
Un retrato único
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Potrero
Por Gustavo Di Mario
Retina/128 páginas/$ 69
Potrero es, según la explicación corta, un trabajo del fotógrafo Gustavo Di Mario sobre los potreros, los semilleros y las canchas del ascenso del fútbol argentino. El mundo real, dirán algunos; la periferia, dirán otros: y eso puede depender, entre otras cosas, de qué lado de TyC mire uno la pelota rodar. En la explicación prolongada deberá constar que Di Mario (reconocido fotógrafo de modas) hace foco, con sensual inmediatez, en clubes muy pequeños, en jugadores que sueñan con ser profesionales o ya no, en canchas sin pasto, tribunas sin gente y vestuarios sin azulejos. En Potrero hay retratos de jóvenes que acaban de jugar un picado, en cuero, en patas , en Misiones (el brillo de la transpiración centellea a la altura de la garganta), y de otros que, almidonados, esperan salir a la cancha en Temperley; en sus fotos también hay hinchas y utileros, árbitros y dirigentes, masajistas y vendedores ambulantes. Pocos de ellos deben haber salido en la sección "Deportes" de los diarios, y sin embargo la ligazón con el fútbol se ve más clara aquí que en Fútbol de Primera ; se nota en esos brazos en jarra (el chico de la tapa del libro, con su remera de Maradona), en los toallones alrededor de la cintura, en canilleras y vendajes, en radios portátiles, en la inquietud, la insolencia y la sonrisa. De todos modos, Di Mario no anda diciendo que "la verdad del fútbol está acá y no allá"; simplemente registra la empecinada vitalidad del asunto. Y justo ahí Potrero (editado por Retina, el sello de Gustavo Santaolalla) se vuelve hermoso y maldito: no se estanca en el "glamour de lo cotidiano" y su mirada es más intensa que esa antropología chic en boga. Di Mario gana su partido fotografiando a la pelota como (dulce) condena: todos los rostros del libro forman un retrato único, el del fútbol propiamente dicho, bestia cotidiana de mil cabezas.

