Una ética hedonista
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ESTE joven filósofo de 40 años es uno de los espíritus más brillantes de su generación. Profesor de filosofía en Caen, es autor de quince libros, muchos de ellos ya traducidos a ocho idiomas. Llegó a Buenos Aires invitado por la Feria del Libro.
Michel Onfray suele ocuparse en sus obras de los temas más variados. Los títulos dan una idea de la amplitud de sus intereses: Le ventre des philosophes , Philosophie du goût , Politique du rebelle , L´archipel des cométes , Une éthique esthétique du goût ...
-Por la diversidad de los temas que usted trata me hace acordar de Michel Serres.
-Tiene razón. Fíjese que apenas recibí mi primera obra publicada se la mandé por correo a Michel Serres, pues me gustaba mucho su libro Los cinco sentidos . Serres expresa su pensamiento en una hermosa lengua francesa, nada oscura. Me gusta también Roland Barthes por su manera muy libre de pensar.
-¿Se podría decir que usted es un hedonista?
-Sí, pero creo que hay que definir ese término porque al respecto existe un malentendido. Generalmente se considera hedonista al que se interesa por pequeños placeres, breves, triviales, físicos, como los que deparan la posesión, el consumo. Yo intento vivir el hedonismo de una forma muy variada, a través del placer que ofrecen la música, la literatura, la pintura, la gastronomía, la moral; en una palabra, todo lo que me interesa. Pretendo que cada uno de mis libros contribuya a la fabricación de un mundo, de un edificio, diría, hedonista. Por otra parte, conviene recordar que el objetivo de los hedonistas es sufrir y hacer sufrir al otro lo menos posible. En una palabra, hacer al otro lo que a uno le gustaría que le hicieran.
-Usted rechaza todo mandamiento, sobre todo los de la religión católica, que considera coercitivos. Le recordaré que sin embargo uno de esos mandamientos de tradición católica dice: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".
-Es cierto, pero en la religión católica ese mandamiento de amor pasa a través de Dios.
-De acuerdo, pero el hombre necesita preceptos que guíen su conducta. ¿Cómo, si no, puede funcionar la sociedad?
-No me corresponde establecer de qué modo se debe organizar la sociedad. Mi trabajo como filósofo consiste en fabricar, en crear la libertad.
-Usted pone por encima de todo la libertad y rechaza toda coacción, hasta el punto de que no quiere tener hijos porque, según usted, ese deseo "responde a pulsiones codificadas por lo social". Además, usted, fiel a su pensamiento, no quiere imponer reglas a sus hijos.
-Esa actitud puede parecer algo paradójica, pero en realidad yo quiero demasiado a los chicos para imponerles reglas.
-¿Y si la mujer que ama quisiera ser madre?
-Se planteó ese tema con la mujer que es mi pareja. Le expliqué mis razones. Las discutimos. Nos hicimos mutuas concesiones y llegamos a un acuerdo. Hace veintidós años que vivo con la misma mujer y somos muy felices. Uno fabrica una pareja que funciona mediante concesiones.
-Si su padre hubiese pensado lo mismo, usted no habría nacido.
-Por supuesto que no. Pero no me veo en el papel de un educador. Porque amo a los niños no me siento capaz de imponerles algo.
-¿Qué entiende usted por moral?
-La moral es el arte de ordenar las relaciones entre los hombres de manera que los más fuertes, los más violentos, los más numerosos, los más astutos, no puedan imponerles sus leyes, sus caprichos a los más débiles, a los más pacíficos, a los menos numerosos. La moral es el arte de llevarse bien con los otros y de crear los códigos para ello. La prioridad consiste en enseñar a cada uno que existe, no para el prójimo o sin él o a pesar de él, sino en relación con él. Se trata de mejorar mediante la cultura las tendencias egoístas naturales o instintivas.
-¿Qué le parece la idea del señor Allegre, ex ministro de Educación, que quería incluir clases de ética en los programas de colegio?
-No estoy de acuerdo. No me parece una manera adecuada de enseñar la ética. Habría que hacerlo de una manera distinta. Ante todo hay que movilizar a los padres. Yo creo más bien en el ejemplo. Los gobiernos, casi siempre corruptos, no pueden dar clases de moral. Entiendo que los jóvenes digan: "No tengo por qué recibir lecciones de moral de gente que no la practica".
-¿Cómo aplica la estética a la ética en su libro Una ética estética ?
-Durante mucho tiempo la moral se apoyó sobre la religión, sobre Dios. La referencia de la moral era la teología. A partir del fines del siglo XVIII y en el XIX la referencia fue la razón. Yo pienso que se puede apoyar la moral sobre la estética, pero no a la manera de Kant, que la relaciona con la belleza. La gran revolución de la estética en el siglo XX fue realizada por Marcel Duchamp. Según Duchamp,todos los soportes son posibles para un acto artístico. La audacia consiste en proponer que la existencia sea un soporte estético cuando se trata de crear una obra de arte. La existencia de la que cada uno dispone puede generar una obra de arte. Nietzsche ya decía: "Sé el dueño y la escultura de ti mismo". Duchamp trató de abrir las ventanas del mundo artístico, de cambiar el aire y despedirse de las viejas costumbres. La diversidad de los materiales que hoy se utilizan en las obras de arte ha modificado la relación con el objeto que se exhibe como obra. Hoy, a muchas de esas nuevas formas artísticas que recurren a distintos materiales, objetos, elementos, se los llama "instalaciones". Esas instalaciones muestran que de la existencia singular de un ser, de un objeto cotidiano, o de la combinación de varios de ellos, puede surgir un hecho artístico. Esos hechos son más inquietantes y más estimulantes que la práctica adocenada del academicismo. Por cierto, se corre el riesgo de perderse en esa búsqueda en la que todo es posible, en la que todo está permitido. Es imposible evitar la confusión de los registros, las alianzas del cinismo filosófico con el cinismo vulgar. Esas prácticas estéticas son agradables para el espíritu y estimulan la reflexión. Y, a pesar del deseo de la mayoría de esos artistas (que no quieren que se hable de belleza ante sus creaciones), hay obras que producen efectos placenteros en la retina. Y todos esos hechos tienen que ver con una ética, con una conducta. Por esa vía, la estética se vincula con la moral.
-¿Por qué los filósofos no escriben poesía?
-Son dos aspectos de acceso al mundo totalmente distintos. Del lado de la poesía están la inspiración, los sentimientos;del lado de la filosofía, hay una abstención del filósofo frente a las emociones. En efecto, muy pocos filósofos escribieron poemas. Algunos, comoSartre, practicaron todos los géneros (novela, teatro, guiones cinematográficos, ensayos), pero no la poesía. Yo no he escrito ningún poema. Es una satisfacción, una forma del hedonismo de la que aún no he gozado.





