
Una cuestión de fe
UN SUEÑO REALIZADO Por César Aira-(Alfaguara)-157 páginas-($15)
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Quien abre un libro de Aira por primera vez queda desconcertado; quien lo frecuenta se habitúa a esperar la instalación de un régimen de causalidad personal, donde cierto registro de lo cotidiano queda continuamente vulnerado por milagros contados sin énfasis. Lo que está en juego con cada texto es saber si ese mundo, siempre dominado por la proliferación de teorías y la acumulación de absurdos, alcanzará a cerrar su horizonte, a imponerse en la imaginación del lector, no con la autonomía que da la lógica, sino con la que proviene de la convicción. Porque la escritura de Aira es como un murmullo que encuentra su destino en la brusca aparición de un instante de belleza: un microrrelato, una idea extravagante y luminosa, una expresión en clave de su poética. Mientras Aira trabaja en una escritura que aspira al continuo y -según sus propias palabras- a la prescindencia de toda corrección, el lector se ve tentado a cortar, a interrumpir, a citar.
En las primeras páginas de Un sueño realizado , su última novela, el relato continuamente zumbón de Aira se presenta socavado por una verdadera desazón, como si se filtrara en el humor una especie de pánico ante el propio vacío. Esa especie de escepticismo radical sobre toda forma de representación alcanza aquí su límite; y si en otros libros la desconfianza se convertía en velocidad y despreocupación, aquí aparece como vértigo y angustia.
El protagonista de esta novela se propone contar, con infinita desconfianza, su borrosa historia. "Los años y las décadas se me confunden, todos iguales, áridos, mortecinos. Desde mi rutina de conformista asegurada con mil cerrojos me resulta increíble que alguna vez hayan entrado a mi encierro las mareas salvajes de la realidad". El libro se mantiene fiel a una especie de desquiciado relato del "mundo del delito", que el narrador se propone contar "con realismo", propósito cuyo fracaso despierta continuas reflexiones. La novela nace no de la facilidad de narrar, sino de su imposibilidad.
Hay en Aira dos tendencias fundamentales: los libros que parodian el realismo (como Un sueño realizado ) y aquellos que se alejan de él. La parodia del realismo obliga a un distanciamiento; pero a la vez la parodia está marcada por aquello que es parodiado. De una manera o de otra, trae al presente aquello de lo que se burla. Dentro del modo de trabajo de Aira, la parodia del realismo es lo más cercano al realismo. En el otro extremo están sus acercamientos a lo fantástico, que, aunque irónicos, establecen la intensa relación con lo simbólico que tiene siempre lo fantástico.
A menudo se ha exaltado la obra de Aira con teorías que parecen sacadas de los mismos libros de Aira, como si fuera imprescindible hablar del autor con su propia voz. Pero en él las teorías son instrumentos de la ficción. Un escritor debe ser arrancado de su hábitat y llevado, por así decirlo, a la intemperie, para que podamos leerlo con propiedad. La lectura de Aira como autor de imaginación, con su proliferación de inventos, de genios, de prodigios, de fábulas, de fantasmas, es todavía una tarea pendiente. Aun en la trama más irónica y descreída, en el texto que renuncia a toda relación tradicional con el lector, la literatura sigue exigiendo la fe en aquello que se narra. Todo puede escribirse en bastardilla, para señalar el sentido figurado; pero no todo puede ser leído en bastardilla. Por eso el lector al que la obra de Aira secretamente aspira no es aquel que exalta el escepticismo y todo alejamiento de las formas tradicionales de la literatura; sino, quizás, el lector capaz de creer en aquello que el escritor no puede creer, y así restablecer la fe perdida.
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