
Una apuesta poética que cumple veinte años de existencia
Diario de poesía festeja sus logros
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ROSARIO.- Con el eslogan de "¡Basta ya de prosa!", Diario de poesía irrumpió en los kioscos en el invierno de 1986, con el sueño de acercar la labor de los poetas al gran público.
"En aquel momento, teníamos apenas una intuición; ahora sabemos que nuestra idea era posible, créase o no", dijo a LA NACION Daniel Samoilovich, mientras recorría la muestra retrospectiva que se inauguró en el Centro Cultural Parque de España, de esta ciudad, para celebrar los veinte años de vida del medio que dirige.
Desde su primer número, que presentaba una entrevista a Allen Ginsberg y un cuidado dossier sobre Juan L. Ortiz -agotó una tirada de cinco mil ejemplares-, Diario de poesía se propuso dar cuenta de la actividad poética respetando las reglas del periodismo cultural, pero sin eludir la complejidad que tiene de por sí el debate académico. Así surgió una publicación en formato tabloide, trimestral, con un diseño gráfico de periódico y contenidos de revista literaria.
"La idea era ir al kiosco a buscar los límites de circulación de la poesía contemporánea, que de por sí es un artefacto bastante complejo", relató Samoilovich, quien delineó el primer boceto junto al artista plástico Juan Pablo Renzi, fallecido en 1992.
"El primer impulso fue colocar la propia actividad en un ámbito optimista, porque excepto el director de arte, que siempre ha sido un pintor, los demás somos todos poetas -agregó Samoilovich-. Queríamos compartir gustos, escuchar y publicar a otros; conectar lo que leíamos con otros lectores".
Entre los numerosos escritores que integraron, en diferentes etapas, la redacción de Diario de poesía - que siempre se hizo entre Rosario y Buenos Aires- se cuentan Martín Prieto, Daniel García Helder, Jorge Fondebrider, Ricardo Ibarlucía, Diana Bellessi, Elvio Gandolfo y Mirta Rosenberg. Entre los plásticos, Eduardo Stupia.
Uno de los objetivos que Samoilovich considera cumplidos es haber promovido la polémica desde una perspectiva amplia. "Nos propusimos demostrar que se podían debatir cuestiones de poética sin que esto implicara tachar a tal o a cual; que se podía encarar un debate sin que fuera necesario desplegar una maquinaria de guerra", contó.
"Si contribuimos en algo, fue en ampliar el panorama de lecturas hacia América latina, donde los libros circulan muy mal -continuó-. Para entrar en contacto con la poesía que se hace en Chile o en Uruguay, hay que hacer una pesquisa o te las tiene que traer un amigo, porque las editoras pequeñas no trascienden las fronteras y las multinacionales no están interesadas en conectar esos mercados."
Para el director, el balance de estos primeros veinte años de vida es altamente positivo. "Quizá por eso, porque somos poetas los que hacemos Diario de poesía, lo que en un principio era un sueño nada más hoy se convirtió en una pequeña comunidad de unos diez mil lectores, que se renuevan, que no necesariamente están de acuerdo con lo que publicamos, pero que nos siguen -comentó-. Y eso es un motivo de orgullo y también una buena excusa para una celebración."


