
Todas las manifestaciones del color blanco, según 32 artistas
Una muestra reúne obras que lo ponen en primer plano
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Dos preconceptos: que el blanco es ausencia de color y que una muestra debe proponer un guión que confirmen las obras colgadas. A esas dos ideas se opone creativamente "Blanco", la exhibición que se presenta durante este mes en el Centro Cultural Borges, en la que 32 artistas muestran obras que se vinculan con el color blanco en sus múltiples formas de manifestarse.
Pintura, fotografía, instalación lumínica y escultura conviven en dos amplias salas -la más grande del centro cultural, dedicada normalmente a exposiciones internacionales, y una adyacente-, en una sucesión de obras que invitan a recorrerse despacio, detenerse aquí y allá, y volver sobre los propios pasos.
Si se espera un discurso que oriente la mirada, no lo hay. "Esto es el grado cero de la curaduría. No tenemos un intento didáctico ni teorizante como en la mayoría de las muestras. Esta es una exhibición relajada, multigeneracional y multiestética", sintetizó a LA NACION Florencia Braga Menéndez, galerista con ojo para artistas jóvenes y emergentes, y entusiasta curadora de la muestra junto con Gachi Prieto, gestora especializada en difundir el arte latinoamericano en el exterior.
Convocadas por el área de arte contemporáneo del Centro Cultural Borges, que conduce Lía Cristal, las dos pensaron en artistas y recorrieron talleres en busca de obras que trabajaran de alguna manera con el blanco, en una auténtica "curaduría a posteriori".
Inútil buscar referencias generacionales comunes en los artistas: las edades van desde los 22 debutantes años de Victoria Musotto hasta los 90 consagrados de Carmelo Arden Quin, activo en París.
Contra lo que espera el sentido común, en la muestra hay otros colores: en las rayas verticales de las dos obras de Tulio de Sagastizábal; en las tomas directas de los efectos coloreados de la luz de Andrés Sobrino; en la instalación de Ana Lizaso; en las formas redondeadas de Pablo Lozano.
"Existe la preconcepción de que el color es saturación y explosión, y de que el blanco tiene que ver con lo poco, que es negación de color. Pero no hay cosa que pueda impactar más en un pigmento que el blanco", dijo Braga Menéndez. "Pensamos en el blanco como narrativa, el blanco actuando. No es matar al color, sino ver cómo vive el blanco en una obra", explicó.
El blanco y su opuesto eterno, el negro, se combinan en el óleo de Eduardo Stupía, en la instalación de Cristina Schiavi y en la de Elba Bairon. Y es blanco puro el de las formas recortadas de Arden Quin, y el que elige Andrés Waissman para mostrar una multitud apretada de inmigrantes.
Gachi Prieto, que armó "la colgada" de la sala principal -un espacio en L en el que el desplazamiento del espectador va creando nuevas formas de ver las obras-, dice haber intentado "dejar margen para el descubrimiento. Colgar las obras fue una actividad lúdica, de buscar armonía y dejar que dialogaran bien entre sí". Parece logrado: el ambiente predispone a quedarse, y fue más que convocante en la apertura, el 10 de este mes, cuando las salas se colmaron con más de 600 personas, todo un récord para enero.
La muestra, que exhibe también la intención del Borges (Viamonte esquina San Martín) de ampliar las actividades dedicadas al arte contemporáneo, es una buena opción para el verano porteño hasta el 3 de febrero.




