
Tono elegíaco
OBRA POETICA 1969-2000 Por Edna Pozzi-(Vinciguerra)-750 páginas-($35)
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Poeta, ensayista y novelista nacida en Pergamino y poseedora de ancho prestigio en España y América, Edna Pozzi ha merecido, entre otros, el premio "Blas de Otero" y, en nuestro país, el Emecé, el premio novela del Fondo Nacional de las Artes, el Eduardo Mallea y el Alicia Moreau de Justo que distingue a las cien argentinas más destacadas. En este libro, se reúne la casi totalidad de su obra poética -édita e inédita- escrita entre 1969 y 2000: sólo faltan algunos poemarios iniciales; otros dos llegan en forma parcial.
Este volumen -de infrecuente belleza lírica y editorial- forma parte de un proyecto que incluye la publicación de otros cuatro que agruparán la narrativa y los ensayos de la autora (una obra declarada de interés nacional y cultural por el Congreso de la Nación).
La poesía de Pozzi se caracteriza por un tono elegíaco desgarrado en la mención de lo que huyó en el tiempo. Pero también -con gran intensidad- de cuanto ha sido asesinado y negado; del momento cuando "caerá la espada/ sobre la cabeza del justo". Y, alternando con los afectos íntimos, se alza la entrañable imprecación por una patria-hogar pródiga en ingratitudes: "Este es el país que me cubrió de oprobio y de vergüenza/ y al que negué tres veces/ con un feroz cansancio...".
Una serie de estos poemas rinde explícito tributo a versos incandescentes de Quasimodo, Pessoa, Borges; en muchos otros late la omnipresencia de la muerte-vida, como en "Días de luto con Cecilia" o en el largo poema-homenaje a los amigos muertos y en la encendida letanía por ese "pueblo mío", al que convida a dar la cara al alba. También, en la recordación del padre que cantaba en los templos,y de la madre a la que se interroga: "¿Adónde ibas, madre/ con el bebé muerto de frío/ el bebé de seis meses aún sin ojos/ temblando bajo tu vientre como una mariposa...?" Y surge la rebelión ante el horror de la muerte hecha endemia: "Supe que habían masacrado un país..."
Sea que cante a la Casa, o (a través de poemas dulcísimos y breves, en castellano y francés) al pequeño Javier nacido en 1963; sea que rinda homenaje al pintor De Ferrari o que converse poéticamente con Alejandra Pizarnik, Abelardo Castillo, Borges o Violeta Parra, la poeta abre cauce a la esperanza: "Caballos salvajes/ con las grupas florecidas de amapolas/ llevarán el amor con el pelo flotando/ en el viento." Ese amor que da lugar a un largo y bellísimo poema y que aureola asimismo al gran entrerriano Juan L. Ortiz, quien "envuelto en el aura del sauce/ habla con el niño de la cañada verde."
Textos en una prosa colmada, como su poesía, de "lujosas masas verbales en estado de incesante eficacia poética", según exalta Joaquín Giannuzzi, completan esta obra excepcional por más de un motivo.
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