
Textiles andinos
Con la trama de tejidostradicionales, desde el ponchopampa hasta la colcha catamarqueña,Ruth Corcuera desarrolla un tratadosobre nuestra identidad
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La clave para entender el punto de vista de Ruth Corcuera, y su perseverancia para aventurarse cada vez con más profundidad en un mundo atávico y textil, está resumida en las palabras del prefacio. La lección del lenguaje textil es explícita: trabajar con elementos simples para crear obras complejas. Las cerámicas y los tejidos de la región tienen un código, están cargados de enseñanzas, reiteran un patrón que el investigador Aby Warburg descubrió a fines del siglo XIX. Se trata de una guarda, una greca, un zigzag que se repite como una letanía y es factor determinante de la identidad del arte popular americano.
Seguir el pensamiento de Corcuera permite hilvanar los diseños y colores de los mantos de las mujeres bereberes que se ven en las calles de Túnez –que la autora de Herencia textil andina conoce muy bien porque allí vivió en destino diplomático– con la obra del suizo Paul Klee, su posterior tarea de docente en la Bauhaus y el efecto que las enseñanzas de este claustro alemán derramarían sobre quienes impulsaron las vanguardias del siglo XX.
Esta relación entre arte primitivo y constructivismo constituye uno de los ejes del análisis de Ruth Corcuera; oportuna reflexión, porque la asociación se vuelve central en la revisión de la abstracción en América latina, a partir del fecundo diálogo con las culturas precolombinas y su repertorio simbólico.
Bajo la lupa, las obras de Torres García, Paternosto, Puente y Hlito amplifican un registro formal y también cromático, presente en los textiles ancestrales y en la letanía de la greca reiterada.
Los vasos comunicantes entre tejido y pintura se expanden en otras latitudes. Paul Klee está en Nueva York en 1922, cuando desembarcan Josef Albers y Mark Rothko; ambos comparten una sensibilidad textil y cromática. La relación simbiótica entre arte popular y arte culto pone sobre el tapete un viejo debate iluminado años atrás por la muestra que Kirk Varnedoe montó en el MoMA de Nueva York bajo el título High & Low, Modern and Popular Culture (1990). Si se tienen en cuenta prácticas del arte contemporáneo que frecuentan el bordado, el uso de canutillos, la brillantina y otros recursos de producción "artesanales" ,semejante dicotomía suena anacrónica.
La vigencia de los textiles primitivos, su estudio sistematizado y su íntima relación con la pintura están implícitos también en la decisión de incorporar el arte textil a la Academia Nacional de Bellas Artes, hecho que sucedió en el año 2000. Manifestaciones como la 5° Bienal de Arte Textil, curada por Florencia Batitti con dirección de Laura Ferrando, detectan la militancia de artistas continentales y su afán por trabajar con un soporte cargado de muchas memorias.
De esta milenaria historia trata el texto de Ruth Corcuera. Herencia textil andina se remonta a los orígenes de la trama y la urdimbre, la precursora cestería (6000 años a. de C.), y abarca la región sobre la costa que va de Perú a Bolivia, Chile y la Argentina, con centros de producción y circulación como Cuzco, Arica, Atacama, Aguada, Cóndor Huasi. Son 5000 kilómetros de recorrido con la cordillera como columna vertebral.
La extrema sequedad del clima en esa franja desértica –no llega a acumular 80 milímetros anuales en alguna zonas– ha hecho posible –como sucede en Egipto– la conservación de textiles arqueológicos, incorporados en los ajuares y en la costumbre del entierro funerario sin contacto alguno con elementos orgánicos.
Ilustran este volumen de consulta para especialistas obras procedentes de colecciones privadas, de museos provinciales y del Museo José Hernández y el Museo Nacional de Bellas Artes. La recreación del paisaje y las fotografías estuvieron a cargo de la Fundación Ceppa (Centro de Estudios para Políticas Públicas Aplicadas), que trabajó en colaboración con Ruth Corcuera. El libro está inscripto en el programa de mecenazgo del Gobierno de la Ciudad, dato no menor, y contó con el auspicio de Techint, Ledesma y Massalin Particulares.
El tejido puede ser el camino para comprender un legado no escrito pero visible en la persistencia de las imágenes y en la universalidad de los mitos. En la Argentina, la tradición textil confluye en una prenda, sinónimo de identidad, que es el poncho. El más liviano y elegante es el producido por los tejedores de las altas cumbres, donde habitan la vicuña, la llama y la alpaca, materia prima de las más finas y cotizadas tramas que se conozcan en la región. Entender la precariedad de los sistemas de producción explica por qué en la realización de los textiles andinos el tiempo no cuenta; no hay días, no hay semanas, sólo importa la laboriosidad de tejedores sin descanso.
Según Corcuera, el tejido andino llega a su plenitud en los establecimientos de Paracas con el desarrollo y conocimiento de las técnicas textiles, que son el soporte de difusión de elementos iconográficos. Por su ubicuidad el poncho es la síntesis de la herencia andina. Se remonta a tiempos prehispánicos el primer poncho encontrado en una gruta de la cordillera sanjuanina, como parte del ajuar funerario. En el caso de la mujer, el ajuar se complementa con cueros labrados, punzones, husos y otros elementos. Tras la conquista, los españoles tomaron el poncho como una de sus prendas predilectas, asociada a la libertad de movimientos y al abrigo.
Los grandes centros de difusión de esta prenda que hizo del gaucho una estampa, fueron los establecimientos jesuíticos de Chile, centros exportadores desde 1600 hasta la expulsión de la Orden por orden de Carlos III en 1767. Con la introducción del telar en el siglo XVI, se suman piezas de otros formatos, colchas y mantas de gran tamaño "anchas y de muchos metros", con los colores y diseños innovadores como la espléndida "colcha jardín" que ilustra este comentario.
Enriquece la edición una copiosa bibliografía sobre la especialidad, más interesantes notas al pie de página destinadas a situar el tema textil en un contexto de estudios internacionales, redes textiles de creciente gravitación como el Museo Chileno de Arte Precolombino.
ADN Ruth Corcuera
Graduada en la UBA, doctora en Historia por la Universidad Católica de Lima, Ruth Corcuera heredó de su padre, Roque Quiroga Espinosa, el compromiso con la gente de su tierra, Catamarca. Es una infatigable investigadora de los textiles populares y andinos, tema que ha ocupado publicaciones suyas anteriores que hoy son motivo de consulta entre especialistas. Su voz y conocimientos han iluminado a quienes se aventuran en un universo escrito con tramas .
MINIMALISMO Y MODERNISMO
Con reproducciones de fotos, cartas, bocetos, obras de arte y notas publicadas en La Nacion, Ediciones Larivière editó Los creadores de un estilo, un libro de Mo Amelia Teitelbaum centrado en el icónico diseñador de interiores Jean-Michel Frank; su musa, la chilena Eugenia Errázuriz, y Comte, compañía fundada por Ignacio Pirovano, principal productora de los diseños de Frank. Más de 250 páginas, resultado de seis años de investigación, permiten conocer detalles insospechados: desde la decoración original del hotel Llao Llao, la casa de Victoria Ocampo y el Kavanagh hasta las visitas a la Argentina del príncipe Eduardo de Inglaterra o los entretelones de la vida parisina en la agitada década de 1920.
EMBAJADORES
Adrián Villar Rojas, Jorge Macchi, Matías Duville, Diego Bianchi. Con este dream team de artistas argentinos está por desembarcar en Buenos Aires el nuevo proyecto editorial de Sigismond de Vajay, polifacético artista y curador de triple nacionalidad. Habituado a pensar "en grande", De Vajay coordinó la edición de un impecable libro sobre cada uno de los artistas mencionados, con el apoyo de las asociaciones culturales Toit du Monde (Suiza) y Kültur Büro Barcelona (España, www.kbb.org.es ). Además de distribuirlos en la capital mundial del libro 2011, planea presentarlos a mediados de septiembre en las bienales de Lyon y Estambul. Después, quién sabe hasta dónde llegarán. Su libro anterior, Of Bridges & Borders ( www.ofbridgesandborders.com ), originó decenas de acciones en distintos países que incluyen varias muestras en la Argentina, como la que se exhibe actualmente en la sede del Cceba en San Telmo; para la próxima, que se inaugurará en noviembre en el Mamba, ya está confirmada la participación de la célebre pareja de artistas Michael Elmgreen (Dinamarca, 1961) e Ingar Dragset (Noruega, 1968). C.C.
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