Una ausencia que ocupa mucho espacio

La escritora, fallecida la semana última, innovó en el campo de la literatura dedicada a niños y jóvenes, explorando nuevos temas y géneros, desde los versicuentos hasta los relatos de terror
Susana G. Artal
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31 de mayo de 2013  

"A lo largo de seis meses no pude escribir. Superado ese lapso, compuse la nouvelle titulada El último mago o Bilembambudín [...] y a partir de ahí continué con la escritura contra viento y marea." Así recordaba Elsa Bornemann, en el fascículo Un golpe a los libros (1976-1983), el impacto que tuvo en su escritura el decreto del 13 de octubre de 1977, mediante el cual la dictadura militar prohibía su libro Un elefante ocupa mucho espacio , acusado de agraviar nada menos que "a la moral, a la Iglesia, a la familia, al ser humano y a la sociedad que éste compone". Evocaba el impacto pero también el modo como enfrentó ese brusco viraje por el que un motivo de orgullo y alegría (un año antes, el libro había sido incluido en la Lista de Honor del IBBY, International Board of Books for Young People) se mudó en causa de dolor y miedo. ("Como decían que los milicos venían entre las 2 y las 5 de la mañana, casi no dormía. Ahora cualquier ruido me despierta", confesó años después a Leila Guerriero, que la entrevistó para LA NACION Revista).

Escribir contra viento y marea había sido casi desde siempre el abracadabra, la fórmula mágica a la que la pequeña Elsa recurrió, por ejemplo, para prometerle a su padre, preocupado por la falta de descendencia masculina, la supervivencia del apellido a pura letra de molde. Y una magia que sin duda aprendió a manejar desde muy joven porque ¿cómo explicar si no que con apenas 16 años lograra que una editorial aceptara publicar su primer libro, los versicuentos de Tinke-Tinke; que Blackie, conductora de enorme influencia en esos años, lo elogiara por radio; que rápidamente se agotara la primera edición y le pidieran más; y que ella tuviera ya listo El espejo distraído, que ganó la Faja de Honor de la SADE, con la cual inauguró una lista de distinciones que no dejaría de crecer

Ambos títulos, que desde entonces no han dejado de reeditarse, fueron el punto de partida de una prolífica carrera enteramente dedicada a esa literatura pensada para niños y jóvenes [ver recuadro], que suele recibir la poco feliz denominación de "infantil", un territorio de las letras que en nuestro país venía recibiendo, desde la década del 60, el poderoso impulso renovador que le aportó la creatividad de María Elena Walsh. Y en rasgos como la manera de entretejer el humor y el absurdo; en el aprecio por las rimas, los juegos de palabras y el disparate; en el modo libre de acartonamiento y hasta con frecuencia cómplice con que sus narradores se dirigen a los pequeños lectores, o en la particular mirada hacia los animales que protagonizan tantos cuentos, poemas y canciones, es fácil encontrar puntos de contacto entre la obra de Bornemann y la de la creadora del valiente Mono Liso.

Pero Elsa Bornemann logró además imprimir desde el principio en todo lo que escribía su sello personal. Convencida de que uno de los cambios positivos que se habían producido en la literatura para niños era poder "hablar sobre todos los temas", ella se animó a incluir en sus libros cuestiones poco frecuentes hasta entonces. No sólo supo prestar atención a los que llamó "los amores-niños", como muestran El libro de los chicos enamorados o Amorcitos sub-14 , que le ganaron cantidades de pequeños corresponsales que le confiaban secretos, la consultaban e incluso, años más tarde, la invitaban a sus bodas. También pensó que sus obras no podían ni debían obviar aspectos más duros pero no por eso menos verdaderos de la realidad.

"En la vida uno no puede impedir que sea una criatura la que sufre. Pienso que, incorporada en la literatura, pueden leer su problemática como si fuera un cuento", explicaba ella, que exactamente con ese tono de "Había una vez" narró, en diversas entrevistas, su propia historia (el encuentro de su padre, Wilhelm, relojero y campanero alemán, con su madre, hija de portugueses y españoles llamada –y no es cuento– Blancanieves), sin omitir dolores (como la "quemazón" que en 1997 la condenó a 14 operaciones y tres años de recuperación, el suicidio de su padre o los embarazos que perdió).

Por supuesto, cuando los destinatarios son los niños, esa apertura exige un gran cuidado que Bornemann, maestra normal y profesora en Letras egresada de la UBA, no ignoraba: "Hay que tener objetivos claros y lograr que la historia no dañe o paralice al chico. Mi interés es que piensen, que expresen sus propias vivencias y emitan sus opiniones. En ese sentido, una de mis estrategias es el trabajo con los finales abiertos", respondía cuando se le preguntaba cómo manejar temas como la enfermedad o la muerte con lectores de pocos años. Por eso, sus cuentos, que escapan a la hollywoodense obligación de tener siempre final feliz, no eluden que en la infancia también se viven situaciones que generan tristezas, dolores y miedos.

Este último ingrediente fue la clave de algunos de sus libros más exitosos: los que reúnen cuentos de terror, como ¡Socorro! y Socorro Diez (Libro pesadillesco) . Al publicarse el segundo, entrevistada por Nora Sormani, Bornemann explicó su manera de trabajar con el género: "En mis cuentos no hay ni efectos especiales ni golpes bajos ni sangre que chorrea... Trabajo con el miedo subterráneo, que explota la ambigüedad y el vuelo de la imaginación".

Entre sus propios miedos subterráneos, no figuraba el miedo a la vejez: "Pienso que no voy a llegar a vieja –confiaba a LA NACION Revista en septiembre de 2000–. Me fallaron los griegos que decían que al que los dioses aman muere joven, entonces yo pensaba que me iba a morir muy jovencita. Va pasando el tiempo y digo: Entonces los dioses no me aman".

Lamentablemente, el pasado 24 de mayo esos dioses se cansaron de esperar.

Algunos premios

1972 - Faja de Honor de la SADE por El espejo distraído

1976 - Un elefante... incluido en la Lista de Honor de IBBY

1988 - Bilembambudín seleccionado en la lista de White Ravens

1994 - Konex de Platino para Literatura Juvenil

1995 - Medalla Alicia Moreau de Justo

2004 - Konex de Platino para Literatura Infantil

Algunos títulos

Tinke-Tinke; El espejo distraído; El último mago o Bilembambudín, El libro de los chicos enamorados; La edad del pavo; Mil grullas; Lobo Rojo y Caperucita Feroz; Amorcitos sub-14; Treinta y cuatro lauchitas; Cuadernos de un delfín; Nada de tucanes; El niño envuelto; Sol de noche; Disparatario; ¡Socorro!; Una trenza tan larga; Socorro Diez; A la luna en punto; Corazonadas; No hagan olas; Queridos monstruos; Los desmaravilladores; Los grendelines; Cuentos a salto de canguro; Sol de noche; Lisa de los Paraguas.

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