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Un viaje al mundo de María Elena Walsh

Una muestra invita a los chicos a encontrarse cara a cara con los célebres personajes de la escritora
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16 de julio de 2004  

CORDOBA.- Palabras que son juguetes; poemas que corren; canciones que saltan y libros que se comen. Un verdadero reino del revés. Así es "María Elena Walsh para todos", la muestra interactiva que por estos días se exhibe en el Museo Barrilete de esta ciudad y que fue diseñada con la intención de recrear el maravilloso universo de la artista y ponerlo al alcance de los chicos. La gracia de la muestra es que los pequeños visitantes pueden tocar, armar, pintar y recrear como quieran la lógica del disparate que caracteriza al mundo de Walsh.

Luego de obtener la autorización de la artista -que además hizo sugerencias importantes para la instalación de la muestra- la directora, Sabina Villagra, decidió avanzar en su sueño de recrear, por primera vez en un museo, la obra infantil de María Elena Walsh.

Algo parecido había hecho en 2003, cuando había promovido la muestra interactiva "La mágica ciudad de Antonio Seguí", que fue trasladada a Buenos Aires en un camión de 14 metros de longitud y que hoy se puede visitar en el Centro Cultural San Martín. Esa primera creación se inspiró en la muestra rosarina "Berni para niños", que llegó al museo en 2002 y que marcó un nuevo camino en materia de alternativas culturales para chicos.

"Pero esta vez la diferencia es muy grande, no sólo por la gran importancia de María Elena como artista, que marcó a varias generaciones, sino porque se trataba de recrear palabras y no edificios, cuadros o esculturas. Por eso tuvimos que trasladarnos hasta el umbral de nuestra niñez y trabajar desde allí", explicó Villagra, al recordar el desafío que significó, un año atrás, el diseño de la muestra.

"El objetivo es que lo lúdico sea la puerta entrada a un mundo nuevo." Y el inmenso legado de Walsh, con sus cuentos, poemas y canciones poblados de personajes tiernos y desenfadados resulta una materia prima ideal para que los chicos ensanchen su mundo y dialoguen con nuevos lenguajes.

En ese sentido, resultó vital el trabajo de los artistas plásticos Jorge Cuello, María Debanne, Gabriela Fernández, Marcela Fernández y Florencia Vueno, que lograron convertir esas palabras en imágenes y objetos igualmente iluminados.

La muestra

Habilitada desde hace un mes y medio, la muestra recibe un promedio de 400 chicos por día. Es necesario recorrerla con un guía y está dividida en dos grandes partes: un módulo biográfico, con detalles de la vida de la autora y la geografía de su obra, y otro más creativo o productivo, que implica la elaboración de un libro artesanal por parte de cada chico.

Por ejemplo, para saber quién es María Elena Walsh es necesario detenerse ante un gran libro, de unos dos metros de altura, en el que aparece una biografía ilustrada. Muchos de los relatos que allí se incluyen fueron extraídos de "El cuento de la autora" (en "Chaucha y Palito"), escrito por la propia Walsh, mientras que las fotos son de Sara Facio, publicadas en el libro "Retrato(s) de una artista libre". Allí se habla, entre otras cosas, de cuando la artista dejó el chupete, del micrófono que ella misma fabricó para cantar, de su relación con Juan Ramón Jiménez y Leda Valladares, y de su primera poesía publicada en el suplemento literario de LA NACION, cuando sólo tenía 15 años.

En el mismo espacio hay una gran línea de tiempo que muestra los personajes incluidos en todos sus libros infantiles, desde "Tutú marambá" (1960), hasta el reciente "Cuanto cuento" (2004). Algunos de ellos, como el Mono Liso o la Reina Batata hasta tienen su propia biografía, inventada por Chiqui González, uno de los autores de la muestra.

Libros juguetes

La mejor estación es Bibliotelandia, donde están los libros juguetes. Cada título de la autora es presentado en un libro caja de madera y guarda una sorpresa y una propuesta de acción. Por ejemplo, la "Canción de tomar el té" incluye un divertido acertijo en el que es necesario responder si la tetera es de lata, de plástico o de porcelana.

"Este sector pone de relieve un aspecto clave: que el libro es el soporte privilegiado para experimentar la lectura y que su materialidad es una dimensión múltiple con la que también se puede jugar", explicó la directora, de la escuela Juan Mantovani.

Cuando ya todos saben que la Mona Jacinta tiene una galera de hojas de higuera y que la Reina Batata se sienta en su trono de plata, comienza un recorrido cuyo resultado final es la producción del cuento propio y que incluye una parada en una original "Máquina de hacer historias".

Por sugerencia de la propia María Elena, al final de la producción, cada pequeño escritor recibe un pago simbólico, que consiste en un billete del Mono Liso. Según consideró la autora, es importante que los chicos adquieran la noción de que escribir es un trabajo y de que para que llegar a la versión final es necesario recorrer un largo camino, que demanda esfuerzo.

Como actividades independientes, funcionan un karaoke con seis de sus canciones; un poema escrito en el piso, que obliga a desplazarse por el espacio para leerlo completo; un juego de mesa, cuyo objetivo final es llegar a Pehuajó, y hasta un reino del revés donde es posible crear teléfonos, sillas, aviones, sombreros o vasos a la medida de cada creador.

Además de conocer la obra de Walsh, los chicos tienen la oportunidad de tener un contacto directo y distinto con el libro como objeto: así, pueden mirar a través de un ejemplar transparente, asomarse al libro profundo, apretar el libro blando, sentarse en el libro cómodo, escuchar canciones en el libro sonoro y hasta comerse un fideo del libro nutritivo.

Declarada de interés cultural por el gobierno de la provincia, y de interés educacional por el gobierno nacional, la muestra estará abierta hasta octubre próximo y durante las vacaciones de invierno puede visitarse todos los días, de 13.30 a 21.

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