
Tras la experiencia emocional
El sociólogo británico Simon Frith estudia en Ritos de la interpretación los modos de construcción de sentido, el papel de la tecnología y el problema del valor en la música popular
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La música no tiene mensaje para dar,/ y sin embargo te lo da." Con paradójica simplicidad, los versos de la canción "Fan de Scorpions", de Babasónicos, describen a la perfección el principal problema que un libro fundamental sobre la música popular como Ritos de la interpretación analiza en casi quinientas páginas: cómo se construye el sentido de una práctica esencialmente sensorial como la música, y, a partir de él, cómo se genera su valoración estética.
Su autor, el sociólogo británico Simon Frith pertenece, junto con otros como Greil Marcus o Simon Reynolds, a una clase de críticos cuya posición ambigua los benefició con una mirada a la vez incómoda y penetrante. Su sólida formación académica no les otorgó prejuicios sino agudeza analítica a la hora de dedicarse a la crítica de rock, un objeto que sus colegas universitarios o bien desdeñarían por su nulidad estética o bien verían sólo como fenómeno cultural. Ritos de la interpretación , editado por primera vez en español desde su publicación en 1996, dedica sus páginas iniciales a ese debate. Mientras las especialidades en musicología de la tradición universitaria británica se dedicaron con exclusividad a la música clásica y contemporánea, la música popular sólo fue tomada por los estudios culturales, como fenómeno sociológico y etnológico. Sobre todo a partir de la influencia marxista de la Escuela de Birmingham, la música popular era analizada por su significación política y cultural, por su carácter resistente o no a la alienación propiciada por la industria del espectáculo. Este enfoqué soslayó el problema del valor en la música popular, que quedó atrapado en la vetusta discusión entre la alta cultura, la cultura popular y la cultura pop.
Según Frith, para un enfoque culturalista serio la valoración estética es fundamental, ya que la música no se limita a ser un índice de la identidad étnica o de clase, sino que los mismos procesos de producción de la identidad se realizan en el acto de la distinción estética. Frith desbarata los preconceptos que trazarían una división valorativa tajante entre la música clásica que propone una apreciación trascendente basada en una "estética intelectual", frente a la música popular, que propiciaría una "respuesta corporal sensorial". En su análisis, los procesos de valoración de ambas tradiciones seguirían parámetros idénticos: la credibilidad, la coherencia (referida tanto a una moral del compositor como a una integridad formal), la familiaridad (referida a la tradición y la novedad), la utilidad y la espiritualidad.
La riqueza del libro de Frith reside en que su enfoque no se detiene en posiciones clásicas de la sociología de la cultura, como el concepto de "capital cultural" de Pierre Bordieu, según el cual estas diferencias de juicio estético se reducirían a una pura afirmación del estatus de clase. Su análisis social del valor musical siempre vuelve a una interpretación de los problemas formales de la música: "La diferencia se encuentra en los objetos en cuestión (lo que nos resulta culturalmente interesante se encuentra socialmente estructurado), en los discursos en que los juicios son formulados y en las circunstancias en que son realizados". El valor se construye diferencialmente por modos específicos de composición, ejecución, producción circulación y consumo, que Frith agrupa en tres tradiciones: la música artística, la música folk y la música masiva. A partir de esas tradiciones Ritos de la interpretación realiza un recorrido pormenorizado por los diferentes aspectos que contribuyen al sentido de la música: los modos de aprendizaje y valoración de músicos y compositores, los modos de selección y definición ideológica de los productores, las expectativas y decepciones de los oyentes, los marcos de inteligibilidad y creatividad que definen los géneros, el "diseño" de la espontaneidad, los mitos que rodean a la música negra como "primitiva" o "sexual", la canción como texto que permite la "persuasión expresiva" del cantante, la voz como instrumento musical y creación de un personaje, la performance como práctica en la que el músico señala su propio desempeño, la música como trabajo experimental con la percepción del tiempo. Un capítulo aparte se dedica a la influencia de la tecnología de grabación en la música, donde la capacidad de edición, montaje y producción sonora modificó sobre todo los modos de concepción de la música clásica, otorgando un modelo de "ejecución ideal" que independizaría la música escrita en la partitura de la interpretación en un concierto.
"Nadie que escucha algo necesita que le digan si es bueno o malo: lo sabe ni bien lo escucha." Esta intuición de Frith conduce sus hipótesis más fuertes y sus conclusiones más relevantes. Aunque la inteligibilidad, el sentido y el valor de una creación musical se construyen social y culturalmente, la primera apreciación estética siempre es sensorial y física, tanto en la música clásica como en la popular. La descripción que realiza la crítica sobre lo que es relevante oír es un esfuerzo por dar sentido y valor a esa experiencia emocional que permanece más allá del sentido. La música hace del sonido una forma inteligible pero a la vez, por su intensidad sensible, trasciende el contexto social que la produjo y permite al que la escucha apropiarse de su sentido, transformarlo y transformarse en ese proceso: "Una identidad es siempre un ideal, aquello que nos gustaría ser, no lo que se es. Al gozar de la música negra, gay o hecha por mujeres, no me identifico como negro, gay o mujer, sino que más bien participo de formas imaginarias de democracia y deseo, formas imaginarias de lo social y lo sexual". La propuesta de "estética popular" de Ritos de la interpretación define así su dimensión utópica: la música como una experiencia capaz de crear una "ficción de comunidad", donde las diferencias pueden ser trascendidas en la medida en que encuentran los sonidos que las expresan.
Ritos de la interpretación Simon Frith
Paidós
496 páginas
$ 299

