
Tres maestros italianos
Rica imaginería, factura impecable y ritmos nerviosos en la galería VYP.
1 minuto de lectura'
POR un convenio especial con Italarte de Roma, la galería VYP (Arroyo 959) expondrá, en forma sucesiva, obras de tres artistas italianos, durante agosto y septiembre.
La primera de estas muestras es de Franco Fortunato. Este artista, nacido en 1946 en Roma, donde vive y trabaja, es autor de trabajos de gran aliento (como los murales de Cervara, de Roma) y de obras sacras (como las de la iglesia de Santa Maria Maggiore, en Caramanico Terme). Fortunato trabaja en series, La ciudad del vagabundo, que expone en estos días en Buenos Aires, forma parte de una de las más recientes.
Creo que todo artista de importancia se para sobre los hombros de algún gigante. Fortunato optó, a mi entender, por lo menos por dos grandes maestros: Brueghel, el Viejo, y René Magritte. De ambos heredó la eximia factura plástica, aspecto en que se aproxima más al primero que al segundo.
En las imágenes de Fortunato aparece esa pincelada tersa de los flamencos (que no en vano fueron los inventores de la pintura al óleo). Brueghel y Magritte crearon, más allá del tiempo, imágenes en las que la fantasía exaltada es también capaz de una honda lucidez. También Fortunato participa de ese universo de refinamiento pictórico que, además, maravilla por la rica imaginería.
Marino Haupt
Marino Haupt, nacido en Helsinki en 1942, es primordialmente escultor. Dejó Finlandia a los 14 años y después de un periplo por varios países europeos, eligió Roma como lugar de residencia y de trabajo.
Haupt es, además, un notable dibujante que emplea técnicas mixtas, en algunos casos con importantes toques de color, para plasmar sus imágenes, primordialmente femeninas. En ellas, se hace referencia a mitos antiguos como los de Europa y el toro, o Leda y el cisne.
Lo que más impresiona de Haupt es la nerviosidad del trazo con el que imprime a sus imágenes un movimiento que parece de ballet. Por momentos, esos trazos alcanzan un ritmo paroxístico. Haupt no puede ocultar la suprema elegancia de su espíritu, una cualidad casi musical. Se diría que el artista ha bebido en las fuentes de los grandes músicos y buscado traducir las creaciones de aquéllos de un modo plástico. Su actitud estética sería, pues, la de un gran romántico.
Alberto Gallerati
Nacido en 1945 en Piacenza, donde actualmente vive y trabaja, este artista expone sobre todo en Piacenza y en Bologna, y alguna de sus obras encontró destino en el Museo Ricci Oddi.
La pintura de Gallerati no es fácil de ubicar estéticamente. Como Fortunato, explora el mundo de la fantasía. Vemos en sus obras figuras que vuelan, monumentos caprichosos, arquitecturas que nos recuerdan un temprano Renacimiento. Usa colores que se hallan dentro de las gamas pastel, de muy suave pigmentación, lo que acentúa el aire de ingenuidad de las composiciones. Dentro del mundo de Gallerati, todo es armónico y coherente. Incluso lo que podría parecer caricaturesco deviene normal dentro de su personal mitología. Me atrevo a pensar, por momentos, que el universo de Gallerati tiene algo del medioevo, un período en el que ilusión y realidad se confundían.
1
2Los padres terribles: historias reales sobre vínculos rotos
3A 75 años de “La Colmena”: censurado por inmoral y pornográfico, se filtró “gota a gota” y consagró al polémico Nobel Camilo José Cela
- 4
La mayor antología en español de Ray Bradbury: cohetes rutilantes, marcianos melancólicos y relatos estremecedores

