
Una compleja vida emocional
Por Carolina Menéndez Trucco
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<b> El consumo de la utopía romántica <br></br> Por Eva Illouz <br></br></b>
En el siglo XVII, La Rochefoucauld afirmaba en una de sus máximas: "Hay personas que jamás se habrían enamorado si no hubieran oído hablar del amor". Menos taxativo, pero igual de contundente, Alasdair MacIntyre, entrado el siglo XX, concluye: "Aprendemos, odiamos y amamos bajo formas narrativas". En El consumo de la utopía romántica, la socióloga Eva Illouz (Marruecos, 1961) se pregunta si estamos limitados a repetir el lenguaje del amor prescripto por la cultura.
Doctora en comunicación y crítica cultural, Illouz ha dedicado especial atención a la historia de la vida emocional. A partir de la idea de que ésta constituye un campo colectivo (y por lo tanto se nutre de la esfera social y del marco económico), analiza cómo se ensambla el amor con el capitalismo tardío y sus relaciones de clase. Al igual que en otro de sus libros, Intimidades congeladas, la autora comienza por explicar cómo dicho sistema económico se fue apropiando desde principios del siglo XX de los afectos "al punto de transformar las emociones en mercancías" y convertir el consumo en el motor de los encuentros amorosos. Hilvana el repertorio de íconos, historias y símbolos que ofrece la cultura actual mientras investiga por qué algunos estereotipos amorosos se encuentran más disponibles que otros. Además del análisis de materiales escritos e imágenes extraídas de los medios de comunicación masiva, Illouz realizó una serie de entrevistas a ciudadanos de distinto género y clase social. Este abordaje nutre la teoría y le aporta solidez a la argumentación general del libro.
Tras el interrogante acerca de la autenticidad del amor, surgen otras preguntas ligadas al contexto: "¿Por qué prevalece más la imagen de una pareja caminando de la mano por la playa que la de un hombre y una mujer mirando televisión tranquilos?" O ¿por qué se asocia el "amor real" con la estabilidad y la monotonía de lo cotidiano, mientras que la pasión se confina al romance pasajero, tan intenso y sublime como fugaz? Así, Illouz se zambulle en los estereotipos posmodernos, a la vez que denuncia el papel de los medios de comunicación en su configuración y el carácter contradictorio que han absorbido de la lógica capitalista: "Las prácticas amorosas se alimentan al mismo tiempo de dos lenguajes culturales tan generalizados como opuestos: el del hedonismo y el de la disciplina laboral".
Una de las conclusiones es que el yo romántico posmoderno está conformado por "un collage de identidades narrativas en conflicto". Luego de leer El consumo de la utopía romántica, queda claro que el terreno amoroso es uno de los más reacios a la coherencia.
© LA NACION
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