
Una muestra de juguetes antiguos
Una exposición para chicos y grandes
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Juguetes antiguos, pero no demasiado, casi todos del siglo pasado y alguno del siglo XIX, están expuestos desde anoche en el Museo Mitre -San Martín 336-, en una muestra que podrá visitarse hasta el 31 de agosto.
Muñecas, trencitos, juegos de té, soldaditos de hace bastantes décadas pueden verse junto a una gran grúa para armar -fabricada en Liverpool por Meccano Ltd. con el lema "Las maravillas mecánicas del mundo en su casa"- o a un mazo de cartas del siglo XIX con las caras de Mitre y de Roca.
"Son años de búsqueda", confiesa Ricardo Masini, que, junto a un autito de plástico amarillo de cuando era chico, expone juguetes más antiguos que fue adquiriendo ya de grande, con paciencia y sacrificio, a lo largo de años. Como una locomotora Hornby, inglesa, pero diseñada para la Argentina (tiene la sigla FCO, por el Ferro Carril Oeste) y otra, de marca Märklin, alemana, fabricada para el mercado inglés en los años 30. "Era la preferida de Germán Sopeña", comenta el coleccionista, mencionando al secretario general de Redacción de LA NACION, gran amante de los trenes, fallecido hace tres meses en un accidente de aviación.
Hay también muñecas reunidas por las hermanas Mabel y María Castellano Fotheringham. "Son las muñequitas de la nostalgia -dice María-. Las señoras que vienen acá se acuerdan de su niñez." Están las Marilú, con camas, roperos, vestidos y zapatitos, fabricadas para la Argentina por Kammer y Reinhardt, de Alemania, desde 1932, y que años después hizo aquí otra empresa, hasta 1956. Y las Shirley Temple, de pelo rizado, hechas en EE.UU. entre 1934 y 1939, acompañadas con postales de esos años. Laura Alvarez, de 9 años, de San Telmo, escucha a su mamá, que le explica que esa chica, Shirley, era una actriz famosa.
El doctor Jorge Carlos Mitre, director del museo, agradece al museólogo Fabián González Rojas y a Roxana Di Leva, secretaria de la institución, la preparación de la muestra, que estará abierta de lunes a viernes, de 12 a 18.30, y los domingos, de 14 a 18, con el auspicio de la Asociación de Amigos del Museo.
Los más chicos se muestran interesados por los juguetes, aunque parezcan usados. A Damián Blanco, de seis años, le atrae un avión de madera que cuelga del techo, porque "es grande". Y corrige al redactor: "Es una avioneta". Su primo Gastón, de cinco, simpatiza con el tren: "Parece de verdad".
Con unas cuantas décadas de diferencia, Jorge Newbery, arquitecto e ingeniero radicado en EE. UU., de 81 años, coincide con Damián. Le gusta la avioneta, influido quizá por su tío homónimo, el famoso aviador.
A Nicolás Durán, que dice tener siete años (pero que, según un amigo, tiene seis), le atrae un auto con motor eléctrico, réplica de un Bugatti de 1938. Uriel Ríos, de la misma edad, dice: "Me gustó todo... menos las muñecas".
No es de la misma opinión Fiorella Blanco, de ocho, a quien le gustan los vestidos y zapatos de las Marilú y las Shirley. Ni la de Daiana Spiguelman, de 10, o Noelia Galassi, de ocho, que se muestran encantadas con las camitas y los juegos de té. Alvaro Magadán, de cinco, tiene que ponerse en puntas de pie para alcanzar el borde de la vitrina de los soldaditos.
Eso no es todo. No faltan un barco, ni un velero. Ni una linterna mágica para ver una especie de primitivas diapositivas en colores; la máquina no se encendía con electricidad, sino con un mechero de alcohol.
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