
Seducciones y miserias de la lógica
El próximo domingo se cumplirán cien años del nacimiento del filósofo austríaco Karl Popper, uno de los pensadores más influyentes del siglo XX. Agudo crítico del positivismo lógico y del relativismo moral, se empeñó en demostrar que el historicismo había inspirado tanto a los marxistas como a los fascistas. Convertido en uno de los grandes estudiosos del método científico, dio un impulso formidable a la historia de la ciencia
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El próximo 28 de julio se cumplirán cien años del nacimiento de Karl Popper, un filósofo que buscó el sentido y la originalidad en la fundamentación lógica del conocimiento desde una perspectiva realista que él mismo llamó "racionalismo crítico", a partir de la cual se opuso a todas las formas de convencionalismos, operacionalismos y relativismos.
Popper había nacido en Viena, capital del imperio de los Habsburgo y centro cultural de occidente, de padres nacidos en la fe judía. En su autobiografía, traducida al español con el título Búsqueda sin término , el filósofo cuenta que, durante los años de estudiante en el Realgymnasium y la Universidad de Viena, había participado en las asociaciones de estudiantes socialistas. Incluso, durante una fugaz temporada de 1919, se había considerado comunista, aunque poco tiempo después acusó al marxismo de arrogancia intelectual y de "profecía histórica combinada con una apelación implícita en la siguiente ley moral: ¡Ayuda a traer lo inevitable!"
El colapso del Imperio, la inflación desenfrenada, la escasez de alimentos, las calles pobladas de hambrientos componían el escenario vienés al final de la Primera Guerra Mundial. En la década de 1920, al igual que Ludwig Wittgenstein, Popper participó activamente en el movimiento de reforma de la enseñanza promovido, entre otros, por Karl Bühler, profesor de la Universidad de Viena y uno de los psicólogos destacados de la Gestalt. En 1928 presentó su tesis doctoral y al año siguiente obtuvo la calificación para enseñar matemática y física en escuelas de enseñanza media.
El Círculo de Viena, congregado alrededor de la figura de Moritz Schlick, dominaba el panorama filosófico. Su objetivo inicial había sido establecer un criterio empírico que permitiera descartar las proposiciones carentes de sentido. A lo largo de su vida, Popper fue un duro crítico del positivismo lógico, especialmente de su teoría del significado y de sus variantes del inductivismo propuestas como metodología científica. Más tarde se preguntaría: "¿Quién mató al positivismo lógico?" y atribuiría a su obra cierto grado de responsabilidad en el crimen.
En 1934 publicó su Logik der Forschung (Lógica de la investigación científica). Allí presentaba una teoría del conocimiento, un método para la ciencia alternativo al inductivismo, y discutía el problema de la contrastabilidad de enunciados de probabilidad en física. La actitud científica -sostiene Popper- es la actitud crítica que no busca confirmaciones sino contrastaciones cruciales, es decir, instancias que pueden refutar la teoría contrastada. Una vez refutada, el progreso se concreta cuando el científico logra concebir una teoría mejor. El resultado es que el conocimiento siempre es provisorio, conjetural e hipotético. Popper reelaboraría este enfoque -conocido como falsacionismo- hasta el fin de su vida.
La impotencia de los socialdemócratas para resistir el ascenso del nazismo en Alemania y Austria, combinado con el éxito inmediato de la Logik der Forschung , lo decidieron a aceptar, en 1937, un ofrecimiento en Nueva Zelanda. La ocupación de Austria por Hitler motivó la concreción de dos obras de filosofía política, La miseria del historicismo (1944) y La sociedad abierta y sus enemigos (1945). Popper hace allí una defensa apasionada de la democracia liberal contra todas las formas de totalitarismo. El marxismo, el nazismo y el fascismo habrían sido inspirados por perspectivas según las cuales la historia, sometida a principios necesarios, tiende hacia un fin inexorable. Esa rabiosa crítica del historicismo haría de Popper uno de los iconos del panteón liberal y la expresión "sociedad abierta" se instalaría como sinónimo de libertad y tolerancia.
En 1946 viajó a Inglaterra para enseñar en la London School of Economics y, a partir de 1949, en la University of London. Paul Feyerabend, en su autobiografía publicada en español con el título de Matando el tiempo , cuenta que Popper iniciaba sus clases afirmando: "Soy profesor de método científico, pero tengo un problema: el método científico no existe". También cuenta que todavía a fines de la década de 1950, una de las palabras sagradas de la filosofía británica era "Popper".
La irrupción de la historia
A la vitalidad vertiginosa de la filosofía de la ciencia se sumó, a partir de la segunda mitad del siglo XX, la profesionalización de la historia de la ciencia. Respecto de la expansión de esta disciplina, el historiador Miguel de Asúa cuenta que, entre 1950 y 1970, los puestos de profesor de historia de la ciencia aumentaron en un 2000 por ciento.
Para 1960, los aportes de esta disciplina cuestionaron las caracterizaciones de la ciencia desde perspectivas logicistas. De esta colisión de disciplinas, crucial para el rumbo que tomaría la filosofía de la ciencia y no exenta de componentes de conflicto generacional, dan testimonio las Actas del Coloquio Internacional de Filosofía de la Ciencia realizado en Londres en 1965, que tuvo como acontecimiento central el enfrentamiento de Popper con el historiador de la ciencia Thomas S. Kuhn.
Durante su intervención, Kuhn sugirió que "Sir Karl" había caracterizado la totalidad de la actividad científica a partir de episodios extraordinarios o revolucionarios, que se presentan sólo de cuando en cuando. Los científicos están entrenados, no para intentar desbancar la teoría en la que desarrollan su actividad cotidiana, sino para "la práctica normal de resolución de rompecabezas". Para Kuhn, los investigadores "sólo se comportan como filósofos cuando deben decidir entre teorías en conflicto". Entre sus argumentos, también aludía de soslayo al uso descuidado que hacía Popper de la historia de la ciencia.
Con respecto al rechazo de Popper de la "psicología del conocimiento", si bien Kuhn acordaba en que debía descartarse como variable metodológica la psicología del individuo, sostenía como elemento central "la educación y el entrenamiento en la estructura psicológica que es propia de los miembros de un grupo científico". Concluía Kuhn: "Más que una lógica del conocimiento, Sir Karl ha dado una ideología; más que reglas metodológicas, ha dado máximas para el empleo de procedimientos".
En su respuesta, Popper negó que existiera una distinción tan tajante entre lo que Kuhn llama "ciencia normal" y "ciencia extraordinaria". Luego de caracterizar la "ciencia normal" como la actividad de profesionales "no demasiado críticos", "del estudioso de la ciencia que acepta el dogma dominante del momento", Popper fue categórico: "la lógica de Kuhn es la lógica del relativismo histórico", postura que para Popper no resiste la crítica. Y aclaró que él creía "en la verdad Ôabsoluta´ u Ôobjetiva´, en el sentido de Tarsky".
En cuanto a la necesidad de la sociología o la psicología para aclarar los objetivos de la ciencia, Popper sostuvo: "¿Cómo es posible que retroceder hasta estas ciencias frecuentemente espurias pueda ayudarnos en esta dificultad particular?" Al final del debate, como suele ocurrir, nadie había modificado sus opiniones iniciales. Como dijo Kuhn al final de su intervención, se trataba de un "cambio de gestalt" que los separó profundamente.
De Viena a Buenos Aires
En la década de 1940, los trabajos de Popper todavía no habían hecho impacto en el ámbito filosófico argentino. Como indicio podemos mencionar la revista Minerva , Revista Continental de Filosofía , fundada y dirigida por Mario Bunge. Minerva apareció en Buenos Aires en mayo de 1944 y tuvo entre sus colaboradores a Rodolfo Mondolfo, Risieri Frondizi, Francisco Romero, Hans Lindemann, Alfred Stern y Maximilian Beck.
En el primer número apareció un artículo de su joven director titulado "¿Qué es la epistemología?" Ya dueño de la retórica belicosa que lo caracterizaría en las décadas siguientes, Bunge efectuaba un repaso crítico del pasado medio siglo de reflexión sobre la ciencia, "plazo más que prudente para exigir se defina de una vez lo que debe entenderse [...] por Epistemología". Entre otros, Bunge criticaba a los integrantes del Círculo de Viena, que "hasta rechazan con indignación positivista el nombre de filósofos". Para uno de sus representantes centrales, Rudolf Carnap, dedicarse a la filosofía "significa pura y simplemente: aclarar y explicar los conceptos y las proposiciones de la ciencia mediante el análisis lógico". Ni en la extensa lista de los azotados, ni en la brevísima de los elogiados aparecía Popper. Tampoco figuraba en otro artículo publicado en el segundo número de Minerva : "El ÔCírculo de Viena´ y la filosofía científica", escrito por el filósofo alemán Hans Lindemann, que vivió en la Argentina durante dieciséis años y que había estudiado en la Universidad de Viena y pertenecido durante diez años al Círculo de Viena.
En la década de 1950 ya existen referencias locales a Popper. Que en un trabajo del año 1956 Bunge lo nombrara como filósofo "que fuera prominente miembro del Círculo de Viena" es comprensible. Hasta la traducción inglesa de su Logik en 1959, los filósofos ingleses y norteamericanos -se quejaba Popper- "parecen haberme tomado por un positivista lógico, o a lo más, por un positivista lógico disidente". La versión inglesa apareció citada el mismo año de su edición en un artículo de Gregorio Klimovsky publicado en la Revista de la Universidad de Buenos Aires . Años más tarde, Klimovsky se convirtió en el principal difusor de Popper en el medio epistemológico argentino. Todavía en su libro Las desventuras del conocimiento científico (1994), Klimovsky le otorga a Popper un lugar central, mientras que las teorías de cambio científico de Kuhn, Lakatos y Feyerabend aparecen agrupadas en el género menor de las "epistemologías alternativas".
Los éxitos del fracaso
Popper enfrentó el problema del inventor. Asumió que su tarea era diseñar planos que permitieran caracterizar lo que imaginó que debía ser la ciencia. Una formación científica rigurosa y una actitud crítica parecían garantías suficientes. Indudablemente logró una construcción de gran belleza y rigor. Entre otros aportes, descubrió muchas de las potencialidades del análisis lógico en la resolución de problemas relativos a la interpretación o clarificación de conceptos y teorías. Los debates de Popper con científicos como Albert Einstein o Erwin Schrödinger son elocuentes.
Pero también puede hablarse de fracaso, en tanto que no arribó a una descripción adecuada de la ciencia -la historia en este aspecto fue concluyente- y, como propuesta normativa, el falsacionismo resultó inaplicable. Sin embargo, puede pensarse que se trató de un fracaso necesario y fértil para el futuro desarrollo de la filosofía de la ciencia.
Popper fue nombrado caballero en 1965. Consideraba que la ciencia y la música polifónica eran los logros más impresionantes de la civilización occidental. Murió el 19 de septiembre de 1994.
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