tío, viajó por Egipto y Palestina, pero el pueblo de Mira reconoció sus aptitudes y lo reclamó como obispo, por lo que inició una fecunda acción pastoral. Acostumbraba celebrar misa muy temprano, a la madrugada, y se presume que participó del Concilio de Nicea, en el año 325.

La leyenda, recogida en algunas fuentes históricas y religiosas, cuenta que su acción generosa logró evitar que las tres hijas de un vecino suyo de Pátara fueran expuestas a la prostitución. A raíz de su situación económica, el hombre no podía casarlas por falta de dote. Para resolver la cuestión, San Nicolás se deslizó en silencio hasta la humilde casa y arrojó por la ventana una bolsa de monedas de oro y escapó sin ser descubierto. Repitió la excursión nocturna dos veces más, hasta que fue descubierto por el agradecido padre, que destinó el dinero a las dotes de sus hijas.

Sufrió cárcel y torturas durante la persecución del emperador Licinio y fue liberado en el 313 por Constantino. Murió alrededor del año 345.

El clásico Papá Noel

La clásica figura de Santa Claus que hoy todos conocemos se definió en el siglo XIX a partir de los trazos del dibujante Thomas Nast, que entre 1863 y 1886 publicó sus ilustraciones en la revista Harper´s Weekly. Entre otros rasgos, le confirió el color rojo y lo ubicó en el Polo Norte.

La tradición de San Nicolás había llegado a Nueva York en 1621 por los emigrantes holandeses, recuerda el autor español Pepe Rodríguez, en su libro "Mitos y ritos de la Navidad", editado en 1997.

Afianzada su imagen en Nueva York y en Europa, se lo llamó Father Christmas en Gran Bretaña y de allí pasó a Francia, donde adoptó el nombre de Bonhomme No‘l, del cual deriva Papá Noel. Finalmente, para la campaña navideña de 1931, Coca-Cola le encargó a Habdon Sundblom que renovara el Santa Claus de Thomas Nast. Lo hizo más alto, más gordo, con rostro bonachón, ojos pícaros, pelo blanco, bigote y una larga barba también blanca.

La fantasía no disminuyó a lo largo del tiempo y a los rasgos ya clásicos se suman los mitos alimentados por las ilusiones de cada uno, incluida la pregunta sin respuestas sobre su edad.

Parroquia porteña

Creada en 1770, la parroquia de San Nicolás de Bari es una de las más antiguas y principales de la ciudad de Buenos Aires.

El templo estuvo ubicado en la esquina de Carlos Pellegrini y Corrientes hasta 1931, año en que fue demolido para permitir la apertura de la avenida Diagonal Norte. Por eso se trasladó a su emplazamiento actual, en la avenida Santa Fe 1352, entre Uruguay y Talcahuano.

En su primitiva torre fue izada por primera vez en Buenos Aires, en 1812, la Bandera argentina creada por Manuel Belgrano.

Ese acontecimiento es recordado hoy con una inscripción alusiva en una de las paredes del Obelisco.

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