
Un poeta políticamente incorrecto
En esta entrevista, el escritor británico Benjamin Zephaniah, que visita Buenos Aires por tercera vez, invitado por el British Council, habla de su manera poética de luchar contra todo tipo de discriminación. Además, se refiere a la función de la poesía en una época de crisis como la que se vive en todo el mundo y, particularmente, en la Argentina
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Benjamin Zephaniah no es precisamente el arquetipo de poeta que uno suele imaginar. Al recitar sus versos, con un ritmo que se funde entre el reggae y el rap , y al dramatizarlos con todo tipo de gestos corporales, las trenzas negras o dreadlocks se dispersan como largos dedos gruesos por la espalda, de un lado a otro, casi hasta la cintura.
"La poesía es música, el cuerpo mismo lo siente", dice este artista de origen inglés, que vivió gran parte de su infancia en las pacíficas tierras de Bob Marley. Y fue acaso la influencia de la música y de la estética jamaiquina lo que ocasionó el comentario actual, casi unánime, de la crítica internacional: a Zephaniah vale la pena leerlo, pero mucho más verlo y escucharlo. Lo mismo opinan sus seguidores; Nelson Mandela, uno de ellos, lo invitó personalmente en varias oportunidades a Sudáfrica.
Nacido en Birmingham, Inglaterra, en 1958, Zephaniah pasó gran parte de su infancia en Jamaica, de donde son oriundos sus padres. Ha escrito varios libros de poesía, novelas y guiones para televisión; grabó discos con sus poemas y participó en numerosos programas radiales y televisivos. Además, publica regularmente artículos en The Guardian y The Observer . Muy respetado dentro y fuera de su país, actualmente dedica gran parte de su tiempo a visitar escuelas, prisiones y universidades.
"Siempre pensé que los poetas eran aburridos, hasta que me convertí en uno", ironiza Zephaniah, en la apertura de uno de sus primeros libros publicados, Talking Turkeys . "El humor -reflexiona- nos permite transformar en comedia la peor de las tragedias, y pintar una verdad sin anestesia."
Con respecto a las expresiones "políticamente correctas", Zephaniah pregunta abiertamente en sus textos: ¿son correctas desde el punto de vista de quién? Por ejemplo, en el poema White comedy , se vale de un recurso tan simple como infalible para demostrar la fuerte connotación peyorativa a la que suele estar asociada la palabra "negro". ¿Cómo lo logra? Escribiendo "blanco" cada vez que debería decir "negro". Así, al bajo mundo de ovejas, magias o listas "negras", lo recrea en una versión inmaculada de ovejas, magias o listas "blancas". Y remata tales estrofas "en negativo" con un latigazo letal de causticidad: "No se preocupen, me voy a comunicar con la Casa Negra ( Don´t worry, I shall be writing to the Black House )".
El racismo y la discriminación son dos de los principales temas en muchos de sus poemas y en las novelas Face (1999) y Refugee Boy (2001).
En su tercera visita a la Argentina, convocado por The British Council para participar en una exposición sobre literatura inglesa contemporánea, Zephaniah dialogó con LA NACION.
- ¿Qué siente cada vez que viene a la Argentina?
-Depende. En mi primera visita, que fue al poco tiempo de la guerra de las Malvinas, desperté bastante interés porque en ese entonces no muchos ingleses venían aquí, y la mayoría de las conversaciones giraron en torno a las Malvinas. La segunda vez, volví como invitado para participar en la Feria Internacional del Libro 2000. Recuerdo que llovía incesantemente y que, no obstante, todos parecían estar de fiesta. En cambio, esta vez, la gente se ve muy triste, como abatida por la situación política y económica.
- ¿Alguna vez se sintió discriminado en la Argentina?
-Para nada. Siempre me sentí muy bien cuidado. Es más, me sorprendí al descubrir que había unas cuantas bandas de reggae ; hasta grabé dos temas con una de ellas.
- ¿Qué razones lo trajeron por aquí la primera vez?
-Me había dado curiosidad conocer a los argentinos, sobre los cuales tanto habló la prensa inglesa durante la guerra de Malvinas.
- ¿Y con qué se encontró?
-Con gente buena, simple, cuyos intereses básicos, al igual que en casi todo el mundo, se resumen en unos pocos: agua, comida, afectos, música... Lo que ocurre es que las voces que se escuchan afuera suelen ser las de los políticos y las noticias que ellos nos proveen no son más que un reflejo de sus intereses personales, y no de los de su pueblo.
- ¿Cree que éste es un momento propicio para que su poesía se escuche en medio de toda la tristeza que hoy se vive en el país?
-Hace ya varios años, al enterarme de que en el Líbano se estaba librando una guerra, decidí ir allí, al punto más álgido; lo mismo hice, tiempo después, cuando recrudeció el conflicto entre israelíes y palestinos. Y lo que más me asombró en ambos lugares fue que, a pesar de todo, la gente aún quería escuchar poesía. Unas cuantas parejas, que estaban por casarse, llegaron a pedirme que les escribiera algo especial para sus bodas.
- ¿Está diciendo que la necesidad de poesía del ser humano permanece inalterable aun en las circunstancias más hostiles, como en medio de un bombardeo?
-Así es. Yo mismo lo he comprobado. Y debo admitir que cuando recibí la invitación para venir a la Argentina tuve el mismo sentimiento contradictorio que me manifestaron muchos de mis amigos y conocidos: "¿Poesía en la Argentina? ¿No te parece que ahora tienen cosas más importantes en las que pensar?" Y creo que no es así. La poesía sigue siendo una necesidad básica para muchos.
- Si tuviera frente a usted a los futuros poetas argentinos, ¿qué les diría?
-Primero, que siempre sean honestos con ellos mismos y que jamás escriban para satisfacer los gustos de un determinado grupo, aunque se sientan parte de él. Y segundo, que nunca se dejen decepcionar si es poco el dinero que les ofrecen por su obra. En esta sociedad de consumo y globalizada, ya no existe ninguna correlación entre el precio económico y el verdadero valor de las cosas. Y la poesía, por cierto, no ha quedado bien parada en esa nueva lista de precios.
-¿Cuál es su "ganancia" en los viajes que realiza por trabajo a los países más pobres?
-El encuentro, el contacto con la gente; siento que podría hacer lo que hago a cambio de nada, económicamente hablando, claro. Pero todo se compensa de algún modo. En Gran Bretaña realicé varios comerciales para una marca de cerveza y otros tantos para una compañía de teléfonos celulares. Es gracioso, porque yo no bebo alcohol y ni siquiera he tenido un teléfono celular, pero me pagan bien y eso me permite llevar, sin interés de lucro, mi poesía a lugares como India, Sudáfrica o la Argentina.
-¿Cuál es la finalidad, si es que la hay, de jugar con las palabras?
-Cuando escuchamos música, ¿qué hacemos?, ¿caminamos?, °no! Nuestros pies siguen el ritmo y bailamos. La poesía es a la prosa lo que la danza es a la acción de caminar. Claro que podríamos escribir nuestras ideas o sentimientos lisa y llanamente, pero buscamos embellecerlos y, si es posible, traspasar los límites que nos impone el idioma. Por eso me gustan los poemas que parecen simples pero que no lo son y que, cuando los leemos, nos llevan a pensar: "¿Cómo no se me ocurrió?"
-¿Se le viene alguno a la mente?
-Sí, uno muy breve, de tres líneas, y una de ellas de una sola palabra. Dice así: "La mayoría de la gente ignora la mayor parte de la poesía/porque/la mayor parte de la poesía ignora a la mayoría de la gente".
- ¿Y a quiénes cree que ignora la poesía, principalmente?
-A la mayoría de esos hombres de trajes grises que se jactan de su poder; ellos, más que nadie, necesitan urgentemente aunque sea un poco de poesía en sus corazones.
Perfil
Distinciones: Benjamin Zephaniah fue nominado para los premios Poeta Laureado y Profesor de Poesía de la Universidad de Oxford. En 1988, recibió un doctorado con honores de la Universidad de North London.
Obras: City Psalms ; Talking Turkeys , Funky Chickens , Propa Propaganda , Face ; Explicit Vegan Lyrics , Too Black, Too Strong , Refugee Boy , We are Britain !
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